Una ofensiva con miles de objetivos, la muerte del líder supremo iraní y un impacto directo en el petróleo mundial marcaron el inicio de una crisis que reconfigura el escenario global.
Claves para entender el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán
La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán a fines de febrero reconfiguró el mapa geopolítico en Medio Oriente y abrió un escenario de máxima tensión internacional. La operación, bautizada "Furia Épica", implicó ataques coordinados sobre instalaciones militares, bases de misiles y puntos vinculados al programa nuclear iraní, con un despliegue que, según reportes internacionales, alcanzó más de 2.000 blancos en al menos 20 zonas del país.
El presidente Donald Trump justificó la ofensiva al señalar que el objetivo era impedir que Irán desarrolle armas nucleares y frenar su capacidad misilística, en un contexto en el que Washington y Teherán mantenían negociaciones abiertas sobre ese tema. Desde la Casa Blanca también se sostuvo que Irán representa una amenaza para aliados estratégicos y bases estadounidenses en el exterior.
Uno de los hechos más impactantes de la operación fue la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, quien llevaba más de tres décadas en el poder. Tras su fallecimiento, el control político quedó en manos de un consejo provisional de liderazgo, mientras crece la incertidumbre sobre quién será su sucesor en un sistema donde la figura del líder supremo concentra el poder institucional y religioso.
Trump, Alí Jameneí y Netanyahu.
El ataque se produjo en un contexto interno extremadamente delicado para Irán. Desde fines de 2025, el país venía atravesando protestas masivas contra el régimen, con cifras de víctimas que varían de miles a decenas de miles de muertos según distintas fuentes, además de decenas de miles de detenidos. Esa situación fue utilizada por Trump como argumento político para justificar la ofensiva y, además, envió un mensaje directo a la población iraní alentando un eventual cambio de régimen.
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La respuesta iraní no tardó en llegar. Bajo la operación "Promesa Verdadera 4", Teherán lanzó ataques contra bases estadounidenses y objetivos vinculados a Israel en distintos puntos de Medio Oriente. Se registraron explosiones en países del Golfo como Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar y Arabia Saudita, lo que amplió el alcance del conflicto y encendió alarmas sobre una posible escalada regional. Analistas advierten que Irán también podría avanzar con ciberataques o acciones indirectas contra intereses occidentales.
En paralelo, la ofensiva de Washington generó fuertes cuestionamientos legales. Especialistas en derecho internacional sostienen que la acción podría violar tanto la Carta de las Naciones Unidas, que limita el uso de la fuerza, como la legislación interna estadounidense, en particular la Resolución de Poderes de Guerra, que obliga al Ejecutivo a informar al Congreso en plazos específicos. Aunque el gobierno aseguró haber comunicado la operación a un grupo reducido de legisladores, expertos consideran que ese paso no cumple con los requisitos formales.
El impacto del conflicto no se limita al plano militar. Uno de los puntos más sensibles es el estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo. Como parte de su respuesta, Irán interrumpió el tránsito en esa zona, lo que genera preocupación en los mercados energéticos y anticipa posibles subas en el precio del crudo.
El vínculo entre este bloqueo y la economía global es directo. Estudios del Fondo Monetario Internacional indican que un aumento del 10% en el precio del petróleo puede trasladarse rápidamente a la inflación, con efectos tanto en países desarrollados como en economías emergentes. En ese contexto, el conflicto no solo redefine el equilibrio político en Medio Oriente, sino que también proyecta consecuencias económicas a escala global.
Mientras tanto, la incertidumbre domina el escenario. Con una campaña militar que podría extenderse varias semanas y una respuesta iraní en marcha, el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán se consolida como uno de los focos más críticos del sistema internacional actual, con derivaciones aún imprevisibles.



