Este suministro integró la red de abastecimiento desarrollada en el siglo pasado y hoy es considerado un patrimonio clave del distrito.
El último rastro vivo del antiguo sistema de agua en Luján
En una esquina donde hoy conviven calles arboladas, acequias y una creciente transformación urbana, un antiguo surtidor de agua de la década de 1930 sigue en pie como testimonio del origen moderno del servicio público en Mendoza. En Chacras de Coria, el punto de Viamonte y Almirante Brown no solo conserva su estructura: también mantiene activo un fragmento de la vida cotidiana de otra época.
Ubicado en el distrito de Chacras de Coria, este surtidor forma parte de un sistema que nació con la llegada del agua potable a Luján de Cuyo en 1908, en un contexto de expansión agroproductiva y crecimiento urbano incipiente en el oasis mendocino. De acuerdo con investigaciones del grupo de Historia y Conservación Patrimonial del INCIHUSA (CONICET), la red inicial se concentró en torno a la plaza departamental, epicentro del desarrollo urbano de la época, antes de expandirse hacia distritos como Chacras de Coria a partir de los años 30 .
En ese período, y como respuesta directa a las demandas vecinales, se instalaron surtidores públicos estratégicamente distribuidos para garantizar el acceso al agua potable en zonas en crecimiento. El sistema se abastecía del río Blanco, cuya agua era utilizada principalmente para consumo humano por su calidad, mientras que otras actividades domésticas seguían dependiendo de acequias y canales tradicionales .
Un sistema urbano que marcó una época
Según el registro académico del CONICET, en Chacras de Coria llegaron a instalarse alrededor de ocho surtidores públicos, ubicados en puntos de alta circulación o densidad habitacional. Estos dispositivos permitían a los vecinos transportar agua en damajuanas hacia sus hogares, consolidando una forma de abastecimiento comunitario que combinaba infraestructura pública y vida barrial.
Con el paso del tiempo, la mayoría de estos surtidores desaparecieron o quedaron como vestigios urbanos. Sin embargo, el de Viamonte y Almirante Brown es uno de los pocos que aún conserva funcionalidad parcial y valor social activo, convirtiéndose en un punto de referencia dentro del paisaje chacrense.
Patrimonio, paisaje y transformación urbana
Más allá de su función original, el surtidor es hoy interpretado como parte de un paisaje cultural: una red donde se articulan infraestructura, naturaleza y memoria colectiva. Investigadores del INCIHUSA destacan que estos elementos no pueden entenderse de forma aislada, sino como parte de una trama territorial que incluye acequias, arboledas centenarias y viviendas históricas.
En el entorno inmediato del surtidor, aún sobreviven calles bordeadas por plátanos y álamos, que cumplen un rol fundamental en la identidad del distrito: generan sombra, moderan el clima y acompañan la estructura del paisaje rural-urbano típico de Chacras de Coria.
En este sector, además, se reconocen huellas de antiguos usos del suelo vinculados a fincas y bodegas, como la histórica Bodega Aguinaga, de la cual solo queda su casa patronal reconvertida en espacio gastronómico. Todo esto refuerza la idea de un territorio donde la memoria todavía se expresa en la forma de la ciudad.
Hoy, solo algunos vestigios permanecen como huella del antiguo sistema urbano-hidráulico.
Un proyecto de puesta en valor con mirada turística
En paralelo a su relevancia histórica, el surtidor de Viamonte y Almirante Brown forma parte de una iniciativa más amplia impulsada por vecinos, especialistas y organismos públicos: la creación de un Circuito Histórico de Surtidores Públicos en Chacras de Coria.
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La propuesta, recientemente declarada en 2025 de interés municipal en Luján de Cuyo, busca recuperar estos antiguos puntos de abastecimiento como parte de un recorrido patrimonial y turístico. La idea es señalizarlos, restaurarlos y resignificarlos como parte de la historia del agua en Mendoza, integrándolos a una lectura contemporánea del territorio .
El enfoque no se limita a la conservación física. También plantea una mirada educativa y turística, que permita comprender cómo el acceso al agua fue clave en la organización del territorio mendocino y en la construcción de sus comunidades.
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