Una iniciativa que combina reciclaje, tecnología y trabajo comunitario para crear hogares con impacto social y ambiental.
Cómo transformar botellas de plástico en tu propia casa
En pleno siglo XXI, la construcción no tiene por qué ser sinónimo de cemento, desperdicio y desigualdad. Lucas Recalde, director de 3C Construcciones, confesó al sitio Greentech que todos los días transforma botellas de plástico en casas funcionales, accesibles y sostenibles, combinando tecnología, comunidad y conciencia ambiental.
De la preocupación social a la innovación
"Siempre me preocupó lo social. Vivir en sociedad significa cuidarnos entre todos", dijo Lucas. Recordó que su camino hacia la construcción sostenible empezó en el campo, con proyectos de agroturismo y empleo local, especialmente para mujeres sin capacitación formal. Con el tiempo, agregó, surgió "Vale la pena", un proyecto de responsabilidad social que derivó en bioconstrucción, huertas y tambos, hasta desembocar en casas hechas con botellas de plástico.
Los muros de plástico reciclado ofrecen aislamiento, resistencia y bajo peso, ideales para autoconstrucción (Créditos 3C Construcciones).
Tecnología pensada para la gente
Recalde explicó que lo que hace distinta a 3C no era solo la idea de usar plástico reciclado: la tecnología debía adaptarse al contexto social y ambiental. "No se trata de que la gente se adapte a la tecnología, sino de diseñar tecnología que se adapte a la gente", afirmó.
Cada botella PET se prensaba y formaba parte de un fardo que, combinado con madera y otros materiales locales, conformaba muros livianos, aislantes y resistentes. Según remarcó, la construcción seguía el sistema Wood Frame, reduciendo el uso de hierro y cemento, y permitiendo que incluso quienes no tenían experiencia pudieran colaborar en la obra.
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Casas finalizadas: una alternativa real y accesible frente al déficit habitacional.
Triple impacto: social, ambiental y económico
Asimismo, explicó que el corazón de su proyecto era el triple impacto: empleo local, reciclaje de residuos y viviendas de calidad. "Alguien construido, cuida su medio ambiente. Alguien destruido, no", confesó. Agregó que cada proyecto no solo ofrecía un techo, sino también valor social y ambiental, ya que pagar por la recolección del plástico incentivaba a los barrios a involucrarse en la recuperación de residuos.
Una respuesta al déficit habitacional
Recalde señaló que en Córdoba y otras provincias, la falta de viviendas asequibles era un problema enorme. Las casas de 3C, dijo, permitían autoconstrucción en comunidad, aprovechando recursos locales y ofreciendo un modelo económico viable. "Si complejizamos el problema y pensamos en técnicas, territorio y comunidad, la solución es posible", aseguró.
Hacia un futuro sostenible y compartido
El desafío, explicó, era consolidar la red productiva: integrar ONGs, universidades, gobiernos y emprendedores para que la construcción sostenible fuera escalable y replicable. "Jugamos de manera interdependiente: todos los actores deben beneficiarse para que el sistema funcione", concluyó.
Lo que empezó como un proyecto social en el campo se convirtió, según el director de esta empresa de constrcción, en una alternativa real al déficit habitacional, un ejemplo de economía circular y una inspiración para pensar la construcción de otra manera: inteligente, solidaria y sustentable.
Los hogares construidos generan empleo y fortalecen la economía local.
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