De la dictadura a Milei: qué fue gradualismo y qué fue shock en Argentina

A 50 años del golpe de 1976, la comparación entre aquel programa económico y el actual permite ver diferencias clave en la velocidad del ajuste, el rol del sistema financiero y el impacto sobre ingresos y patrimonio

De la dictadura a Milei: qué fue gradualismo y qué fue shock en Argentina

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

A cincuenta años del Golpe de Estado de 1976, la economía argentina vuelve a ofrecer un punto de comparación recurrente: cómo se aplican políticas de mercado en contextos de fuerte desorden. En ambos momentos, el punto de partida incluye inflación elevada, déficit fiscal y necesidad de estabilizar. La diferencia aparece en la forma en que se implementan las medidas y en el ritmo con el que se trasladan sus efectos.

Cuando José Alfredo Martínez de Hoz asumió, el programa económico de la dictadura no partía de una transformación total inmediata. La prioridad era ordenar la economía, reducir el déficit y recomponer precios relativos. La apertura comercial se proyectaba en varios años, lo que muestra un enfoque progresivo en su implementación.

Ese enfoque también estaba condicionado por factores políticos. Dentro del gobierno militar circulaba una idea que funcionaba como límite: "todo desocupado es un potencial guerrillero". Esa lógica implicaba evitar aumentos bruscos del desempleo, lo que moderaba el alcance de algunas decisiones económicas.

  José Alfredo Martínez de Hoz junto a Jorge Rafael Videla.

A la vez, el Estado mantuvo un rol activo en determinadas variables. Durante 1977 se aplicaron acuerdos de precios con empresas y los salarios no se liberaron completamente, sino que continuaron bajo cierto control. El tipo de cambio tampoco fue completamente libre: se administraba desde el Estado y más adelante se organizó mediante la tablita cambiaria, que anticipaba su evolución. Estos elementos muestran que el esquema económico de la dictadura combinó liberalización con intervención estatal.

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En paralelo, el modelo incorporó medidas de impacto más directo. La reforma financiera de 1977 modificó el funcionamiento del sistema bancario al liberar las tasas de interés y reducir regulaciones. El crédito pasó a depender de condiciones de mercado, con tasas elevadas en términos reales, lo que cambió los incentivos de la economía.

Ese cambio tuvo un efecto concreto con la circular 1050 del Banco Central, que estableció que las cuotas de los créditos hipotecarios se ajustaran según las tasas de interés. En un contexto de tasas en aumento, las cuotas crecieron de manera sostenida y muchos deudores tuvieron dificultades para cumplir con sus pagos. Esto derivó en ejecuciones hipotecarias y en cambios en la titularidad de propiedades.

Ese mismo proceso generó también oportunidades para quienes contaban con liquidez. En esos años, el matrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner desarrolló en Río Gallegos una actividad inmobiliaria que creció en ese contexto. La dinámica de remates y ventas forzadas permitió la adquisición de propiedades a bajo precio, en un mercado afectado por las deudas. Con el tiempo, ese proceso derivó en la acumulación de un patrimonio inmobiliario significativo.

Javier Milei impulsa un programa de ajuste fiscal y desregulación económica.

La tablita cambiaria, implementada en 1979, buscó ordenar las expectativas sobre el tipo de cambio. El gobierno anunció con anticipación la evolución del dólar, con la intención de que los precios internos acompañaran ese ritmo. Durante un período, el esquema contribuyó a reducir la incertidumbre, pero los precios no convergieron de la misma manera y la economía se encareció en términos relativos, lo que generó desequilibrios económicos que se hicieron evidentes con el cambio del contexto internacional.

El programa económico actual, bajo la presidencia de Javier Milei, también combina distintos elementos. Algunas decisiones muestran una implementación secuencial. El mercado cambiario no se liberó completamente desde el inicio y ciertas regulaciones heredadas se mantienen de manera transitoria mientras se avanza en la estabilización.

La lógica de este enfoque apunta a ordenar primero las variables centrales, como el equilibrio fiscal y la inflación, y avanzar luego en otros cambios. En ese sentido, la consolidación del programa se apoya en la evolución de los indicadores a lo largo del tiempo.

Al mismo tiempo, el programa incorpora medidas que se aplican en plazos más breves. El ajuste fiscal, la reducción de subsidios y la liberación de precios forman parte de una secuencia que impacta de manera directa en variables como los ingresos y el consumo en el corto plazo.

En la experiencia de los años setenta, los efectos del ajuste tendieron a distribuirse a lo largo del tiempo y a convivir con distintas formas de intervención estatal. En el esquema actual, en cambio, las medidas se aplican en plazos más breves, lo que hace que sus efectos sobre variables como los ingresos, el consumo o los precios relativos se perciban con mayor rapidez en el corto plazo.

  Cincuenta años después, los nombres cambian, los instrumentos se modernizan, pero la escena de fondo -la de una economía que se acomoda redefiniendo posiciones- sigue siendo, en esencia, la misma.