Videos: una Plaza de Mayo colmada despidió al Indio Solari

Miles de fanáticos llegaron solos al corazón de Buenos Aires para darle el último adiós al líder de Los Redondos. Pese al duelo, las canciones y el dolor compartido le dieron un matiz de luz a la tristeza.

Videos: una Plaza de Mayo colmada despidió al Indio Solari

Editó: Mariano Rivas

En el día de la muerte del Indio Solari, la Plaza de Mayo se convirtió este viernes en un templo a cielo abierto. Miles de ricoteros llegaron de manera espontánea para despedir al ídolo, que murió a los 77 años en su casa de Parque Leloir. Trajeron banderas, bombos, canciones y mucho pogo, transformando el centro porteño en un velorio popular para el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Cerca de las 16.30 empezaron a llegar los primeros fanáticos. En esos primeros minutos hubo un breve cruce entre algunos manifestantes y policías de la Ciudad que arrojaron gas pimienta para dispersarlos, aunque la situación se calmó rápidamente. 

Después, la tarde y la noche fueron de canciones a todo volumen, abrazos, cerveza, fernet y saltos. Familias enteras de todas las edades coparon el lugar, donde vendedores ambulantes aprovecharon para ofrecer productos con la cara del Indio y de su legendaria banda.

Fotos: Clarín.

Uno de los momentos más emotivos llegó cuando en toda la plaza empezó a sonar "Jijiji" y la multitud entera se puso a saltar al unísono. Fue una réplica, en escala menor, de aquellos pogos masivos que durante años se volvieron la marca registrada de los recitales de Los Redondos. A las 19, cerca de Casa Rosada, sonaron campanadas como las de una iglesia, y el encuentro terminó de tomar el tono de misa que muchos ya sentían desde el primer momento.

Vidas marcadas por el Indio

Los testimonios hablaron de vínculos construidos durante décadas. Una fanática de 57 años que sigue a Solari desde los 16 contó a Clarín que conoció a su ex marido en los shows que el músico daba en Cemento, que hizo ricoteros a sus hijos y que hoy su nieta se llama Indiana. Una estudiante de ciencias políticas señaló que las canciones del Indio la ayudaron a entenderse a sí misma, y que el artista "sabía exactamente cómo llegar a la clase popular". Otro fanático, Diego Brzezanski, contó entre lágrimas que empezó a seguirlo a los 14 años y que le contagió la fiebre ricotera a su hija.

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"Me quedó pendiente verlo más veces. Hay gente más grande que yo que los vio muchas veces, y lo afortunados que son, es algo inexplicable", le dijo al mismo medio Martín Gómez, uno de los miles de presentes. El sentimiento se repetía entre desconocidos que de repente se sentían parte de algo mismo.

La emoción llegó a tal punto que, ya entrada la noche, el SAME atendió a varias personas que se descompensaron. 

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