Con ventas internas en retroceso, exportaciones que no repuntan y precios atrasados frente a los costos, la vitivinicultura cerró 2025 en un escenario de fuerte tensión. El diagnóstico surge de datos oficiales aún provisorios, a la espera de que el INV publique las cifras de diciembre.
Menos consumo, más stock y crisis: el balance de la vitivinicultura tras 2025
La vitivinicultura argentina atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Al cierre de 2025, el sector muestra una combinación delicada: caída del consumo interno, dificultades para colocar excedentes en el mercado externo y un nivel de stock que presiona a toda la cadena, desde el viñatero hasta las bodegas industriales.
Según el Informe Mensual del Mercado Interno del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y noviembre de 2025 la comercialización de vinos cayó 3,7% interanual, un dato que refleja un consumo debilitado y que debe leerse como provisorio, ya que aún resta conocer el comportamiento de diciembre.
La baja fue más marcada en los vinos sin mención varietal y en los blancos, mientras que los varietales lograron sostenerse e incluso mostrar un leve crecimiento, aunque insuficiente para compensar la retracción general.
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En noviembre, el consumo per cápita se ubicó en 1,34 litros por habitante, con una caída interanual superior al 12%, confirmando una tendencia descendente que ya no responde solo a factores coyunturales, sino a cambios más profundos en los hábitos de consumo.
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Mendoza resiste, pero no escapa a la crisis
Mendoza, que concentra más del 90% del vino despachado al mercado interno, mostró un desempeño mejor que el promedio nacional. Entre enero y noviembre, la caída acumulada fue de apenas 0,8%, muy por debajo del registro nacional. Sin embargo, el dato no alcanza para despejar las señales de alerta.
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La provincia logró sostener parte de su actividad gracias al empuje de los vinos varietales, que crecieron 4,7%, con un fuerte aporte de los varietales blancos. Aun así, los vinos comunes y el menor dinamismo del consumo interno continúan generando acumulación de stock y presionan sobre los precios.
Menos exportaciones y precio planchado
El frente externo tampoco trajo alivio. Las exportaciones de vino cerraron 2025 con una caída cercana al 6,8% en volumen, afectadas principalmente por el retroceso del vino a granel. Esta menor salida al exterior redujo la capacidad de rotación de los excedentes y trasladó la presión al mercado interno.
En paralelo a esta situación, los precios del vino al productor llevan casi dos años sin actualizaciones significativas, por otra parte los costos productivos, -energía, insumos, logística y mano de obra- siguieron en alza.
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El resultado es un desfasaje que dejó fuera de rentabilidad a numerosos productores, especialmente a aquellos con rindes promedio, y comenzó a impactar de lleno en las estructuras financieras de las bodegas.
De cara a 2026, las estimaciones preliminares indican que Mendoza podría tener una vendimia entre 7% y 8% menor. Sin embargo, esa merma no alcanza para corregir el desequilibrio estructural entre oferta y demanda: el problema ya no es solo cuánto se produce, sino cuánto se logra vender.
Con menos consumo, exportaciones débiles y precios contenidos, la crisis dejó de ser exclusiva del eslabón primario y se trasladó con fuerza al sector industrial.
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