Por qué el precio de la manzana subió seis veces más que la inflación

La caída en la oferta disparó los valores en góndola y dejó a una de las frutas más consumidas del país en niveles históricos. Mientras tanto, otros alimentos aumentaron mucho menos.

Por qué el precio de la manzana subió seis veces más que la inflación

Por: Florencia Silva

En enero, el precio de la manzana en Argentina registró un salto abrupto que la convirtió en uno de los alimentos con mayor suba del mes, muy por encima de la inflación general.

Según datos oficiales del SENASA, el kilo promedio alcanzó los $4.745, con un aumento mensual del 18%. En ese mismo período, el índice de precios al consumidor avanzó apenas alrededor del 3%, lo que implica que la manzana subió seis veces más rápido que el promedio de la economía.

La principal explicación no está en la demanda ni en los costos de los supermercados, sino en algo más básico: hubo menos fruta disponible. Durante enero se comercializaron unas 15.800 toneladas, un volumen significativamente menor al habitual para ese mes. 

 Según datos oficiales del SENASA, el kilo promedio alcanzó los $4.745.

A esta escasez se sumó otro factor inesperado: la calidad de la fruta. Gran parte de la mercadería provenía de la cosecha anterior, almacenada en cámaras frigoríficas durante meses, pero llegó al mercado en condiciones muy buenas. Eso permitió sostener valores elevados incluso sin un aumento del consumo.

Ver: La Unión Frutihortícola alerta por los precios en Mendoza

Si se mide en dólares, el fenómeno es aún más evidente. El kilo se ubicó cerca de los 3,3 dólares, uno de los registros más altos de la última década. Para muchas familias, esto significa que una compra básica de frutas puede representar un gasto considerable dentro del presupuesto mensual.

Mientras la manzana se encarecía con fuerza, otros alimentos mostraron subas mucho más moderadas. Productos de consumo masivo como pan, arroz o fideos acompañaron la inflación general, sin saltos abruptos. Incluso dentro del rubro frutícola hubo comportamientos distintos: las peras, por ejemplo, registraron mayor oferta y aumentos menos pronunciados.

 Durante enero se comercializaron unas 15.800 toneladas, un volumen significativamente menor al habitual para ese mes.

El contraste refleja una característica típica del mercado de alimentos frescos: a diferencia de los productos industrializados, su precio depende directamente de la disponibilidad física. Factores como clima, almacenamiento o ritmo de cosecha pueden modificar los valores en cuestión de semanas.

De cara a los próximos meses, el comportamiento de la nueva cosecha será determinante. Si ingresa mayor volumen al mercado, los precios podrían moderarse. De lo contrario, la fruta seguirá ocupando un lugar incómodo en la lista de gastos cotidianos, en un contexto donde cada compra en la verdulería pesa cada vez más en el bolsillo.