Los casos se concentraron en los complejos penitenciarios de Ezeiza y Marcos Paz, donde se registró la mayor cantidad de fallecimientos bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal.
El inquietante dato sobre muertes violentas en cárceles federales
Las muertes por quemaduras se convirtieron en la principal causa de muerte traumática en las cárceles federales argentinas durante 2025, según el informe anual elaborado por la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN). El documento registra 48 fallecimientos bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal (SPF) durante el año pasado, una cifra que representa un aumento del 20% respecto de los 40 casos registrados en 2024.
Dentro de ese total, el informe distingue entre muertes traumáticas -vinculadas a hechos violentos o causas externas- y muertes no traumáticas, relacionadas con enfermedades o padecimientos físicos. En 2025 se registraron 14 muertes traumáticas, y en ese grupo las quemaduras encabezaron las causas, con 7 casos, superando a los ahorcamientos (6) y a las lesiones (1).
El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con el año anterior: en 2024 se habían registrado 4 muertes por quemaduras, lo que implica un incremento significativo. El informe advierte que este tipo de episodios suele estar vinculado a situaciones de extrema conflictividad o protestas dentro de los establecimientos penitenciarios, en muchos casos relacionadas con reclamos que no logran canalizarse a tiempo.
Las muertes violentas se concentraron principalmente en los grandes complejos penitenciarios del Área Metropolitana de Buenos Aires. En particular, el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza registró 4 muertes traumáticas, mientras que el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz sumó 3, lo que significa que la mitad de los fallecimientos violentos del año ocurrieron en esas dos unidades.
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En términos generales, el informe señala que 2025 marcó un incremento de fallecimientos en el sistema penitenciario federal, pese a que el crecimiento de la población detenida fue mucho menor. Mientras que la cantidad de personas privadas de libertad aumentó alrededor de 4%, las muertes crecieron cinco veces más en términos porcentuales, lo que llevó a los investigadores a advertir sobre la necesidad de analizar las condiciones de detención y los factores estructurales que inciden en la mortalidad intramuros.
La mayor parte de los fallecimientos registrados durante el año correspondió, sin embargo, a muertes no traumáticas, que sumaron 34 casos, es decir más del 70% del total. Entre ellas predominan enfermedades respiratorias e infecciosas, seguidas por problemas cardiovasculares, fallas sistémicas y enfermedades oncológicas.
El perfil de las personas fallecidas muestra además una marcada desigualdad etaria entre los distintos tipos de muerte. Mientras que quienes murieron por causas traumáticas tenían un promedio de 31 años, las muertes por enfermedades se registraron con una edad promedio cercana a los 52 años, lo que evidencia dinámicas muy diferentes dentro del sistema penitenciario.
El informe también detalla que 43 de las personas fallecidas eran varones, cuatro mujeres y una persona travesti-trans, y que la gran mayoría -46 de los 48 casos- eran de nacionalidad argentina.
Otro dato relevante es que más de dos tercios de las muertes ocurrieron en cárceles ubicadas en el Área Metropolitana de Buenos Aires, particularmente en los grandes complejos penitenciarios de Ezeiza y Marcos Paz, que concentran buena parte de la población detenida del sistema federal.
Según el informe, todas las muertes registradas durante 2025 se encuentran bajo investigación judicial, en distintos juzgados federales del país, con el objetivo de determinar las circunstancias de cada fallecimiento y eventuales responsabilidades.
La serie histórica analizada por PROCUVIN muestra que, tras la caída registrada durante los años de pandemia, las muertes en cárceles federales volvieron a niveles similares a los previos a 2020, con un patrón en el que predominan las causas médicas pero donde también aparecen episodios de violencia extrema, como los casos de quemaduras que marcaron el año pasado.



