La muerte de una vecina del boliche Queen, asesinada presuntamente por policías que se pelearon con trapitos, volvió a exponer la violencia nocturna, el descontrol y el impacto que sufren a diario quienes viven cerca de locales bailables.
El crimen que reavivó un reclamo: vecinos contra boliches
La violencia y el descontrol a la salida de los boliches vuelven a quedar en el centro de la escena tras el crimen de una mujer ocurrido este domingo en Guaymallén, luego de una pelea registrada en las inmediaciones del boliche Queen. El hecho no solo expone una vez más los riesgos de las madrugadas marcadas por el alcohol y las peleas, sino también la realidad que padecen desde hace años quienes viven cerca de locales bailables y gastronómicos: ruidos constantes, disturbios y una convivencia cada vez más difícil.
Las discusiones, agresiones y excesos a la salida de los boliches se repiten casi como una postal conocida. En muchos casos, estas situaciones terminan en tragedias. El recuerdo inevitable es el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, donde un grupo de rugbiers mató a golpes al joven de 18 años. En Mendoza también hay antecedentes recientes: en noviembre de 2025, en Tunuyán, un hombre de 37 años fue brutalmente atacado por dos boxeadores y quedó internado en terapia intensiva con fractura de cráneo. En diciembre, una batalla campal entre más de diez jóvenes se registró en San Rafael. Ahora, una discusión entre cuidacoches y personas que salían de un boliche terminó con una mujer asesinada.
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Pero más allá de los hechos, existe otra cara de esta problemática que suele quedar en segundo plano, la "tortura" que viven los vecinos de zonas donde funcionan boliches o locales gastronómicos nocturnos. No se trata de un reclamo nuevo. Durante años se pidió sacar los locales bailables de áreas urbanas y, en 2014, la Ciudad de Mendoza aprobó una ordenanza que prohibió que los locales de la calle Arístides funcionaran como boliches. Sin embargo, los conflictos persisten, especialmente por la música a alto volumen y los disturbios hasta altas horas de la madrugada.
"Pedimos respeto a los vecinos de la Arístides. Somos personas normales que necesitamos descansar y seguridad como todos.
Basta de robos, basta de trapitos, basta de ruidos hasta altas horas, basta de venta impune de droga, los frentes de nuestras casa no son baños", señala una publicación de Instagram de una cuenta llamada "Quinta Indignada".
Ariana, vecina de la calle Juan B. Justo, una zona que, al igual que Arístides, concentra numerosos locales gastronómicos abiertos hasta después de las 4 de la madrugada, relató su experiencia: "Hicimos reclamos a la municipalidad por un local que teníamos al lado. Los obligaron a colocar aislantes de sonido en las paredes, pero igual se escucha. Enfrente también tenemos otro local donde la música se escucha muy fuerte". En cuanto a peleas o disturbios violentos, relató que no es algo que suceda a menudo en esa zona.
Una situación similar se vive en el Paseo La Alameda, otra zona de diversión nocturna inserta en plena zona urbana. Morena, comerciante y vecina del lugar, aseguró que sostener un negocio ajeno al rubro nocturno se volvió casi imposible. "Cada año se va agravando más esto de las peleas. Tuvimos que poner rejas porque varias veces se pelearon y nos rompieron los vidrios a piedrazos o se sentaban en las ventanas", contó. Además, remarcó que no se respetan los niveles permitidos de volumen de la música, algo que definió como "insostenible". "Por más que adentro demos un buen servicio, el cliente se encuentra con otra realidad cuando sale a la calle", agregó.
En Godoy Cruz, sobre la zona de San Martín Sur, Beatriz describió un escenario complejo. Vive cerca de un boliche muy concurrido y asegura que las madrugadas de viernes y sábado son insoportables. "Tipo cinco o seis de la mañana salen todos borrachos, a los gritos. A veces hay peleas, se tiran piedras o se golpean. Incluso se han escuchado disparos" y remarcó que "No hay policías rondando a esa hora". También denunció robos menores a vehículos y el ruido constante de la música del local.
Por último, en Las Heras, cerca del límite con Ciudad, otro boliche funciona en una zona urbana. Una vecina explicó que no suelen registrarse peleas frecuentes porque el público es de mayor edad, pero igualmente hay situaciones que afectan: Personas en estado de ebriedad durmiendo en las veredas, música fuerte durante la noche. "Usan la plazoleta como baño público", describió.



