Violencia dentro y fuera de las cárceles: cómo se perdieron los "códigos"

La balacera contra una niña de 11 años expone el avance de una violencia sin límites, donde disputas nacidas en la cárcel se trasladan a las calles y ya no respetan a familiares, ni siquiera menores.

Violencia dentro y fuera de las cárceles: cómo se perdieron los "códigos"

Por:Tamara Sbardolini
Periodista

El brutal ataque contra una niña de 11 años en  Godoy Cruz volvió a encender las alarmas sobre una modalidad de violencia que crece y preocupa: las represalias ordenadas desde las cárceles que ya no respetan límites ni códigos. La menor recibió cuatro disparos tras abrir la puerta de su casa, en un hecho que los investigadores vinculan a un mensaje narco dirigido a su entorno familiar.

El caso ocurrió el pasado sábado y, según las primeras hipótesis, estaría relacionado con un conflicto interno en el penal de Almafuerte. La principal línea de investigación apunta a un ajuste de cuentas contra el padre de la niña, quien se encuentra detenido y habría mantenido disputas con otro interno de peso dentro del mismo establecimiento.

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Más allá de la gravedad del hecho en sí, el episodio deja en evidencia un cambio profundo en las reglas no escritas que históricamente regían dentro del mundo carcelario. Durante años, incluso en contextos de extrema violencia, existía un límite que rara vez se cruzaba: los familiares, y especialmente los niños, quedaban fuera de cualquier tipo de represalia.

Sin embargo, ese "código" parece haberse diluido con el tiempo.

Un ex integrante del servicio penitenciario, que pidió reserva de su identidad por razones de seguridad, explicó al Post que este quiebre no es reciente. "Antes, aunque hubiera conflictos entre presos o entre pabellones, durante las visitas nadie se metía con la familia del otro. No se los miraba, no se les faltaba el respeto. Eso se perdió", aseguró.

Según su testimonio, en los últimos años se volvió habitual que los internos extiendan las disputas más allá de los muros. "Le miran las mujeres, las hermanas, las madres y hasta les hacen comentarios de todo tipo, antes eso no pasaba".

Una situación que, según él, se profundizó a partir de la pandemia de covid-19, cuando los presos pudieron tener celulares dentro del penal. Esto habría facilitado la coordinación de amenazas, extorsiones y ataques en el exterior, sin necesidad de intermediarios.

"Se apuñalan entre familiares, entre hermanos, primos, padre e hijo. Mirá si va haber algún problema en realizar amenazas hacia afuera", comentó.

En la misma línea, otro ex penitenciario describió cómo se gestan estos conflictos y de qué manera escalan hacia el exterior. "La mayoría adentro pelea por poder, cuando hay problemas más grandes con droga ahí empiezan los problemas, les envían gente a los domicilios, incluso los penitenciarios sufren amenazas y le mandan gente a la casa", señaló.

El testimonio también remarcó que, pese a la violencia interna, existían normas muy estrictas vinculadas a las visitas familiares: "El tema de la visita y la familia es muy sagrado para ellos. Si hay un interno cerca mientras la familia está ingresando al penal se tiene que dar la vuelta y darle la espalda. Si van a pasar tienen que cerrar las ventanas y todo para no ver nada".

No obstante, advirtió que esos códigos se rompen cuando los conflictos adquieren mayor dimensión o impactan en la situación judicial de los detenidos. "Adentro hay gente con mucho poder, mucha plata y mucha gente afuera. Si el problema escaló a algo más grande empiezan las amenazas".

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