El Club Chacras de Coria busca recuperar los sabores caseros en su cantina

El presidente de la institución, Gonzalo Elías, y el gastronómico Horacio Clerici, presentan un espacio que busca rescatar la comida casera y el encuentro entre vecinos que marcó a generaciones.

El Club Chacras de Coria busca recuperar los sabores caseros en su cantina

Por: Tamara Sbardolini

 Las cantinas de los clubes de barrio han sido, históricamente, el living extendido de los vecinos. Ese territorio donde el tintineo de los cubiertos se mezcla con el grito de un gol lejano y el aroma a estofado anuncia que el domingo está en su apogeo. En Mendoza, esa tradición de manteles de hule y sifón de vidrio parecía estar cediendo terreno ante la estética fría de los locales modernos. Sin embargo, en el corazón del Club Atlético Chacras de Coria, la historia ha decidido dar una vuelta de página para volver a sus raíces.

En un contexto donde la inmediatez domina la mesa, Gonzalo Elías, presidente del club, y el experimentado gastronómico Horacio Clerici, se han unido para dar vida a un proyecto que ellos mismos definen como "disruptivo por su sencillez". No se trata de un restaurante de moda, sino de una cantina y rotisería que busca devolverle al vecino el placer de comer "como en casa" y devolverle al club su rol como epicentro de la comunidad.

Es importante destacar que también son socios de la iniciativa, Derly Haarth y Luciano Paéz.

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Una sinergia basada en el oficio gastronómico

Se enfatizó el crecimiento de este nuevo proyecto no es un esfuerzo aislado, sino el resultado de la unión de voluntades con un recorrido compartido en el sector. La participación de los socios es una pieza clave en el engranaje de la propuesta, aportando un capital de experiencia acumulado tras años de labor ininterrumpida en la industria. Este equipo no solo comprende la dinámica del servicio, sino que ha forjado su criterio gestionando espacios diversos, desde restaurantes de alta demanda hasta la administración integral de buffets en distintos puntos de la provincia.

Esa trayectoria previa en el manejo de unidades gastronómicas complejas permite que la actual gestión se nutra de un conocimiento práctico sobre los procesos, la atención al cliente y la calidad del producto. Cada decisión tomada en este nuevo camino refleja el aprendizaje obtenido en los lugares que los socios han liderado anteriormente, consolidando una base sólida que garantiza el respaldo operativo y humano detrás de cada plato.

El regreso a lo auténtico: por qué elegir la "cantina"

Para Horacio Clerici, la elección del nombre es una declaración de principios. Aunque el término "bodegón" ha ganado terreno en la escena porteña, él prefiere la identidad de los clubes de barrio. "Siempre la asociación con el club es la cantina, más que bodegón. El sentido de lo que le vamos a dar es que vos vayas y te comas un plato como el que comías en tu casa cuando eras niño", explica Clerici.

Ese "sentido" se traduce en procesos que la vida moderna ha desterrado de las cocinas familiares por falta de tiempo. El proyecto se aleja de las empanadas o pizzas que salen en tres segundos para abrazar el fuego lento. "Trabajamos con producciones largas; tenemos una salsa nuestra que demora 4 horas en hacerse. Hay comida que demanda dos días previos de preparación, como una carne a la olla, lentejas o porotos", detalla el gastronómico, resaltando que la propuesta busca cuidar lo casero.

Pollo al espiedo y el rescate de los años 80

Uno de los pilares más fuertes de la propuesta es la rotisería, pensada para el vecino que busca calidad para llevar a su mesa. Clerici busca rescatar íconos que hoy parecen piezas de museo. "Queremos marcar esas cosas que se veían mucho en los años 80 y 90. Mi viejo me mandaba en bicicleta a buscar un pollo al espiedo, que ya casi no se hace porque ahora todo es a las brasas", recuerda con nostalgia.

La mística se completa con las guarniciones clásicas de aquellas épocas doradas: "Buscamos la buena ensalada rusa, la cebollita en escabeche, esas cosas que hoy ya no se consiguen tan fácil y por las que antes se hacían filas los domingos". El servicio está pensado de forma integral, con cafetería clásica desde la mañana -"nada de flat white, acá queremos café caliente con leche y pan con manteca"- y rotisería al mediodía y noche.

Para los habitués de la gastronomía de clubes en Mendoza, el nombre de Horacio Clerici no es una novedad. Durante años, su gestión en la cantina del Andes Talleres se convirtió en un faro para los amantes de la cocina tradicional y abundante. Fue allí donde perfeccionó esa fórmula que hoy busca replicar -y mejorar- en Chacras de Coria: el respeto por el producto y el culto a la paciencia en la cocina.

"En Talleres mucha gente decía que el lugar era lindo por lo místico que tenía, pero nosotros nos enfocamos en que la comida estuviera a la altura de esa historia", recuerda Clerici. En aquella etapa, se volvieron célebres sus platos de cuchara y las convocatorias multitudinarias por sus especialidades.

Esa experiencia es la que hoy traslada a Chacras, aunque con un matiz más personal y adaptado al entorno del distrito lujanino. La famosa paella de los domingos y el puchero de los lunes -dos hitos de su paso por Godoy Cruz- ya asoman en el horizonte de esta nueva cantina, como una promesa de continuidad para quienes extrañaban su mano en los fuegos.

El club como extensión del hogar

Para Gonzalo Elías, esta alianza es fundamental para recuperar la esencia social de la entidad. La infraestructura del club, que cuenta con la ventaja estratégica de tener estacionamiento propio -un alivio para el saturado centro del distrito-, se pone al servicio de la comodidad. "Se trata de sentirse como en casa comiendo como en casa. Queremos que la gente se sienta en un espacio familiar, en un club social que no tiene comparación en el medio", señala el presidente.

La propuesta cultural también será protagonista. El espacio contará con una cava privada para reuniones íntimas de hasta 15 personas, pero también abrirá sus puertas al arte local. "Queremos meternos mucho en la música y las exposiciones. La cava va a tener esculturas, cuadros, libros. Queremos ofrecer algo que hoy no existe todo junto en Chacras", explican. Incluso proyectan peñas folclóricas los domingos al mediodía en el patio para aprovechar el sol mendocino.

Identidad de terruño: vino y huerta propia

La mística de la cantina también se bebe. Uno de los puntos más destacados es la intención de crear una carta de vinos con ADN puramente local. "Queremos tener una cavita solamente con vinos hechos en Chacras de Coria. Para que el turista o el vecino que quiera conocer la historia del lugar no tenga que tomarse un vino de Gualtallary, sino algo bien local", afirma Clerici, quien planea trabajar con enólogos de la zona.

Con esta apertura, el Atlético Chacras de Coria no solo inaugura un espacio gastronómico, sino que recupera su alma. Como bien resumen, el objetivo no es inventar nada nuevo, sino honrar lo que ya estaba: "No venimos a hacer algo disruptivo, al contrario, venimos a rescatar la historia de Chacras y sumarnos a ella".

Por otro lado, en paralelo a los nuevos desarrollos y desafíos profesionales, es fundamental reafirmar el compromiso con los espacios que ya forman parte de la identidad gastronómica local. En este sentido, la actividad en la emblemática Cantina Juglar continúa con su dinámica habitual, consolidándose como un punto de encuentro ineludible en el centro mendocino.

Es importante destacar que el equipo sigue al frente de la propuesta en la tradicional esquina de calle Yrigoyen 27, en Ciudad. La continuidad de la cantina está plenamente garantizada, manteniendo la calidad y el espíritu que la caracterizan. De esta manera, el crecimiento hacia nuevos horizontes no implica un alejamiento de sus raíces, sino una expansión que convive armoniosamente con el servicio diario que se brinda en Juglar, donde la atención al público permanece abierta y vigente para todos sus clientes habituales.

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