Lo que pudo ser una salida exportadora de 200 millones de litros terminó en denuncias por estafa y una crisis estructural que hoy pagan los viñateros.
La alianza que pudo evitar que hoy la uva se pudra en los parrales
La vitivinicultura atraviesa hoy uno de sus momentos más difíciles, con la consecuente sensación de impotencia del productor que ve cómo su esfuerzo no vale nada. De hecho, en las fincas y en centro de Mendoza, durante el caravanazo que se realizó este martes, se repetía una frase: "Este año no conviene ni cosechar", con el daño económico y agronómico que genera y condiciona el futuro.
En este escenario de asfixia, resulta imposible eludir el panorama internacional del que se ha venido hablando y debatiendo: una tendencia de caída del consumo que parece ser irreversible. De hecho, la cuna de la vitivinicultura mundial, Francia, subsidia directamente la erradicación de viñas, atento a la merma de la demanda.
De todas maneras, más allá de las regiones vitivinícolas en general, en Mendoza el impacto de la crisis podría haber sido sustancialmente menor, por ejemplo, si se mantenía la sociedad exportadora EVISA que en su momento crearon Fecovita e Iberte, la cual surgió como una necesidad estratégica que los directivos de la Federación -hoy imputados por estafas y falsificación de balances- no supieron o no quisieron sostener.
El acuerdo era, en los papeles, la solución perfecta al problema que hoy quema las manos de las bodegas: el excedente. Iberte aportaba 31 millones de dólares y, lo más importante, las llaves de mercados en China, Europa y América del Norte. Fecovita ponía la estructura de Bodega Resero y su inmenso caudal productivo. El objetivo era sacar del país más de 50 millones de litros anuales.
Sin embargo, el incumplimiento del acuerdo, disuelto en 2022, tuvo un costo matemático devastador. Se estima que, entre 2022 y 2026, la caída de EVISA implicó que 200 millones de litros que debían estar en góndolas extranjeras terminaran estancados en tanques locales. Y, a la par, la Justicia consideró que hay pruebas suficientes para imputar por estafas y balances falsos a Rubén Panella, Eduardo Sancho, Juan Rodriguez, Jorge Irañeta y otros directivos porque habrían firmado aquel acuerdo a sabiendas de que no podrían cumplirlo: sólo habrían querido financiar la entidad con el aporte millonario de Iberte.
Para dimensionar la tragedia: según fuentes del sector, ese volumen equivale a casi dos meses de ventas totales de toda la industria argentina. Hoy, las bodegas operan con un stock de 12 meses, el doble de lo necesario para que el precio del vino de traslado sea rentable. Si EVISA hubiera funcionado, ese excedente estructural que hoy destruye los precios simplemente no existiría.
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Cuando el stock se duplica, el ajuste no lo paga el cemento de la bodega, sino el productor. La cuenta es directa: precios por el piso, porque al haber tanta oferta acumulada el valor de la uva se desploma; plazos de pago eternos, ya que el capital inmovilizado quita liquidez para pagar la cosecha; y la incertidumbre es total, habida cuenta de que el pequeño productor pierde la brújula de su inversión.
Tal como se ha venido repitiendo, Fecovita representa a más de 5.000 pequeños y medianos productores. Para ellos, la exportación de volumen no era un lujo, era el "oxígeno" necesario para que el sistema cooperativo no colapsara bajo su propio peso.
Hoy, mientras avanzan las causas por balances falsos y estafas (la primera con pedido de elevación a juicio), el daño real está en la finca. La oportunidad perdida con EVISA no se mide solo en dólares o litros; se mide en la desesperanza del viñatero que hoy duda de levantar la cosecha.
Sin canales externos estables como los que prometía EVISA, la vitivinicultura argentina sigue atrapada en un laberinto de excedentes, donde el que siempre pierde es el que trabaja la tierra.



