Se trata de un caso del 2018 que se suma al debate luego de la investigación por la muerte del médico mendocino.
La muerte de otra médica trae sospechas en el caso del robo de drogas para fiestas
La muerte del médico mendocino Alejandro Zalazar, reactivó una preocupación latente en el sistema de salud: el uso indebido de anestésicos de alta potencia fuera del ámbito médico. El caso, que investiga el consumo de propofol y fentanilo, también puso en foco un antecedente similar ocurrido en 2018.
En ese año, una médica de 40 años fue encontrada sin vida dentro del Hospital Universitario Austral, en la provincia de Buenos Aires. El cuerpo estaba en uno de los baños del establecimiento, con un frasco identificado como "sedoanalgesia" en una mano y una jeringa en la otra, lo que llevó a la Justicia a investigar una posible autoadministración de sedantes.
La profesional realizaba prácticas en el centro de salud y su ausencia generó una búsqueda interna que terminó con el hallazgo. El caso causó impacto en el ámbito sanitario y dejó expuesto el acceso directo que tienen los médicos a drogas altamente riesgosas.
Siete años después, la muerte de Zalazar volvió a encender las alarmas. La investigación judicial no solo apunta al consumo de anestésicos, sino también a su posible desvío desde instituciones médicas y su utilización en encuentros privados conocidos como "Propo Fest".
Ver más: Quiénes son los dos médicos acusados de robar drogas para fiestas
Estos episodios reabrieron el debate sobre los controles en hospitales y clínicas, donde sustancias como el propofol y el fentanilo son de uso cotidiano en quirófanos, pero requieren estricta supervisión debido a su capacidad de provocar depresión respiratoria o paro cardíaco en pocos minutos.
Ver: Video: brutal caída de un acróbata en un circo de San Luis



