Aunque el Gobierno celebró que la inflación anual de 2025 fue la más baja desde 2017, el dato de diciembre dejó una señal incómoda: el IPC mensual trepó al 2,8%, casi el doble del registrado en mayo.
Inflación: la curva que el Gobierno prefiere no mirar
Tal como difundió el Gobierno y sus seguidores este martes, con la publicación del Índice de Precios al Consumidor de diciembre, el Indec ratificó que la inflación de 2025 (31,5%) fue la más baja desde 2017. Sin embargo, el mismo informe oficial contiene una señal que incomoda al relato oficial: el IPC mensual fue del 2,8%, consolidando así una tendencia que llevó casi a duplicar la inflación mensual en los últimos 8 meses.
En este punto, el Indec ratificó que la desinflación que el Gobierno exhibía como logro perdió fuerza desde mayo. En aquel mes, la inflación mensual había tocado un piso del 1,5%, alimentando expectativas de cerrar el año en un punto o menos. Sin embargo, lejos de consolidarse, ese proceso se dio vuelta: de mayo a diciembre la inflación casi se duplicó, escalando hasta el 2,8%, en una suba progresiva y sin retrocesos.
No se trata de un rebrote abrupto ni de un descontrol, pero sí de una dinámica que contradice el sendero que el oficialismo proyectaba a mitad de año y que hoy vuelve a encender luces amarillas sobre el arranque de 2026.
Entre las razones que explican este comportamiento sigue pesando la cuestión cambiaria. A lo largo de 2025, el dólar acumuló una devaluación cercana al 40%, pasando de la zona de los $1.100 a niveles próximos a los $1.500. Aunque la recesión ayudó a morigerar el traslado a precios, el impacto no desapareció: se filtró de manera gradual a través de costos dolarizados, insumos, logística y servicios, empujando el IPC mes tras mes.
A ese arrastre se sumó en diciembre un factor clave: la carne, que registró un aumento promedio del 8,2% mensual. No responde a desequilibrios macroeconómicos sino a tensiones propias del mercado interno, pero su peso dentro de la canasta es determinante. Ese salto terminó siendo decisivo para "tirar para arriba" el índice general y explicar buena parte del 2,8% de inflación del último mes del año.
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El impacto de la política y el salvataje de EEUU
Claro que hay una parte de esta historia que no se explica solo con variables económicas duras: la inflación empezó a moverse también al ritmo de la inestabilidad política y de una sucesión de señales contradictorias que el mercado leyó rápido.
El punto de partida fue el Congreso: comenzaron a sancionarse leyes que ponían en riesgo el orden fiscal, como las de financiamiento universitario y discapacidad, mientras el Gobierno no tenía mayorías propias y, peor aún, ni siquiera conseguía un tercio de los votos necesarios para blindar los vetos del presidente. Esa debilidad no pasó inadvertida: cuando el poder político aparece condicionado, la disciplina fiscal deja de ser una promesa sólida y pasa a ser una hipótesis discutible.
A esa tensión institucional se sumaron gestos públicos que terminaron siendo contraproducentes y, a posteriori, dejando mal parado al gobierno. El más simbólico fue el "comprá campeón" de Luis Caputo, una frase que buscó desdramatizar el atraso cambiario, pero terminó funcionando como una señal ambigua. No ayudó tampoco la narrativa oficial que acompañó la salida del cepo, con aquel streaming festivo de dirigentes y militantes cantando "el dólar flota". Flotó, sí, pero flotó hacia arriba, y ese movimiento se tradujo en los precios.
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El proceso se vio agravado por el calendario electoral, con las elecciones bonaerenses de septiembre que el Gobierno "nacionalizó" y tras la derrota terminó agregando una dosis extra de ruido político en un contexto ya cargado. Y el deterioro continuó hasta que apareció un factor externo: Estados Unidos. El respaldo político y financiero desde Washington ayudó a estabilizar el frente más delicado y evitó un escenario claramente peor.
Todo ese combo -fragilidad política, errores de comunicación, liberalización cambiaria sin anclajes fuertes, ruido electoral- fue erosionando el proceso de desinflación. No lo destruyó, pero sí lo frenó y lo dio vuelta. Por eso, aunque el dato anual permita posteos optimistas, la inflación mensual cuenta otra historia.



