El efecto mariposa de la mala palabra, Twitter y el milagro populista

FOPEA publicó una radiografía del Presidente en X, en los dos años de gestión. Detectó 16.806 tuits con insultos, 1 de cada 7 posteos. En agosto prometió no hacerlo más, pero las cifras solo bajaron a la mitad. El ranking de los agravios favoritos, por categorías y el raro fenómeno de masas.

El efecto mariposa de la mala palabra, Twitter y el milagro populista

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

 En este conventillo los grandes temas de la política y la economía se mezclan con vecinos excéntricos, perros mágicos que administran el lugar y una saga de sucesos con límites difusos entre la ficción y la realidad.

El efecto mariposa es una idea que dice que un cambio muy pequeño puede provocar consecuencias enormes, incluso en puntos muy distantes. El aleteo de una mariposa en un lugar del mundo puede terminar influyendo en una tormenta en otro continente porque en sistemas complejos todo está conectado y una mínima variación inicial puede desordenar toda la cadena de eventos. 

En este contexto, un raro fenómeno ocurría desde hacía tiempo. Cada insulto del presidente parecía detonar, en algún punto remoto del planeta, un milagro populista. Una mañana tuiteó la foto de un mandril con un pomo de Adermicina y en Camerún, el último mandril albino vivo se levantó de su letargo, armó una unidad básica y repartió insectos y huevos a su comunidad. En otra ocasión, tuiteó "lágrimas de zurdo" y a la misma hora un Rappi danés tocó el timbre de un venezolano en Puerto Madero y se fue sin recibir propina; por cada ocasión que tuiteó "kuka", un balde se convirtió en inodoro en Florencio Varela. 

  Dedicaba entre una y dos horas por día a tuitear; más de 10 horas por semana, unas 46 horas por mes; más de 120 jornadas laborales completas. Hizo 16.806 publicaciones con insultos ordenados en las siguientes categorías: agravio, estigmatización, animalización del lenguaje, sexualización y referencias a lo repulsivo. Los favoritos: "kuka", "casta", "delincuente", "mandril" y "corrupto". La mayoría dedicado a periodistas.  

 El caso del insulto "mandril" es ilustrativo: pasó de 201 menciones en 2024 a 594 en 2025, casi un 200% de aumento, con picos que coinciden exactamente con anuncios económicos clave (ajustes, eliminación del cepo, "fase 3" del plan). El 89% de esas menciones fueron retuits, lo que confirma que el impacto no depende tanto de cuántas veces se creaba el mensaje, sino de cómo se amplificaban.  

En agosto dijo que iba a dejar de insultar, los números muestran que no cumplió del todo, pero sí cambió su comportamiento. Ese mes se registraron 522 tuits y retuits con insultos, y a partir de ahí comenzó una baja sostenida: en noviembre, último mes medido, las publicaciones ofensivas cayeron a 278, es decir, 244 menos que en agosto. En términos porcentuales, la caída fue de casi el 47%

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Alarmados por la acumulación de coincidencias imposibles, una brigada integrada por vendedores de Adermicina y fabricantes de baldes se organizaron y exigieron entonces una terapia de shock. 

La idea era simple: interceptar cada insulto presidencial y disipar su onda expansiva antes de que cruzara el Atlántico. Funcionó más o menos. El populismo dejó de brotar en capitales y pasó a manifestarse en lugares rarísimos: cooperativas de criadores de caracoles en Estonia, asambleas vecinales en barcos pesqueros del Báltico, sindicatos espontáneos de cajeros automáticos en el conurbano. 

El plot twist es que al fenómeno lo estaba partiendo en dos. Cada insulto ya no generaba una revuelta grande, sino dos medianas,  discretas, más difíciles de detectar. El mundo se llenaba de pequeños populismos domésticos.

 Cuando parecía que todo había quedado reducido a viñetas costumbristas, la rueda comenzó a girar. Mientras el mundo parecía acomodarse una vez más en el stablishment del mercado liberal, en algún sitio remoto una mariposa aleteaba y el efecto se repetía: el milagrismo populista circular seguía girando en secuencias que siempre volvían a empezar.