Testimonio: La Policía de Mendoza por dentro

Un ex agente contó cómo funciona la fuerza por dentro. Los tópicos más cuestionados.

Testimonio: La Policía de Mendoza por dentro

Por:Ana Montes de Oca
Periodista

“Ser policía es un trabajo donde entrás sano, te enferman y después te echan por no ser apto para la función”. Así comenzó el relato un ex agente que fue dado de baja luego de sufrir un accidente de auto que le lesionó la columna y que, a pesar de certificar la lesión, desde el ministerio optaron por retirarlo antes que darle un trabajo administrativo.

“Es que los trabajos administrativos son para los amigos, se ganan a fuerza de chuparle las medias a los jefes y comisarios, hacer todo lo que te dicen y no reclamar nada nunca”, explicó. Algo que hace un tiempo confesó el diputado Daniel Cassia a Mendoza Post.

“No hay cuestiones de plata de por medio, es decir, no es que entre policías se pasen plata para conseguir esos trabajos o más horas, pero sí tenés que hacer todo lo que te digan. Por ejemplo: si manejás un móvil y algo se rompió, te dicen que veas vos la manera de arreglarlo gratis, con algún amigo mecánico. Fijate cuánta plata dice el ministerio que gasta en repuestos para los móviles, pero si vas a los talleres donde los arreglan vas a ver que no hay repuestos de nada. Es más, los que arreglan los autos en los talleres son policías, algunos saben de mecánica y se dan maña, ¡pero no son mecánicos!”.

“Otra cosa es que te hacen cargo de la limpieza del móvil, pero no te dan ni una esponja, ni detergente, ni tiempo, entonces esas cosas vos las tenés que hacer cuando terminaste el turno, y entre esto y lo otro tu descanso es cada vez menor”, aclaró.

Agregó que el trato de los jefes es en general despectivo y con apodos humillantes: “Había un subcomisario que trataba mal a todo el mundo y una mujer lo denunció por acoso laboral en la Inspección General de Seguridad y en el momento que estaba poniendo la denuncia la llamaron al celular sabiendo lo que estaba haciendo. Si vas a la Inspección y preguntás cuántas denuncias hay contra comisarios o subcomisarios vas a ver que son un montón, pero si preguntás a cuántos se sancionó vas a ver que a ninguno”.

Además, no hay criterios específicos que indiquen qué sanción corresponde a qué falta, entonces queda a antojo del superior que puede llegar a “castigar” a un agente con días de suspensión sabiendo que cuando alguien acumula 61 días se le da la baja automática.

Estrés, ira, drogas y nada de control

El trabajo policial está mundialmente calificado como uno de los más estresantes, no sólo por el hecho de estar en situaciones peligrosas, sino por factores mucho más simples como la excesiva cantidad de horas, los turnos rotativos, la verticalidad de la institución donde un policía tiene que seguir órdenes esté o no de acuerdo con ellas, y la enorme responsabilidad de la función.

“Entre el cansancio por la cantidad de horas que trabajás y los malos tratos, toda tu personalidad se afecta. Entonces ves policías que tienen que manejar los móviles 24 horas seguidas, ¿quién puede hacer eso? Ahí es cuando empieza a correr la droga, por eso hay muchos policías que se drogan para poder aguantar, y después hay muchos que se vuelven violentos y llegan a la casa y se agarran con la mujer y los hijos. El tema es que no tenés nadie que te contenga. Si vas a Sanidad Policial no te ayuda nadie, ahí hay médicos pero no atienden, sólo te dan certificados sin revisarte. Te dicen que busques algún psicólogo de OSEP que, además de salirte caro sabés que si se enteran que estás yendo a un psicólogo vas a tener problemas porque vas a estar en la mira”, reclamó.

Lo realmente curioso es que conociendo esta realidad, a los policías no se les hacen estudios aleatorios, ni tampoco de rutina, para detectar consumo de sustancias. Si bien la normativa exige que los agentes deben realizar el psicofísico una vez al año, en la realidad son chequeados cuando ingresan y nunca más.

“Cuando entré al Instituto de Seguridad tuve una entrevista con un psiquiatra que duró cinco minutos. Me preguntó dónde queda Italia y cuánto es 42 dividido 7. Yo no sé qué diagnóstico psiquiátrico puede sacar de eso”.

Pocos, cansados, explotados y mal preparados

Otra gran mentira, según relató el ex policía, es el número de efectivos que hay en la provincia. “Siempre dicen que son diez mil y apenas son ni la mitad. Por eso te tienen trabajando todo el día porque no hay ingresantes, los que quieren ser policías tienen problemas serios, incluso muchos de ellos ingresan con alguna causa pendiente en la justicia y mientras hacen la instrucción se la van arreglando”, reveló.

“En el 2013 el gobernador anunció un aumento pero no fue así porque hicieron obligatorios los cupos de servicio. Antes vos tenías derecho a hacer hasta 30 cupos mensuales, cada cupo es de 4 horas, es decir, 120 horas mensuales pero voluntarias. Ahora estás obligado a hacer esas horas y te las pagan lo mismo que antes. Entonces hacés turnos de 24 horas por 48 de descanso, pero si te anotás para un servicio extraordinario (como la cancha o la custodia de un banco), lo hacés en tu franco. También cuando te mandan a entrenamiento físico obligatorio lo tenés que hacer en tu tiempo de franco porque no alcanzan los policías”, graficó.

Agregó que en el Instituto los preparan a medias porque “no terminan de enseñar bien los códigos ni las leyes, tenés bastante trabajo físico pero poca práctica de tiro, por ejemplo. A mí me dieron 24 balas y gasté 12 en práctica, pero nunca más me repusieron esas 12 y no las pude ir a comprar a una armería porque a nosotros no nos dan carné de portación de armas”.

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El negocio micro y macro

No es secreto que existen comisarios que viven como empresarios petroleros, sin embargo, el ex agente negó que se trate de grandes negocios (como el narcotráfico) “Debe haber comisarios que transan con los narcos, pero en su mayoría la plata la hacen alquilando la seguridad. La gente habla de la sensación de inseguridad pero es al revés: la inseguridad es una realidad, la seguridad es una sensación. Entonces el comisario manda a sus pollos a los negocios y les ofrece una consigna policial, o más patrullaje, o una garita de esas rodantes, y eso se cobra caro”.

“Esa plata no se reparte con los pollos sino que eso te hace amigo del comisario para pedirle favores, como ciertos trabajos específicos o más servicios extraordinarios”, amplió.

Un ejemplo de esto son los policías-tacheros. Cerca de 25 policías de Investigaciones trabajan como tacheros, alquilando el auto pero cobrando al mismo tiempo el sueldo del Ministerio porque “patrullan la zona”.

“El negocio grande, el macro, lo hace el Ministerio con esos servicios como los partidos o los bancos, porque esa tarea la cobra el Ministerio y después les paga a los policías. Lo que pasa es que ellos cobran un plus de gasto administrativo que no existe porque la tarea administrativa ya viene presupuestada, y además, porque si vos hiciste por ejemplo cinco horas en una cancha ellos cobran dos cupos completos pero al policía le pagan uno sólo. Además ponen cadetes del Instituto y a ellos no les pagan nada”.

Se supone, en realidad, que ese plus que se cobra por servicio extraordinario es para comprar insumos, pero los policías desde hace tiempo que carecen, por ejemplo, de credencial, porque el Ministerio no tiene plata para comprar el cartón negro que la recubre.

Mientras, cada año aumenta en el presupuesto provincial la cantidad de dinero destinada a “gastos reservados” del ministerio y se promete, en campaña, la profesionalización policial.