La foto de un niño que muere

Pero si esta muerte no tiene causales políticas, si todo lo que hicieron desde el Gobierno estuvo bien, es probable que se repita una y mil veces.

La foto de un niño que muere

Por:Ernesto Tenembaum
Periodista

 La semana pasada dos fotos de niños muertos conmovieron a la Argentina. Una de ellas provino de Europa. En ella se veía a Aylan, un nene de tres años de edad, boca abajo, vestido con su blusa roja, sus bernudas azules, sus botines negros, apenas acurrucado, mientras lo humedecían las olas que llegaban, débiles, hasta él. En la otra, el protagonista aparecía entubado, en la cama de un hospital chaqueño, sus brazos como huesos, tal vez tratando de asirse al aire como a la vida, por última vez. La primera foto generó un terremoto político en Europa. La segunda, como correspondía, provocó algo similar en la Argentina. Quizá sea necesario ordenar un poco la información sobre como ocurrió para entender el drama que expresa.

Oscar Nuñez, el niño chaqueño, padecía tuberculosis, probablemente desde su nacimiento. No era algo inesperado. Su mamá también padecía la misma enfermedad, como la mayoría de sus familiares. Algunos de ellos recibieron tratamiento completo y la superaron. Otros tratamientos se interrumpieron por falta de medicación o por falta de estreptocalcio, porque muchos de ellos sufren de una malnutricción mal tratada. El tratamiento contra la tuberculosis es como una quimioterapia, es decir, muy agresivo, tiene efectos colaterales muy duros, entre los cuales, figuran ensoñaciones, vómitos, chuchos. Los pacientes se sienten más enfermos cuando empiezan a tomar las pastillas. Y entonces, no creen en el tratamiento. Por eso es tan importante el seguimiento del sistema, del médico o del agente sanitario para alentar a que continue y asegurarle que se va a curar si lo termina. La interrupción tiene efectos letales, porque cuando la tuberculosis queda abierta destroza los órganos vitales. Y el enfermo se transforma en una fuente de contagio formidable dentro del grupo familiar.

En abril de este año, se produjo en el Chaco un pequeño escándalo porque una enfermera denunció que se estaba interrumpiendo, por falta de medicación, el tratamiento de 40 pacientes con tuberculosis. La enfermera es de origen toba. Se llama Soledad Ayala. Su compromiso personal y humano con el tema es reconocido por las organizaciones sociales que se dedican al tema. Pero no por el Gobierno: fue inmediatamente despedida por contar lo que no se debe contar. Si se desconocen estos elementos, es difícil entender por qué, a lo largo de los años, la tuberculosis no es derrotada en el Chaco.

Oscar Nuñez también estaba desnutrido. Tampoco eso era casual. Oscar pertenecía a una población que, en su mayor parte, se alimenta mediante una monodieta hidrocarbonada, con base en la harina, en la grasa y sus derivados. Entonces, son personas que en algunos casos están desnutridas y en casi todos los casos malnutridas o anémicas. Además, al consumir estos alimentos, muchos de ellos se enferman de hipertensión y diabetes. Esos cuadros se asocian a enfermedades que ya son letales, como la tuberculosis.

Durante el parto, la mamá de Oscar sufrió eclampsia y, como consecuencia de ello, él nació con hidrocefalia. Perdió la movilidad a muy temprana edad.

El miércoles de la semana previa a su muerte, Oscar fue internado en el hospital Nestor Kirchner, de Río Bermejito, del cual depende la localidad de Fortín Lavalle, que es donde está ubicada la vivienda de la familia Sánchez. Allí hay un puesto sanitario B, que no tiene médico. Los rondines médicos que se deben hacer desde el hospital no son regulares, porque en algunos casos no hay ambulancias, o no hay médicos, o no hay combustible. Se trata de una zona sanitaria amplia, donde viven 8000 familias, en un territorio de 40 mil metros cuadrados.

Toda esta información fue provista por el Centro de Investigación Nelson Mandela, que denuncia la situación de los qom desde hace años, en absoluta inferioridad de condiciones. 

El Centro Mandela tiene documentadas las muertes, por causas evitables, de seis niños qom en lo que va del año.

Jorge Capitanich, el líder del peronismo chaqueño, es un hombre riquísimo, como Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Daniel Scioli o José Alperovich. Su origen es de una clase media normal. Su salto económico personal se produjo durante el menemismo, cuando asesoró en la privatización de varios bancos de la región. Su familia hoy es productora sojera y la abundancia en la que vive se refleja en múltiples y conocidos eventos de su vida familiar. Fue, como tantos, menemista, duhaldista y kirchnerista, cuando debió serlo. A fines de los noventa publicó un libro en el cual explicaba cómo el neoliberalismo iba a salvar al Chaco, pero secuestró practicamente todos sus ejemplares cuando los tiempos cambiaron. En 2012 difundió un video donde se expresa categoricamente contra el aborto porque, dijo, contradice "el plan de Dios". Es falso que el Estado no conociera sobre la existencia de la familia Nuñez, ya que de la chimenea de su casa colgaba material proselitista en favor del partido político de Capitanich.

La reacción oficial fue un clásico. Cristina Fernández apeló a su habitual doble standard. El niño que muere en la playa turca mereció un melodrama. El que murió en el Chaco, solo silencio. Su jefe de Gabinete, Anibal Fernández, fue más claro. Repudió la publicación de la foto y luego atribuyó la muerte del niño a una serie de patologías donde no aparecen causas sociales: era solo un caso individual. "La muerte del niño se produjo por un cuadro de salud muy grave y complejo; estamos hablando de un chico que tenía hidrocefalia, lo que sumado a la neumonía que padecía le generó un deterioro grave y permanente que lo llevó a perder su vida". Luego valoró la gestión sanitaria de su antecesor en el cargo, Jorge Capitanich. "¿Qué tiene que ver el gobierno nacional? ¿También nos van a acusar del hambre en Africa?", preguntó. El ministro de Salud le echó la culpa a la cultura indigena. "Ellos prefieren atenderse con chamanes", dijo.

Al coro se sumó el escritor chaqueño Mempo Giardinelli quien escribió una nota indignada pero no con la muerte del niño sino con la publicación de la foto. Estaba tan indignado que calificó como "canalla mediática" a los colegas que decidieron publicarla. A diferencia de Fernández, Giardinelli reconoció los componentes sociales en la muerte del niño, aunque los atribuyó a herencias del pasado contra las cuales está luchando Jorge Capitanich, a quien en otros momentos, calificó como un estadista.

La bronca ante la aparición de una foto es una expresión más de la manera en que reacciona el kirchnerismo cada vez que surge la pobreza en el debate público. Es un elemento que, extrañamente, les hace perder el equilibrio. Hace un par de semanas, esa misma indignación se manifestó cuando Carlos Tevez contó, al pasar, durante un largo reportaje, que lo sacudía el contraste entre el hotelazo formoseño donde se hospedó en la previa de un partido y la pobreza que lo rodeaba. En esos mismos días, Anibal Fernández dijo que las cifras de pobreza que difunde el Observatorio Social de la Iglesia son elaboradas por "un hombre del Pro". Luego de una persecución miserable, el Indec echó de malos modos a la prestigiosa funcionaria que medía la cantidad de pobres en el país. Mintió respecto a ellas durante años hasta que, en uno de los geniales aportes de la gestión Kicillof, resolvió dejar de publicarlas. Una periodista, hace unos meses, se atrevió a preguntarle al ministro sobre cuantos son los pobres. "El indice de pobreza es algo bastante estigmatizante", dijo.

Es difícil acusar al gobierno chaqueño por la muerte de Oscar Nuñez. Probablemente, si hubiera nacido en Canadá, Oscar también habría muerto. Un niño que nace tuberculoso e hidrocefálico seguramente tendría un pronóstico muy delicado aun con la mejor de las atenciones. Probablemente, de todos modos, no habría muerto desnutrido. Tal vez le habrían curado la tuberculosis. Quizás el sistema sanitario lo habría atendido mejor. Pero Capitanich tiene derecho a argumentar que él llegó al poder hace ocho años, cuando todo estaba más o menos jugado.

Pero esa foto dice otras cosas. Sin esas condiciones extremas, el parto tal vez habría sido normal. Y Oscar no habría tenido hidrocefalia. Con un plan sanitario ambicioso, la mamá y su familia quizás no habrían tenido tuberculosis. Y entonces Oscar estaría correteando entre otros chicos.

La reacción negadora y curiosamente indignada del oficialismo nacional y provincial explica en parte por qué se repiten estas muertes evitables, este drama. Con expresar dolor, plantear que hay desafíos pendientes, realizar alguna autocrítica sobre lo que no se ha logrado hacer, proponer un plan de emergencia sanitaria, embarrar menos el debate, quizá, serían más confiables.

Pero si esta muerte no tiene causales políticas, si todo lo que hicieron desde el Gobierno estuvo bien, es probable que se repita una y mil veces. Tal vez, para el Gobierno, la muerte de Oscar fuera parte de aquello que Capitanich supo definir como "el plan de Dios".

En ese caso, ¿quien sería el canalla?