Un encuentro reciente volvió a visibilizar el alcance del Programa de Identidad Biológica, el cual está en marcha desde el 2024.
Cómo funciona el programa para restituir identidades en Mendoza
El reciente encuentro entre Angelina Finochio, de 28 años, y su madre biológica, Mirta, marcó el primer reencuentro del 2026 a través del Programa de Identidad Biológica de la provincia.
El caso volvió a poner en foco una política pública orientada a garantizar el derecho a la identidad y a acompañar búsquedas que, en muchos casos, llevan décadas.
Angelina siempre supo que era hija adoptada y creció en un entorno de contención y afecto. Con el paso del tiempo, decidió iniciar la búsqueda de sus orígenes y recurrió al Programa de Identidad Biológica, un dispositivo estatal que permite canalizar estas investigaciones en un marco legal y con acompañamiento profesional.
El programa fue presentado en 2024 por la Dirección de Derechos Humanos de la provincia y se apoya en la Ley 9182, sancionada en agosto de 2019 por la Legislatura mendocina. La norma creó el Programa Provincial de Búsqueda Universal de Identidad de Origen y Biológica, destinado a asistir a personas que fueron víctimas de sustitución de identidad, sin límite temporal respecto de su fecha de nacimiento.
A diferencia de los organismos nacionales que investigan delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, el programa mendocino aborda casos ocurridos en contextos democráticos. Se trata de situaciones en las que bebés fueron declarados falsamente fallecidos o entregados de manera irregular a otras familias, una problemática que dejó miles de historias inconclusas en todo el país.
Desde su implementación, el Programa a funciona bajo la órbita de la Dirección de Derechos Humanos, dependiente del Ministerio de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial. Cuenta con un equipo interdisciplinario que brinda asesoramiento jurídico, contención emocional y orientación durante todo el proceso de búsqueda, tanto a quienes buscan como a quienes son encontrados.
Durante 2025 se concretaron alrededor de 16 reencuentros y, en lo que va de 2026, el caso de Angelina y Mirta inauguró un nuevo año de búsquedas y restituciones identitarias. En algunos de estos procesos participaron también colectivos de derechos humanos, como Mendoza por la Verdad, que acompañan y visibilizan estas historias.
El alcance del programa no se limita a la identificación genética, sino que propone una reparación integral, reconociendo el impacto emocional y social que implica reconstruir la propia historia. En ese sentido, la política pública apunta a saldar una deuda histórica con personas que crecieron sin conocer su origen biológico.
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