En tres décadas, Mendoza pasó de tener más de 35.000 hectáreas a apenas un remanente marginal de estas frutas. Falta de rentabilidad, escaso financiamiento y pérdida de competitividad explican la caída de dos cultivos históricos de la región.
Caída sin fin: por qué la pera y la manzana casi desaparecieron en Mendoza
La producción de pera y manzana en Mendoza, especialmente en el Valle de Uco, atraviesa una de sus peores crisis históricas. Lo que alguna vez fue un polo frutícola dinámico, con más de 35.000 hectáreas cultivadas, hoy quedó reducido a cifras marginales: apenas unas mil hectáreas de manzana y aún menos de pera, según estimaciones basadas en los últimos censos.
Así lo describió Carlos Dávila, presidente de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Turismo de Tunuyán (CIAT), quien trazó un diagnóstico claro: el principal problema fue la pérdida de rentabilidad.
"El productor se fue descapitalizando y dejó de hacer las labores culturales básicas, como poda, fertilización o renovación de montes", explicó.
Ese deterioro productivo tuvo un efecto en cadena. La caída de la actividad no solo afectó a los productores, sino también a toda la estructura asociada: empaques, frigoríficos, transporte y mano de obra. En términos económicos, significó la ruptura de una cadena de valor clave para el desarrollo regional.
A diferencia de otros cultivos como la vid, que permiten mayor flexibilidad ante años malos, la fruticultura de pepita requiere inversión constante. Sin capital de trabajo, los montes envejecen rápidamente y se vuelven improductivos. "Recuperar un monte frutal es mucho más difícil que sostenerlo", advirtió Dávila.
Para ilustrar el panorama, en 2008 Mendoza exportaba US$ 71 millones en peras y US$37 millones en manzanas, esas exportaciones juntas superaban al ajo, que exportaba US$ 78 millones en aquel año. El retroceso fue tal que, en 2025, se exportaron US$ 32 millones de peras y US$6,7 millones en manzanas, ambas sumadas quedaron muy por detrás de los US$ 123 millones de exportaciones en ajos a nivel provincial.
Atrás quedaron los años en los que las reinas de la Vendimia lanzaban peras y manzanas desde los carros. Las frutas fueron retrocediendo en Mendoza y la producción de las mismas "se mudó" a otras zonas del país.
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En paralelo, Mendoza perdió ventajas competitivas que supo tener frente a otras regiones. La posibilidad de ofrecer fruta temprana -la llamada "cosecha primicia"-, que permitía llegar antes a los mercados internacionales y obtener mejores precios, "no fue aprovechada estratégicamente", asegura Dávila. A esto se sumó la falta de incorporación de tecnología, baja integración entre productores y escasa innovación en variedades.
Por otro lado, el contexto externo también jugó en contra. La fuerte dependencia del mercado brasileño para exportar peras y manzanas dejó al sector expuesto a cambios en la demanda. Mientras tanto, países competidores como Chile avanzaron con políticas sostenidas de financiamiento, tecnología y apertura de mercados. "Nos pasó por arriba en los últimos 20 años", resumió el dirigente empresario.
Chile, por ejemplo, exportó en el último año US$ 800 millones en peras y manzanas. Además, también exporta uvas en fresco y US$ 3 mil millones en cerezas, ambos mercados en los que Mendoza podría competir, pero no.
Ante este escenario, muchos productores optaron por reconvertirse. La vitivinicultura primero, y más recientemente los frutos secos, absorbieron gran parte de las tierras que antes se destinaban a pera y manzana. Este cambio productivo explica en buena medida la transformación del perfil agrícola del Valle de Uco.
Sin embargo, Dávila advierte que aún hay lecciones por aprender. Señala la necesidad de una política agrícola de largo plazo, con acceso a financiamiento en condiciones competitivas -plazos más extensos y tasas más bajas- y nuevos modelos de integración que permitan a los productores participar también en la comercialización.
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Hoy, mientras en el Alto Valle de Río Negro la actividad muestra algunos signos de recuperación gracias a su cercanía a puertos y mayor diversificación de mercados, en Mendoza el desafío es más profundo: aunque las manzanas y las peras ya no vuelvan, la provincia deberá pensar su estrategia productiva para no repetir los errores del pasado.
"El productor ya no puede solo producir: tiene que integrarse, innovar y mirar el mercado", concluyó Dávila. La historia de la pera y la manzana en Mendoza funciona así como una advertencia, pero también como una oportunidad para redefinir el futuro de la fruticultura provincial.
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