En la Peatonal Sarmiento de la Ciudad de Mendoza suelen verse muchas personas entreteniendo a los transeúntes. Para ganar un peso, deben ser muy creativos. Este hombre lo logra. VIDEOS.
Así es la vida de un artista callejero de Mendoza
Encontrarse a algún artista callejero en la Peatonal Sarmiento no cuesta nada. Es más, hasta a veces es fácil tropezarse con uno o dos o tres de ellos. Músicos, retratistas, hombres arañas (ahora uno es un héroe por atrapar a un arrebatador), malabaristas, payasos y hasta monologuistas. No obstante, algunos pocos logran vivir de este oficio.
En la tarde de este domingo en la Peatonal había un hombre hablando y alrededor de él, unas 80 personas atentas, por momentos riendo. El Post queda sobre esta arteria mendocina, por lo tanto es sencillo para los periodistas de este diario encontrarlos. Con esto también es importante decir que no importa quién la escribe a esta nota, cualquier lo podría haber hecho y su relato tendría su impronta con mejor pluma, seguramente.
Volviendo al hombre, de entre 55 y 60 años, que desplegaba sobre Sarmiento y España su arte y su modo de vivir. Allí, entretenía a este nutrido grupo de personas con lo que sabía y podía. Lo importante y que llamó la atención es que nadie se iba, todos se quedaban.
El artista callejero tenía un set, quizá la palabra sería muy ostentosa para él, sencillo. Mejor digamos que no era un set, era una charla cuasi guionada que en la que introducía chistes o chanzas con periodicidad y que le brindaban mantener la tensión. No era un humorista, tampoco un payaso, era solo un hombre hablando con la gente, intentando que pase un buen momento y si lo lograba, entonces se ganaba la vida.
En un momento avisó que en instantes llegaba el momento en que todos comenzaban a irse. Era claro de qué hablaba: pasaría la gorra. No fue así. Aclaró que esa no era su modalidad de trabajo y que pedía por su tiempo $10 a quienes disfrutaron de ese momento, al que no le gustó lo que hizo, pues que no le pagaran nada.
La verdad… era de esperar una estampida de personas hacia los cuatro puntos cardinales. Nueva presunción equivocada. Apenas se fueron dos o tres. El artista pasó con una bolsa, no una gorra, y muchos le dieron esos $10. No importa la cantidad, no valía la pena detener a contar cuánto consiguió.
Muchos sin dudas sacarán cuentas y pensarán que es mucho, otros que es poco, otros se preguntarán si paga impuesto o no y a otros ni les importará.
Como sea, pocas veces se ve a las personas, en grupo, pagando por una actividad artística callejera, quizá sea esto lo que llama más la atención.
Posiblemente para este artista callejero, sea una variable, en otras oportunidades no ve un peso, un mango y hasta le hacen sentir que molesta. De todos modos, continúa con este duro oficio y que, al menos este domingo, se fue a su casa con el corazón una pizca más alegre, y su estómago también.



