A pesar de que aseguran que ya no hay prostíbulos en Mendoza, el Post encontró varios en la Ciudad, uno de ellos en la calle Catamarca.
Siguen los prostíbulos en Mendoza
A mediados de diciembre de 2012 el Concejo Deliberante de Mendoza aprobó una ordenanza que puso fin a la habilitación y funcionamiento de locales donde pueda ejercerse la prostitución en la Ciudad de Mendoza.
En uno de sus artículos, la norma consideró que no se tolerarían más los lugares "donde se realicen, toleren, promocionen, regenteen, organicen o de cualquier modo se faciliten actos de prostitución u oferta sexual, cualquiera sea su tipo o modalidad".
Detrás de la decisión había un justificativo cargado de buenas intenciones: terminar, de una buena vez y por todas, con la trata de personas.
En los días subsiguientes, decenas y decenas de locales dedicados a “la venta de sexo” fueron cerrados, uno tras otro. Algunos con más dificultad que otros, por cierto.
Como sea, a más de dos años de impulsada la medida de marras, ha habido un “reacomodamiento” del negocio.
Por un lado, ocurrió que muchas mujeres que eran explotadas —algunas en realidad trabajaban por voluntad propia— empezaron a manejarse por su cuenta.
Sin embargo, sucedió que muchos de los que hacen de la prostitución un negocio “por carácter transitivo” se las han ingeniado para burlar la justicia y seguir adelante con su rentable industria.
El Post encontró al menos tres lugares donde esto ocurre, uno de ellos ubicado en la calle Catamarca 131 de Ciudad. Puntualmente, en los pisos sexto y séptimo.
Las chicas que allí "trabajan" son regenteadas por una mujer que viene siendo investigada hace años por proxenetismo.
Ciertamente, es un lugar pintoresco, que se encuentra justo al lado de la Universidad del Aconcagua. Por allí, cada día pasan cientos de jóvenes y no tan jóvenes, muchos de los cuales desconocen qué ocurre puertas adentro.
(Una digresión de último momento: el lugar fue allanado por la municipalidad de Mendoza, aunque ya habían sido vaciados los departamentos).
“Estamos podridos, porque genera inseguridad permanente la entrada y salida de personas desconocidas del edificio”, dijo al Post una vecina que vive en el lugar.
-¿Son muchos los departamentos donde hay prostitución?
-Son tres, dos en el sexto y uno en el séptimo, lo peor es que en uno de ellos vive toda una familia. Es terrible.
-¿Existen denuncias al respecto?
-Sí, somos varios los que hicimos denuncias ya. Pero no pasa nada. La policía no hace nada, la municipalidad no hace nada. Nadie hace nada. Hace años que venimos con esto. La última denuncia la hicimos hace dos meses.
-¿Y nunca pasó nada?
-Una sola vez vino una inspección, pero los prostíbulos se hacen pasar por casas de familia y zafan. ¿Cómo probás lo contrario? Lo peor es que todo el mundo sabe lo que pasa ahí. Hasta los negocios de la zona. ¡Preguntale al kiosquero de enfrente!
Lo que dice la vecina es real: este diario hizo un mínimo chequeo con los comerciantes de la cuadra e incluso el "cuidacoches" y ninguno desconocía la cuestión. “Estoy buscando un prostíbulo que me dijeron que funciona en esta cuadra”, sostuvo este cronista ante todos y cada uno de ellos. Todos señalaron el mismo lugar: Catamarca 131.
La municipalidad no desconoce la situación: el Post pudo confirmar que al menos media docena de vecinos llamaron allí para denunciar ese tópico. ¿Cómo es que entonces no se allana el lugar?
No se trata del único sitio donde regentean mujeres: este diario encontró situaciones idénticas en Pedro Palacios al llegar a Catamarca y 9 de julio 780, entre otros.
Ergo: ¿Es posible que el periodismo conozca lo que ocurre y no así los funcionarios comunales?
La respuesta es obvia. La pregunta, apenas retórica.



