La agroindustria en alerta por "la letra chica" del acuerdo Mercosur-UE

Desde el sector cerealero advirtieron que las naciones europeas podrían aplicar salvaguardas para proteger a sectores claves del campo.

La agroindustria en alerta por "la letra chica" del acuerdo Mercosur-UE

Por: Juan Manuel Lucero

La decisión de la Comisión Europea de habilitar mecanismos de protección para su sector agropecuario encendió luces amarillas entre productores y exportadores locales. Temen que las salvaguardas vacíen de contenido el acuerdo comercial antes de su ratificación.

La expectativa que generó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a cruzarse con una señal de advertencia para el agro argentino. 

La posibilidad de que los países europeos apliquen salvaguardas comerciales para proteger a sus productores locales abrió un nuevo frente de preocupación en los mercados internos, especialmente en aquellos sectores con fuerte perfil exportador.

La Comisión Europea resolvió avanzar con estos mecanismos a partir de la presión ejercida por el agro y por gobiernos nacionales, entre ellos el de Italia, que reclamaron su incorporación como condición previa para la firma definitiva del acuerdo. Las salvaguardas deberán ser discutidas en el Consejo y el Parlamento Europeo antes de la ratificación, pero su sola inclusión ya genera inquietud en el Mercosur.

Los productores locales temen que no sea un acuerdo que genere "igualdad" entre las partes.

Según un informe difundido por entidades que nuclean a los mercados locales, serían 24 los productos agropecuarios y agroindustriales que podrían quedar alcanzados por estas herramientas proteccionistas. La lista incluye bienes clave para la Argentina, como carne bovina y aviar, leche en polvo, quesos, maíz, arroz, azúcar, miel, etanol, biodiésel, ajo y cítricos -entre ellos limón, naranja y mandarina-, además de derivados industriales con valor agregado.

Las salvaguardas podrían activarse una vez que la Unión Europea considere demostrado que un aumento de las importaciones desde el Mercosur genera o amenaza con generar un daño a los sectores productivos locales. Si bien muchos parámetros aún deben definirse, los criterios en análisis incluyen dos disparadores centrales

- un incremento de las importaciones superior al 5% en un corto período, comparado con el promedio de los últimos tres años;

- o que el aumento de las exportaciones del Mercosur provoque una caída del 5% en el precio interno europeo.

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Para los exportadores argentinos, el mayor riesgo no está solo en los umbrales técnicos, sino en la discrecionalidad con la que los países europeos podrían aplicar estas herramientas para contener los reclamos de sus propios productores.

"Se puede matar el comercio"

La preocupación quedó plasmada en las declaraciones del presidente de la Cámara de la Industria Aceitera y del Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, quien advirtió sobre el impacto potencial de estas medidas. "Es una situación bastante preocupante, porque esto lo establece la UE unilateralmente", señaló.

Idígoras fue más allá al cuestionar el espíritu del acuerdo: "La razón de ser de un acuerdo es la creación de comercio, pero lo podés matar con las salvaguardias, porque si se aplican de manera irrestricta e imprudente, se convierten en un riesgo enorme en el flujo de comercio".

La industria aceitera es una de las que mostró su preocupación.

Según el dirigente, el argumento europeo carece de sustento económico. Las exportaciones del Mercosur hacia la Unión Europea, una vez en vigencia el acuerdo, "no significan ningún riesgo para Europa", y representan apenas el 1% del consumo aparente del bloque. "Esto es política pura", sintetizó.

Un debate que condiciona el acuerdo

El avance de las salvaguardas pone en evidencia las tensiones internas dentro de la Unión Europea y abre interrogantes sobre el alcance real del acuerdo con el Mercosur. Para la Argentina, y en particular para sus economías regionales, el temor es que las barreras se activen justo en los productos donde el país tiene mayor competitividad, limitando los beneficios esperados.

En ese contexto, el acuerdo comercial aparece cada vez más condicionado por la puja política y sectorial europea, mientras productores y exportadores argentinos observan con cautela un proceso que, lejos de despejarse, suma nuevas incertidumbres.

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