El costo marginal de la coherencia

La defensa técnica de Javier Milei sobre el viaje de la esposa de Manuel Adorni a Nueva York intenta cerrar una grieta ética con un manual de economía, pero termina abriendo una contradicción profunda en el corazón del pensamiento liberal.

El costo marginal de la coherencia

Por:Santiago Montiveros
Director periodístico

La defensa de Javier Milei a Manuel Adorni, basada en el concepto técnico de "costo marginal", busca clausurar un debate ético con una fórmula matemática. Para el presidente, si el avión propiedad del Estado ya tiene que volar a Nueva York para trasladar a la comitiva, que se sume un familiar no le cuesta un solo peso extra al contribuyente y, por lo tanto, cualquier crítica no sería más que una muestra de ignorancia académica o mala fe periodística.

Sin embargo, el problema de analizar la gestión pública exclusivamente a través del "costo marginal" es que se omite la dimensión simbólica del poder y encierra una paradoja insólita para un defensor del mercado. Si el concepto de "costo marginal cero" fuera suficiente para validar el uso de un recurso, cualquier ciudadano -o la propia esposa del vocero- podría exigirle a una aerolínea privada que la lleve gratis a Nueva York cada vez que el avión despegue con asientos vacíos. Total, el avión ya sale y el peso extra no consume más combustible. Resulta extraño que un economista que predica la eficiencia y el respeto a la propiedad privada plantee que el Estado sí deba hacerse cargo de esos "asientos sobrantes" para beneficio personal, mientras sabe perfectamente que ninguna empresa privada sobreviviría bajo semejante criterio de gratuidad.

Desde el punto de vista de la ética pública, el argumento de Milei es peligroso por su capacidad de expansión. Si aceptamos que el uso de bienes del Estado es legítimo siempre que el costo marginal sea nulo, estaríamos habilitando que un funcionario utilice las oficinas del Gobierno para fines privados "porque la luz se iba a prender igual". La diferencia entre lo público y lo privado no se mide en el margen de gasto adicional, sino en la naturaleza de la función que se está cumpliendo.

En el llano, donde los ciudadanos hacen malabares para pagar el transporte o los servicios, la explicación técnica suena a una justificación de privilegio. No se trata de si el Boeing 737 gastó un litro más de combustible por el peso extra de un pasajero, sino de la percepción de una "casta" que, con el tiempo, termina adoptando las mismas costumbres que prometió erradicar. La política no es solo eficiencia económica; es también estética y gestualidad, especialmente en tiempos donde se le exige un sacrificio histórico a la población.

El tuit del presidente defendiendo a Adorni.

Al refugiarse en un tecnicismo económico, el Gobierno ignora que la mayor pérdida de este episodio no es financiera, sino de autoridad moral. El costo marginal de subir a un familiar a un avión puede ser cero para el presupuesto nacional, pero el costo político de esa decisión, en términos de credibilidad, suele ser mucho más alto de lo que cualquier economista está dispuesto a admitir. Si el privilegio se disfraza de optimización de recursos, el riesgo es que el votante termine viendo en el "costo marginal" la misma prepotencia que antes criticaba en los colores opuestos.

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