Vuelos privados y, en compañía de su esposa, a bordo del avión presidencial, pusieron en la mira a Manuel Adorni. El resto del Gabinete salió a respaldarlo pero el escándalo fue ineludible. El paso en falso y un repaso acerca de otros episodios de la maldición de los aviones.
Adorni y la saga de los aviones malditos de la libertad
En el conventillo hay una tijera abierta y colgada, formando una cruz, bajo el dintel de cada puerta; hay un dólar en la trompa de un elefante de yeso, hay cruces de sal en la tierra cuando el cielo está encapotado, hay un San Expedito en las billeteras y escobas que barren solo hasta que empieza a atardecer.
La superstición es parte del día a día. Nadie se pregunta demasiado por qué están esas cosas ahí. Pero también corre entre los pasillos una idea medio incómoda, medio fascinante: que algunas de esas mañas se han hecho realidad. Sobre todo las que involucran a aviones. Qué las hay, las hay. Algunos casos testigo.
En 2023, Carolina Losada colaboraba con una acción civil que rescataba gorilas en peligro de conurbanización. En uno de sus viajes de campaña como candidata a gobernadora por Juntos Por el Cambio, pasó por la Feria de Productoras de Monte Vera y aprovechó para llevarles a sus ahijados algunos racimos de cavendish, esas bananas cortitas y dulces que tanto disfrutaban. Carolina hizo oídos sordos a la antigua creencia que dice que cargar este alimento en un vuelo desata una maldición. Más aún si se trata de avión privado cuyo costo se estimaba en unos 15.000 dólares por vuelo, para viajar desde el aeródromo de San Fernando, cerca de su residencia en Nordelta, hasta distintas ciudades santafesinas. La aeronave pertenecía al empresario Mario Luis Bertolaccini López, dueño de Kube Aviación S.A., quien estaba bajo investigación federal por presuntas maniobras de sobrefacturación.
Ver: El costo marginal de la coherencia
El episodio generó fuerte ruido político porque Losada había construido su campaña denunciando vínculos entre la política y sectores económicos sensibles. En esa ocasión el oscuro designio del destino fue aprovechado por su rival Maximiliano Pullaro que le ganó la interna y fue gobernador.
Otro caso testigo es el de José Luis Espert que se hizo tirar las cartas una tarde en un speakeasy de Parque Patricios y le salió El Loco que dice clarito que si vas a volar, tomes recaudos. Pero no hizo caso y viajó en un jet cuyo costo rondaba los 10.000 dólares, acompañado por un periodista de la TV Pública, rumbo a Punta del Este. Justo él que estaba alineado con el mensaje anticasta.
Algo parecido ocurrió con Manuel Adorni, aunque esta vez el avión no era privado sino directamente el presidencial ARG-01. El jefe de Gabinete viajó a Nueva York para participar de la Argentina Week, acompañado por una delegación de funcionarios económicos y del área de comunicación. La polémica estalló cuando se supo que en el vuelo también había viajado su esposa, Bettina Angeletti, lo que derivó en pedidos de informes en el Congreso. El caso generó un fuerte movimiento interno porque desde las altas esferas del Gabinete bajaron la órden de pedir alto respaldo, aún entre funcionarios que habían disfrutado de las mieles del Estado villano para disfrutar de un fin de semama todo pago. El diputado socialista Esteban Paulón solicitó el manifiesto completo de los vuelos en el avión oficial y el room list de los hoteles donde se alojó la delegación para determinar si otras parejas de funcionarios también integraron la comitiva.
Ver: Ruido por los vuelos de Adorni y la rara justificación de la TV Pública
Según las estimaciones que circulan en la discusión pública, el viaje completo habría tenido un costo cercano a 1,3 millones de dólares, con unos 500.000 dólares correspondientes al vuelo presidencial y alrededor de 10.000 dólares por persona en alojamiento, además de viáticos. La investigación ahora intenta establecer no solo quiénes viajaron en el ARG-01, sino también quién pagó los gastos de los acompañantes y qué rol cumplían dentro de una agenda oficial pensada para reunirse con empresarios e inversores.
El silencio del conventillo se rompe por el silbido sordo de un avioncito de papel que atraviesa el patio y da a parar contra un limosnero. Los embates a la estabilidad siempre parecieron venir del aire, desde los diarios que Cristina se hacía llevar al Calafate, hasta el último episodio del rescate del soldado Gallo, sobre el cual a último momento supieron capitalizar , pero igual no lograron evitar mostrar los hilos de las travesuras del populismo del deporte nacional. Queda flotando una sensación de aire en sitios donde debería reinar la fricción. El mismo aire que sirve para respirar y ganar tiempo o el que llena de gases la lógica liberal y obliga a responder entre los vericuetos de la propia contradicción que evidencia que, a fin de cuentas, al final del día son todos iguales.



