El oasis secreto de San Rafael para desconectarse del mundo

Un rincón verde en pleno desierto del sur mendocino combina silencio absoluto, paisajes imponentes y agua natural en abundancia. Un destino perfecto para quienes buscan descanso, naturaleza y turismo sin multitudes.

El oasis secreto de San Rafael para desconectarse del mundo

Por: Florencia Silva

En el extremo sur de San Rafael existe un lugar donde el tiempo parece avanzar más lento. Punta del Agua, un distrito rural cercano al límite con La Pampa, emerge como un verdadero oasis rodeado de territorio árido. La combinación de manantiales, arboledas y aire puro lo convierte en uno de los destinos menos conocidos -y más tranquilos- de la provincia.

La llegada ya anticipa la experiencia. Tras varios kilómetros de rutas poco transitadas, el paisaje cambia abruptamente: el gris del secano se transforma en un valle verde atravesado por cursos de agua y plantaciones. Ese contraste es parte del encanto que atrae a viajeros en busca de turismo de relax en Mendoza, lejos de los circuitos tradicionales.

El entorno natural es dominado por el cerro Nevado, que con sus más de 3.800 metros se alza como telón de fondo permanente. Desde distintos puntos del distrito se obtienen vistas abiertas de montañas, llanuras y cielos inmensos, ideales para fotografía, caminatas suaves o simplemente contemplación.

El agua es el recurso que explica la vida en esta zona. A diferencia de otros oasis mendocinos alimentados por ríos, aquí abundan los manantiales naturales y arroyos de origen mineral, lo que permite mantener vegetación frondosa durante todo el año. Álamos, sauces y especies autóctonas crean corredores verdes que aportan sombra y frescura incluso en verano.

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Entre las actividades más buscadas se encuentran las cabalgatas, senderismo de baja dificultad y turismo rural, propuestas pensadas para disfrutar del paisaje sin exigencia física. También es habitual observar fauna local, aves y cielos nocturnos extremadamente limpios, sin contaminación lumínica.

Uno de los atractivos más singulares son las llamadas Casas Vivas, construcciones integradas a árboles centenarios dentro de un entorno natural que recuerda a escenarios de fantasía. El área funciona como complejo para visitantes que buscan contacto directo con el ambiente y experiencias simples, sin urbanización intensiva.

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La economía local gira principalmente en torno a la ganadería y la producción agrícola, lo que refuerza su identidad rural. Pequeñas fincas, corrales y campos abiertos forman parte del paisaje cotidiano, aportando autenticidad a la experiencia turística.

El aislamiento geográfico es, paradójicamente, uno de sus mayores valores. Con una población reducida y distancias considerables respecto de los centros urbanos, Punta del Agua ofrece algo cada vez más difícil de encontrar: silencio real, aire limpio y sensación de amplitud.

Además de su función como destino de descanso, el lugar posee un microclima particular dentro de un valle relativamente protegido, lo que favorece actividades al aire libre durante gran parte del año. Para quienes desean desconectarse del ritmo urbano, el entorno invita a bajar la velocidad y reconectar con la naturaleza.

Entre arroyos, álamos y caminos rurales, Punta del Agua se consolida como uno de los secretos mejor guardados del turismo en el sur de Mendoza, un espacio donde la tranquilidad no es un servicio turístico sino una condición natural del territorio.

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