La banda neoyorquina repasó sus clásicos en 23 Ríos y demostró que cuatro décadas después sigue sonando con una precisión y energía admirables. Profesionalismo, técnica y una conexión intacta con el público marcaron la noche.
Living Colour en Mendoza celebró sus 40 años con la potencia intacta
Este domingo, Living Colour desembarcó en Mendoza como parte de su gira por los 40 años y dejó en 23 Ríos una exhibición de oficio y contundencia. La banda formada en Nueva York en 1984 mostró que el paso del tiempo no les quitó filo: al contrario, los consolidó como un grupo que domina el escenario con naturalidad y precisión quirúrgica.
El set arrancó con "Glamour Boys" y rápidamente dejó en claro el tono de la noche con todo el "power". Siguieron "Memories can't wait", "Leave It Alone" y "Desperate People", en una primera parte que combinó potencia y matices. La lista continuó con "Ignorance is bliss", "Go Away" y "Funny Vibe", donde el groove y la interacción entre los músicos se volvieron protagonistas.
Uno de los momentos más celebrados fue "Bi", que sonó ajustada y vibrante, y más adelante el solo de batería que antecedió a "This Is the Life", una demostración clara del nivel técnico que mantiene la banda. En vivo, cada integrante encuentra su espacio sin perder cohesión: la guitarra filosa, el bajo profundo, la batería sólida y la voz firme funcionan como un engranaje aceitado.
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El tramo medio incluyó "Nothingness", "Doug Hop", "Love Rears its ugly head", "Pride", "Type" y "Cult of personality", un recorrido que dejó en evidencia la versatilidad del grupo, capaz de moverse entre el rock, el funk y el metal sin perder identidad. La ejecución fue precisa, sin fisuras ni concesiones.
Para el cierre, llegaron "Solace of You" y "Time's Up", coronando un show que combinó memoria y presente. No hubo gestos grandilocuentes ni artificios innecesarios: el protagonismo estuvo en la música y en la calidad interpretativa.
A 40 años de su formación, Living Colour confirmó en Mendoza que la experiencia no es rutina, sino madurez artística. La banda se mostró impecable, con un profesionalismo que se percibe en cada detalle y un virtuosismo que sigue marcando la diferencia en el escenario.



