El acuerdo con EE.UU. abre oportunidades pero alerta en la industria

El economista Miguel Ponce, en diálogo con Radio Post FM 92.1, puso el foco en las contrapartidas del entendimiento.

El acuerdo con EE.UU. abre oportunidades pero alerta en la industria

Por: Federico Lemos

El acuerdo de comercio e inversión recíproca firmado entre Argentina y Estados Unidos fue presentado por el Gobierno nacional como un paso estratégico para ampliar exportaciones, atraer inversiones y mejorar el acceso al financiamiento internacional. Sin embargo, el análisis de sus implicancias reales abre un escenario más complejo, con oportunidades concretas, pero también con costos potenciales para la producción local y la política exterior argentina.

Así lo planteó el economista Miguel Ponce, director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior Siglo XXI, en diálogo con Radio Post (FM 92.1 en el Gran Mendoza y San Martín , 96.9 en Luján de Cuyo y 96.7 en La Paz), donde puso el foco en las contrapartidas del entendimiento.

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Según explicó, una lectura optimista destaca el acceso preferencial al principal mercado comercial del mundo, la posibilidad de atraer inversiones extranjeras en un contexto de desinversión interna y la apertura de oportunidades para sectores con ventajas comparativas, como servicios, tecnología y software. También se menciona una eventual baja de precios para los consumidores, en línea con el proceso de apertura económica en curso.

Sin embargo, Ponce advirtió que el acuerdo no entra en vigencia de manera inmediata. A diferencia de Estados Unidos, donde el comercio exterior puede quedar subordinado a decisiones presidenciales vinculadas a la seguridad nacional, en Argentina este tipo de tratados requiere aprobación del Congreso, lo que implica tiempos y debates políticos aún abiertos.

El impacto regional y el factor geopolítico

Uno de los principales puntos de preocupación señalados por el especialista es el impacto del acuerdo sobre el Mercosur, en particular sobre la relación con Brasil, y también sobre China, los dos socios comerciales más relevantes de la Argentina. Estados Unidos ocupa actualmente un lugar secundario en el intercambio total, lo que vuelve sensible cualquier reconfiguración de alianzas.

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En ese marco, Ponce subrayó que el acuerdo incluye compromisos para combatir prácticas comerciales desleales y exigir el cumplimiento de estándares laborales en los países de origen, una cláusula que apunta de manera directa al vínculo con China y que introduce un fuerte componente geopolítico.

Desde su mirada, este alineamiento con Washington implica una definición ideológica que podría tensionar relaciones estratégicas clave, especialmente en un contexto global marcado por disputas comerciales, tecnológicas y energéticas.

Ganancias sectoriales y riesgos estructurales

Entre los beneficios concretos, el economista mencionó la ampliación del cupo para exportaciones de carne vacuna, que pasaría de 20.000 a 100.000 toneladas, un salto significativo para el sector ganadero. No obstante, alertó que estos avances sectoriales no deben ocultar efectos más amplios.

La experiencia de otros acuerdos firmados por Estados Unidos, como el T-MEC (ex NAFTA) o los tratados con Centroamérica, muestra que pueden generar crecimiento exportador en algunos rubros, pero también desindustrialización, mayor desigualdad y pérdida de capacidad regulatoria en los países más pequeños.

En ese sentido, Ponce remarcó que la economía estadounidense es aproximadamente 40 veces mayor que la argentina, una asimetría que condiciona los resultados a largo plazo. Además, señaló que sectores industriales sensibles, como el siderúrgico, quedaron fuera del acuerdo, lo que representa un nuevo golpe para empresas locales de peso.

Mendoza: oportunidades y tensiones

Para Mendoza, el acuerdo abre un escenario mixto. Por un lado, el vino aparece como uno de los productos con potencial de crecimiento en el mercado estadounidense. También se destacó el caso de la papa prefrita, con impacto directo en la planta de Simplot, uno de los principales exportadores provinciales hacia EE.UU.

Pero, al mismo tiempo, la apertura implica el ingreso de productos alimenticios estadounidenses que compiten con producciones locales. Además, genera interrogantes sobre el régimen preferencial de inversiones en minería, especialmente en litio y tierras raras, insumos clave para el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial, que podrían quedar atados casi exclusivamente a capitales norteamericanos.

Otro punto sensible es el esquema de importaciones: según advirtió Ponce, podrían ingresar al país manufacturas y productos de origen agropecuario con controles simplificados, aprobados únicamente por organismos estadounidenses como la FDA, sin la intervención plena de entes nacionales como SENASA, lo que implicaría un cambio profundo en los estándares de control actuales.

Un acuerdo que aún debe pasar el filtro político

El entendimiento con Estados Unidos todavía debe atravesar instancias legales y parlamentarias en la Argentina. Mientras tanto, el debate se instala entre quienes lo ven como una puerta de entrada a nuevos mercados y quienes alertan sobre sus efectos estructurales en la industria, el empleo y la inserción internacional del país.

La discusión recién empieza y, como planteó el propio Ponce, el verdadero impacto del acuerdo dependerá no solo de sus beneficios inmediatos, sino de cómo reconfigure las relaciones comerciales, productivas y geopolíticas de la Argentina en el mediano y largo plazo.

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