El testimonio de una prostituta que da cuenta del impacto de las medidas económicas en el trabajo sexual.
En primera persona: el ajuste llegó a la esquina
RIMERA Las prostitutas están en cualquier ciudad, es un oficio que se ejerce desde los tiempos más remotos. Sin embargo, aunque la parafernalia es siempre la misma, las chicas ahora tienen que trabajar el doble para ganar lo mismo que antes.
Las trabajadoras sexuales, aquellas que eligen este oficio como medio de vida, son uno de los últimos eslabones del sistema a donde la inflación y los vaivenes económicos tampoco perdona. Al costado del camino, las putas dan un testimonio crudo de que cuando el bolsillo ajusta, la búsqueda de compañía también.
Bajo un nombre de fantasía para resguardar su identidad, Evelyn (vamos a llamarla así) contó al Post como el impacto de la economía afecta su actividad.
Evelyn trabaja en la vieja y conocida zona roja de la Cuarta Este de Capital, si bien reconoce que al principio la decisión de salir a la calle fue difícil, la fraternidad con sus compañeras de esquina hace llevadera la noche y no reniega de su trabajo. Sin embargo, reconoce que en los últimos meses "se labura menos."
"En una buena noche, un viernes por ejemplo podía llegar a hacer mas de 3500 pesos en un par de horas. Pero ahora, desde hace como tres o cuatro meses, no llego a los 3000 estando casi toda la noche", cuenta Evelyn.
Respecto a la tarifa, dependiendo del tiempo y de lo que pida el cliente, va de 250 a 600 pesos.
"Por seguridad siempre preferí algunos clientes que venían siempre, pero de esos casi la mitad no los he visto más. La otra vez vino uno que hace tiempo no pasaba, yo lo jodía diciéndole sino me extrañaba, y él me decía que no tenía plata." Respecto al trato con esos clientes fijos detalla: "Que se yo, algunos cuando andan medios rotos (sin dinero) por ahí me tiran un atado de puchos, un faso o me dejan una birra o un vino como para tirar la noche."
Hoy las prostitutas trabajan más para ganar lo mismo que antes.
Pero la sequía económica no solo se traduce en una baja de la clientela, también cambia el objeto de deseo del cliente.
"Uno de los clientes fijos, de los que todavía siguen viniendo, muchas veces me paga pero no quiere el servicio. Tiene un taxi y muchas veces me busca para charlar, para que lo acompañe un rato en la noche. Una vez, en el verano, me vino a buscar, me empezó a contar que tenía un hijo en otra provincia que se tenía que operar de algo grave y que no sabía si iba a poder mandarle plata porque le habían robado todo unos días antes. Esa noche estuvimos hablando hasta que amaneció y no le cobré nada. Que se yo, hoy por ti, como dice el dicho."
También destacó un fenómeno que es típico de toda época de ajuste económico: hay más prostitutas en la calle.
"Ahora siempre ves a alguna nueva que sale a hacer la calle. Y también por eso se arma bardo porque las más viejas no quieren a las nuevas. Que se yo, a mi nadie me jode, pero a las nuevas las corren lejos, donde hay menos clientes."
Fenómeno en todos lados
La merma en la prestación de los servicios sexuales callejeros no es menester de Mendoza únicamente. En San Juan pasa lo mismo. Según una nota del diario El Tiempo de esa provincia, en la zona roja las chicas trans afirman que ahora deben trabajar más para ganar lo mismo que antes.
"Es porque hay menos plata y por ahí el dinero que antes juntábamos en dos horas, ahora tardamos seis horas en conseguirlo”, dice una de las entrevistadas por el medio sanjuanino y agrega "los clientes están más ratas y esos (dice mientras señala un auto de alta gama que pasa por la zona), son los que más piden regateo”.
Sin embargo, en esa provincia la situación es diferente ya que allí ejercer la prostitución en la vía pública no es un delito. "Gracias a que Cristina nos legalizó ya no hay tanta violencia. Sí robos y lo de siempre, pero entre nosotras nos cuidamos.”
En Mendoza, la municipalidad de la Capital multa a aquellas personas que son sorprendidas contratando servicios sexuales en la calle. Una persona que es encontrada en esta situación deberá pagar hasta 2.700 pesos de multa. La medida está amparada artículo 41 y 42 del Código de Convivencia de Capital.
Una postal de los tiempos que corren donde, incluso las prostitutas, deben adaptarse para seguir viviendo de su oficio.



