La madrugada del 24 de marzo de 1976 fue para Mendoza el cierre estrepitoso de un ciclo de tres años donde la política se deglutió a sí misma entre juicios políticos, internas feroces, sospechas de corrupción y anécdotas que caminan por la cornisa entre la historia y el absurdo.
Mendoza 1973-1976: crónica del caos antes del silencio
En Mendoza, los años previos al golpe de Estado de 1976 estuvieron atravesados por una sucesión de crisis políticas, internas partidarias y decisiones institucionales que reflejaron, en escala local, la tensión que vivía todo el país. La caída del gobernador Alberto Martínez Baca marcó el inicio de un período inestable, donde los cambios de poder se sucedieron con rapidez y dejaron una serie de episodios que, con el tiempo, se mezclaron con relatos difíciles de comprobar.
El punto de quiebre se produjo en 1974, cuando una investigación sobre la estatal Bodegas y Viñedos Giol puso bajo la lupa a la gestión provincial. Un informe elevado al Senado expuso presuntas irregularidades, entre ellas la adulteración de millones de litros de vino y operaciones comerciales que involucraban al entorno del gobernador: su hijo, Juan Alberto Martínez Baca, actuando como comisionista en unas operaciones y la existencia de una cuenta en un banco de San Rafael que lo comprometían. Así lo reconstruyó Adriana Micale en el libro "Mendoza a través de su historia".
La situación derivó en la suspensión del gobernador y en un intento de juicio político que, tras largas deliberaciones, terminó siendo suspendido.
En ese interín entre la suspensión de Martínez Baca y la intervención federal, asumió el vicegobernador Carlos Mendoza (entre el 6 de junio y el 13 de agosto), un dirigente metalúrgico que quedó al frente de la provincia en medio de un escenario de fuerte fragmentación interna dentro del peronismo. Su paso por el poder fue corto, pero dejó una de esas historias que sobreviven más por su carácter simbólico que por su veracidad.
Según una versión que circuló en aquellos años -y que nunca pudo ser confirmada- Mendoza habría ordenado confeccionar sobres redondos para enviar una "circular". El juego de palabras fue suficiente para que sectores enfrentados dentro del propio movimiento peronista instalaran el relato como una muestra de improvisación o torpeza. Con el tiempo, la anécdota quedó fijada como una de las tantas expresiones del folklore político de la época.
La muerte de Juan Domingo Perón, en julio de 1974, reconfiguró el escenario nacional y también tuvo consecuencias directas en Mendoza. Su viuda y sucesora, María Estela Martínez de Perón, finalmente decretó la intervención federal de la provincia y designó como interventor a Antonio Cafiero.
La gestión de Cafiero no estuvo exenta de polémicas. Uno de los episodios más recordados es el del llamado "piano de Cafiero": un instrumento perteneciente al Teatro Independencia que fue trasladado al antiguo Hotel Plaza, donde el interventor se alojaba junto a su familia, presuntamente para que su hija practicara. El piano nunca volvió a su lugar de origen y su desaparición alimentó, con el tiempo, una leyenda urbana que todavía hoy circula en Mendoza: la de un supuesto "fantasma" que toca melodías en el teatro al caer la tarde.
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Pero más allá de esa historia, su administración también quedó atravesada por cuestionamientos vinculados nuevamente a Giol. Entre ellos, el caso de las denominadas "vasijas": para paliar la crisis de excedentes vitivinícolas, la intervención de Cafiero construyó 60 vasijas gigantes en el predio de Maipú, lo que derivó en un perjuicio económico millonario porque se hicieron mal. Básicamente, se edificaron estructuras de cemento cuyo revestimiento interno defectuoso provocó filtraciones y contaminación, dejando las piletas inutilizables para el almacenamiento de vino.
Un dato de color: el encargado de la empresa estatal en aquel momento fue Eduardo Setti, cuyo nombre y apellido volvería a la escena pública décadas más tarde a través de su hijo homónimo, funcionario de Sergio Massa en Economía hasta 2023.
Posteriormente, en 1975 el Gobierno nacional designó al abogado sanrafaelino Luis María Rodríguez Marcó del Pont como interventor y meses después, a Pedro León Lucero, un militar con identificación peronista. Lucero asumió en un contexto cada vez más deteriorado, con una institucionalidad debilitada y una creciente conflictividad social y política.
Fue Lucero quien estaba al frente del Poder Ejecutivo de Mendoza en la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional e iniciaron la última dictadura militar que registraría la historia argentina.
A partir de ese momento, Mendoza quedó bajo control del régimen, que designó como gobernador de facto a Tamer Yapur. Décadas más tarde, en 2011, Yapur sería enjuiciado en Mendoza por delitos de lesa humanidad cometidos durante ese período. Falleció en 2014.
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La secuencia de hechos que atravesó Mendoza entre 1973 y 1976 permite entender cómo la crisis institucional no fue un fenómeno abrupto, sino el resultado de un proceso complejo que incluyó disputas internas y decisiones políticas que no se limitaron a esta provincia: por ejemplo, Martínez Baca no fue el único gobernador del "peronismo de izquierda" en ser destituido.
En ese clima de creciente descomposición institucional también pesaban antecedentes inmediatos que habían marcado a fuego la vida política mendocina. El Mendozazo de 1972, con su estallido social y su fuerte enfrentamiento con las fuerzas de seguridad, había dejado expuesta una conflictividad latente que no se disipó con el regreso de la democracia en el '73.
A la par, la escalada de violencia política a nivel nacional también tuvo su correlato local: para esos años, organizaciones armadas como Montoneros ya habían desplegado acciones de alto impacto en Mendoza, entre ellas los secuestros de los empresarios Carlos Pulenta y Roberto Gargantini, en 1973 y 1974 durante la presidencia de Perón, hechos que profundizaron la sensación de desorden y crisis.
Ese entramado de tensión social, violencia política y fragilidad institucional fue deteriorando de manera progresiva el funcionamiento democrático, en un clima en el que se acumulaban conflictos sin resolución y crecían las respuestas por fuera de los canales democráticos. Claro que lo que vendría después resultaría sustancialmente más grave y devastador que aquello que decía venir a corregir.
(*) La foto principal de esta nota fue tomada el 24 de marzo de 1976 en la esquina de San Martín y Amigorena. Fue publicada en el libro "Mendoza a través de su historia" (A. Roig, P. Lacoste y M. C. Satlari - Gobierno de Mendoza - EDIUNC - Caviar Bleu. 2004) y restaurada digitalmente.



