Un posteo de la diputada Juliana Santillán reactivó un país disuelto en 1993 y convirtió la Pascua en eský dm en una escena entre lo kafkiano y lo diplomático: cuando la ignorancia también produce realidad.
La noche en que volvió Checoslovaquia
En eský dm el clima tenía algo de víspera. No solo por la Pascua, que cada año convoca a la colectividad, sino por una novedad inesperada que había corrido como un susurro insistente: Checoslovaquia volvía.
El país había dejado de existir el 1 de enero de 1993, durante la División de Terciopelo, conocida de ese modo por ser una separación pacífica que puso fin al Estado común sin conflictos armados, a partir del cual nacen República Checa y Eslovaquia.
¿Qué relación guardaba Václav Klaus y Miriam de Parque Chas? qué uno de ellos, en 1993, impulsaría el proyecto separatista de los del Pacto de Varsovia y ella, daría a luz a un argentino con secundario incompleto, monotributista de una diputada, que 33 años después pondría otra vez en el mapa a la extinta nación y a través de Twitter.
Mientras tanto, la Casa Checa empezó a prepararse con una energía distinta. No se trataba de una conmemoración más. Desde 1993 la colectividad había aprendido a convivir con esa doble identidad. Hasta ahora.
La confirmación había llegado por las vías oficiales: una reunión en la residencia de la Unión Europea con representantes extranjeros, entre ellos Brasil y Croacia. Y ahí, como si nada, el tercer invitado: Checoslovaquia. La autora del mensaje era Juliana Santillán, diputada nacional y, sobre todo, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados. Es decir, alguien cuyo trabajo consiste en saber qué países existen.
El detalle no pasó desapercibido. En redes sociales el episodio circuló con la velocidad de un síntoma degenerativo. Santillán se defendió raro: explicó que la foto no había sido tomada por ella, que el texto tampoco era propio, que había un community manager a cargo y que el error podía atribuirse a una mala interpretación en otro idioma. "Errar es humano", escribió, agregando que no aplicaría "guillotina" porque trabaja con personas. Cerró con un "Ni cosquillas. CIAO", que terminó de darle forma a la escena.
En la Casa Checa, ese descargo generó una oportunidad. Si Checoslovaquia volvía a existir, aunque fuera en el plano simbólico de una publicación, había que estar a la altura. La Pascua ofrecía el marco perfecto. La tradición de la pomlázka -ese ritual del lunes de Pascua en el que los hombres recorren casas azotando simbólicamente a las mujeres con varas de sauce decoradas, en busca de salud, juventud y fertilidad- estaba lista para desplegarse con su lógica intacta, ajena a cualquier confusión geopolítica. Las varas se preparaban igual que siempre, con cintas de colores y cierta precisión artesanal. La diferencia era el contexto: por primera vez en décadas, la celebración podía hacerse bajo un nombre que había quedado archivado.
Ver: Video: la diputada de LLA Juliana Santillán confundió Navidad con Resurrección
El asunto, sin embargo, no se agotaba en un posteo. El episodio encajaba en una secuencia más amplia de intervenciones públicas de la diputada. Meses atrás, en un debate televisivo, había sostenido que dos médicas del Hospital Garrahan, con ingresos de 800.000 pesos, tenían margen suficiente para cubrir una canasta básica que ubicó en 360.000 pesos, una cifra muy por debajo de los datos oficiales del INDEC, que en ese momento la situaban por encima del millón. La corrección llegó en vivo, pero la posición se mantuvo. En otro episodio, afirmó que Mariano Moreno había sido fusilado, cuando su muerte ocurrió en alta mar. También se registraron deslices en el uso del lenguaje: "haz" en lugar de "as", "candidatoso" para referirse a Manuel Adorni, "cluacas", "serro", "esepcion" y "atraza". Incluso hubo un saludo navideño que combinó la Nochebuena con la Resurrección, una suerte rara de Jesús crossover .
En eský dm, mientras tanto, la escena avanzaba con normalidad. Las mesas se llenaban, las conversaciones mezclaban español con palabras heredadas, y la sensación de estar participando de algo levemente improbable no impedía el disfrute del gentilicio kafkiano, del centellar del cristal de Bohemia, tal como ocurre en Medianoche en París, donde una secuencia melancólica se mantiene condensada en una burbuja temporal que cabalga en el minimalismo intelectual de una congresista oficial y sus secuaces.



