La Libertad Avanza convocó a una sesión especial para este miércoles con el objetivo de aprobar la modificación de la norma. La jugada parlamentaria se da en un contexto de fuerte presión opositora por otros frentes sensibles.
El Gobierno quiere retormar la iniciativa y busca aprobar la Ley de Glaciares
El oficialismo nacional pidió sesionar este miércoles en la Cámara de Diputados con el objetivo de darle sanción definitiva a la reforma de la Ley de Glaciares, en una movida que combina estrategia legislativa y control de daños políticos.
La convocatoria, prevista para el miércoles 8 de abril a las 15, se da en un escenario complejo para el Gobierno, atravesado por dos focos de conflicto que amenazan con colarse en el recinto: el pedido de interpelación al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y la polémica por los créditos hipotecarios otorgados a funcionarios y asesores libertarios.
Según señalan medios porteños, la intención es avanzar sin modificaciones sobre el texto que ya cuenta con media sanción del Senado.
En términos de números, el oficialismo se muestra confiado. Con un bloque propio de 95 legisladores, aspira a alcanzar entre 130 y 134 votos sumando aliados habituales como el PRO, sectores de la Unión Cívica Radical, el MID y fuerzas provinciales. A ese esquema se agregarían legisladores de provincias mineras y algunos votos puntuales de Unión por la Patria.
En ese lote aparecen nombres como Jorge Chica, Cristian Andino y Claudia Palladino, cuyo eventual acompañamiento se vincula con antecedentes en el Senado, donde exgobernadores como Sergio Uñac y Lucía Corpacci respaldaron la modificación.
Sin embargo, el desafío central no pasa únicamente por el conteo de votos sino por el control del recinto. La apertura de la sesión podría habilitar a la oposición a avanzar con el pedido de interpelación a Adorni, en medio de cuestionamientos por su crecimiento patrimonial y viajes al exterior.
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En paralelo, el escándalo por los créditos hipotecarios otorgados a funcionarios también suma presión. La oposición busca capitalizar ese frente para tensionar la sesión, en línea con la estrategia de instalar el debate político más allá del temario formal.
Dentro del oficialismo admiten el riesgo, pero aseguran que habrá una estrategia clara. En este esquema, el rol del PRO aparece como determinante. Sus 12 diputados pueden inclinar la balanza en caso de que la oposición logre avanzar con maniobras reglamentarias para forzar la interpelación. Desde el oficialismo confían en que sus socios parlamentarios no acompañarán esa jugada.
Del otro lado, voces opositoras presionan para que haya fisuras. En ese marco, el diputado Maximiliano Ferraro cuestionó a los aliados del Gobierno y pidió que no actúen como "republicanos intermitentes", en referencia a la necesidad de habilitar el debate.
Así, la sesión por la Ley de Glaciares se perfila como mucho más que una discusión ambiental o productiva. Será, en los hechos, una prueba de fuerza política donde el oficialismo buscará consolidar su capacidad de construir mayorías, mientras la oposición intentará capitalizar las controversias abiertas para incomodar al Gobierno en el recinto.



