La última planta de la emblemática marca deportiva podría cerrar debido al contexto económico. Los despidos y reducción salarial ya comenzaron, pero la situación no ha cambiado para la firma.
Topper al borde del cierre por las importaciones y caída de las ventas
La industria nacional se enfrenta a uno de sus escenarios más sombríos con la crisis que atraviesa la emblemática planta de Topper en Aguilares, Tucumán. Esta instalación, la última en pie que produce calzado e indumentaria de la marca en territorio argentino, se encuentra al borde del cese, amenazando no solo el sustento de casi mil familias, sino la permanencia misma de la marca en el mercado local.
El deterioro, que se profundizó de manera dramática durante 2024, tiene raíces profundas en una combinación de caída estrepitosa del consumo interno y una política de apertura de importaciones que ha dejado a la producción tucumana en una situación de vulnerabilidad extrema frente a los productos provenientes de Asia.
La historia reciente de la fábrica es un relato de desvinculaciones y retrocesos. El primer gran golpe ocurrió el año pasado, cuando la empresa despidió a 120 operarios, una cifra que continuó creciendo en febrero de 2025 con otras 23 desvinculaciones, acumulando un total de aproximadamente 150 puestos de trabajo perdidos en menos de dos años. Esta sangría de personal fue el preludio de un esquema de supervivencia que afectó directamente el bolsillo de quienes aún conservan su puesto: ante la imposibilidad de sostener el ritmo de producción por la falta de ventas, el gremio UTICRA y la compañía acordaron una reducción drástica de la jornada laboral.
El convenio, vigente desde junio del año pasado, eliminó el trabajo de los sábados y recortó la actividad de los viernes, dejando a los trabajadores con sueldos que rondan los $700.000, una cifra que hoy se sitúa muy por debajo de la canasta básica. El impacto es tangible y doloroso; los operarios perciben entre $150.000 y $200.000 menos por quincena, un sacrificio aceptado con la esperanza -cada vez más tenue- de evitar el cierre definitivo.
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La incertidumbre se ha visto alimentada en los últimos días por la apertura de un programa de retiros voluntarios cuyos pagos se realizarían en cuotas, una maniobra que desde los sectores gremiales es leída como un paso previo al cese total de la producción.
Mientras la competencia internacional genera una disparidad de costos insalvable para la industria local, la falta de avances en las negociaciones para renovar los acuerdos de jornada reducida ha puesto al sindicato en estado de alerta máxima.
En este contexto, la búsqueda de una mediación urgente con el Gobierno de Tucumán, encabezado por Osvaldo Jaldo, se presenta como la última instancia para intentar frenar una desaparición que parece inminente. Si la planta de Aguilares finalmente deja de operar, Argentina no solo perderá un polo productivo histórico, sino que Topper, una marca arraigada en la cultura deportiva del país, pasará a ser apenas un recuerdo de lo que alguna vez fue el motor del empleo en el interior del país.



