Canciones en fuga: cuando la dictadura silenció voces y expulsó artistas

A medio siglo del golpe, la música argentina también cuenta su historia de exilios, silencios y resistencias. ¿Quiénes tuvieron que irse?

Canciones en fuga: cuando la dictadura silenció voces y expulsó artistas

Por:María Belén Godoy
Periodista

A 50 años del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, que dio inicio al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, la música popular argentina también revela una historia de expulsión y silencio. Perseguidos, censurados o amenazados, decenas de artistas se vieron obligados a exiliarse, en un contexto donde la cultura fue blanco de control, listas negras y vigilancia sistemática.

El éxodo se profundizó entre 1977 y 1978, con prohibiciones, cancelaciones de shows y un clima cada vez más asfixiante para la creación. Un documento de inteligencia de la SIDE incluso enumeró a músicos y compositores con "antecedentes ideológicos desfavorables", consolidando un escenario que empujó a muchos a irse por necesidad.

La Junta Militar que lideró la dictadura cívico-militar, de izquierda a derecha: Emilio Eduardo Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti.

En ese marco, las letras también quedaron bajo la lupa. Canciones con contenido social o político eran censuradas o prohibidas, y la metáfora se volvió una herramienta clave para decir sin decir, en una escena donde cada palabra podía leerse como una amenaza.

Uno de los primeros en partir fue Piero, quien tras el golpe de Estado de 1976 se radicó en España luego de un intento de secuestro. Durante su exilio se alejó de la música y recién regresó al país en 1981.

Unos jóvenes Piero y Narvaja.

Otro fue Roque Narvaja, quien tras la censura de su obra y una serie de intimidaciones decidió exiliarse con su familia en 1977 en España. En su caso, como en tantos otros, el exilio fue una respuesta a un entorno cada vez más restrictivo.

También debió irse Mercedes Sosa, quien fue detenida en 1978 durante un recital en La Plata junto a personas de su público. Tras ese episodio y sucesivas presiones, se exilió en Europa en 1979. Instalándose en París, continuó su carrera, amplió su repertorio y mantuvo su actividad artística hasta su regreso en 1982, cuando volvió a encontrarse con su gente en una serie de conciertos históricos.

El 21 de octubre de 1978 en La Plata, militares ingresaron a un show de La Negra y arrestaron a parte del público, músicos y hasta la cantante.

Por su parte, Gustavo Santaolalla se instaló en Estados Unidos en 1978, tras sufrir detenciones y vigilancia constante. Desde allí desarrolló una carrera como productor y músico, ampliando su influencia a nivel internacional.  

También Litto Nebbia eligió México como destino en 1978. Allí compuso parte de su obra más emblemática, atravesada por la experiencia del desarraigo. Su regreso coincidió con los últimos años de la dictadura y su música fue recibida como símbolo de ese tiempo.

Los que tuvieron que irse antes del '76

El caso de Horacio Guarany refleja la persecución previa al golpe: amenazado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) en 1974, inició un exilio que lo llevó por Venezuela, México y España. Regresó en 1978, pero ya en el país sufrió un atentado con bomba en su casa, lo que evidencia que el hostigamiento no cesó con su vuelta.

La lista negra de las canciones que estaban prohibidas.

Entre quienes partieron incluso antes del golpe se encuentra la  cantautora Nacha Guevara, que en 1974 debió abandonar el país tras recibir amenazas de la Triple A. Vivió en Perú, México y España, y regresó recién en 1983 con la recuperación democrática.

Otro de los referentes del rock fue Moris se radicó en Madrid en 1975, donde influyó en la escena española antes de volver tras el retorno de la democracia. Miguel Cantilo se trasladó primero a Colombia también en 1975 y luego a España en el 1977, donde continuó su carrera. En entrevistas posteriores, recordó que el exilio marcó un quiebre al advertir que en Argentina ya no podía trabajar con libertad.

Horacio Guarany, Nacha Guevara, Moris y Miguel Cantilo.

Los que se quedaron: resistir desde adentro

No todos se fueron. Algunos artistas optaron por quedarse en el país, aunque eso implicara modificar sus formas de expresión para evitar la censura o la persecución.

Entre ellos está María Elena Walsh decidió retirarse de los escenarios en 1978 ante las restricciones impuestas por el régimen. Sin embargo, al año siguiente publicó en Clarín el artículo "Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes", donde denunció con lucidez el autoritarismo y la infantilización de la sociedad.

El artículo de María Elena Walsh publicado en 1979.

En el rock, Charly García encontró en la metáfora una forma de resistencia. Tras una breve estadía en Brasil junto a David Lebón, regresó al país y, al frente de Serú Girán, se convirtió en una voz clave de una generación que leía entre líneas.

León Gieco eligió un camino intermedio: recorrió América Latina en una gira que le permitió mantenerse activo sin romper del todo el vínculo con el país, en una experiencia que transformó su mirada artística. 

Exilios breves y salidas temporales

Otros casos muestran trayectorias más híbridas. Luis Alberto Spinetta pasó un período en Estados Unidos en 1979, en medio de la presión sobre el ambiente cultural. Su estadía fue breve y regresó poco después, en lo que más que un exilio fue un refugio momentáneo.

Todo está guardado en la memoria, y también en las canciones. A medio siglo del golpe, la historia del exilio artístico revela no solo el impacto de la dictadura sobre la cultura, sino también la capacidad de la música para sobrevivir, transformarse y narrar, incluso en los contextos más oscuros, aquello que no podía decirse en voz alta.

Ver: Cómo serán la marcha y las actividades en Mendoza por los 50 años del golpe

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