Por el diseño "adictivo" de sus plataformas se reabrió el debate sobre cómo funcionan los algoritmos y qué efectos generan en la vida cotidiana de las personas.
Condena a Google y Meta: ¿por qué nos volvemos adictos al celular?
Mirar una película, caminar o hacer una pausa y, casi automáticamente, revisar el celular. Ese hábito cada vez más frecuente abre un interrogante: ¿las redes sociales están diseñadas para generar dependencia? Un fallo judicial histórico en Estados Unidos puso el tema sobre la mesa.
Se trata del jurado de Los Ángeles que responsabilizó a Meta y a Google por los daños a una joven, al considerar que el diseño de sus plataformas fomentó un uso compulsivo desde sus 6 años. La sentencia fijó una multa inicial de 3 millones de dólares, y podría marcar un precedente en futuros casos.
Durante el juicio, se expuso que las redes impactaron en la autoestima de la joven, sus vínculos y su salud mental. Entre los argumentos se mencionaron herramientas como el scroll infinito, el autoplay y las notificaciones, pensadas para sostener la atención del usuario.
En ese contexto, especialistas advirtieron que las plataformas no son neutrales. La licenciada y Social Media Strategist, Claudia Bermejillo, explicó al Post que las redes "están diseñadas para que la experiencia sea cómoda, atractiva y lo más prolongada posible", a partir de una arquitectura que busca retener al usuario. En esa línea, señaló que los algoritmos priorizan contenidos breves, dinámicos y con un "gancho" inicial, lo que favorece consumos rápidos y continuos.
Según detalló, este tipo de diseño genera estímulos constantes que impactan en el cerebro: se produce una liberación inmediata de dopamina -asociada al placer- que dura poco tiempo, lo que impulsa a seguir consumiendo contenido. "Nuestro cerebro se entrena a recibir estímulos en períodos cortos y quiere permanecer ahí", indicó.
Bermejillo también remarcó que detrás de estas plataformas hay equipos interdisciplinarios que estudian el comportamiento de los usuarios para ajustar las herramientas en tiempo real. En ese esquema, el objetivo central es sostener la permanencia, ya que "el negocio está en la publicidad": los datos y hábitos digitales de las personas se convierten en el insumo que luego se ofrece a anunciantes.
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Entre los mecanismos más utilizados, mencionó el scroll infinito -que evita un punto de cierre en el consumo- y los sistemas de reproducción automática o en loop, que refuerzan la continuidad. A esto se suman las interacciones como "me gusta", comentarios o guardados, que el algoritmo interpreta para ajustar el contenido y reforzar hábitos.
Además, señaló que este funcionamiento se vincula con fenómenos como el FOMO (por sus siglas en ingles Fear of Missing Out: miedo a perderse algo), que incentiva la conexión permanente. Esa dinámica, explicó, genera un "círculo" entre el diseño de la plataforma, la respuesta del cerebro y el impacto en la vida cotidiana.
El vínculo con el uso y sus efectos
Desde otra perspectiva, el licenciado en Psicología Miguel Conocente especialista en consumos problemáticos, quien durante varios años dirigió la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario a las Trayectorias Escolares (DOAITE), y la Dirección de Acompañamiento Escolar (DAE), en diálogo con este medio comentó que las redes no generan dependencia en el mismo sentido que una sustancia, aunque sí producen formas de repetición.
Conocente planteó que se trata de un "placer particular, repetitivo", que no exige esfuerzo y por eso tiende a reiterarse, aunque el grado de compulsión dependerá del vínculo que cada persona establezca con la plataforma.
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En ese sentido, explicó que cuando el uso se vuelve reiterado y desplaza otras realidades, aparecen consecuencias en la vida diaria: desde dificultades en los vínculos hasta impacto en el trabajo, el estudio o la economía. "Se repite un patrón de conducta en relación a un único objeto", señaló.
Además, el especialista indicó que las redes ya modificaron las formas de vincularse. Si bien habilitan nuevas formas de contacto, advirtió que reemplazan encuentros presenciales y limitan experiencias propias del intercambio cara a cara. "El contacto uno a uno es irremplazable", sostuvo.
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