Ricardo Ponte, uno de los principales estudiosos de la historia urbana, analizó cómo está preparada la provincia para enfrentar un terremoto de gran magnitud y cuestionó algunos de los mitos y relatos históricos construidos en torno al diseño de la ciudad.
¿Qué tan preparada está Mendoza para un terremoto?
El arquitecto, investigador del CONICET y doctor en Sociología Jorge Ricardo Ponte, uno de los principales estudiosos de la historia urbana de Mendoza, analizó en el programa "Tenés que saberlo" de Radio Post FM 92.1 (en el Este FM 100.1, en Luján de Cuyo FM 96.9 y en La Paz FM 96.7) cómo está preparada la provincia frente a un terremoto de gran magnitud y cuestionó algunas de las ideas más arraigadas sobre el origen y el diseño de la Ciudad de Mendoza.
Ponte, cuya trayectoria académica incluye estudios de restauración de monumentos e historia de la arquitectura y una extensa producción sobre la evolución urbana de Mendoza, sostiene desde hace décadas una mirada crítica sobre los relatos instalados acerca de la ciudad. Su libro "Mendoza, aquella ciudad de barro" es considerado una obra de referencia para el estudio de la historia urbana mendocina.
Durante la entrevista, realizada a partir de la preocupación generada por un terremoto de gran magnitud registrado en Colombia, Ponte explicó que Mendoza y San Juan poseen una particularidad que las diferencia de otras ciudades argentinas: una cultura antisísmica construida a partir de la experiencia histórica.
"Mendoza y San Juan son las dos ciudades de mayor riesgo sísmico en la Argentina y las dos han sido destruidas por terremotos", explicó. En el caso mendocino, recordó especialmente el terremoto de 1861, cuya magnitud no pudo ser registrada científicamente debido a que en aquel momento no existían instrumentos para hacerlo. Sin embargo, señaló que la destrucción provocada permite dimensionar la enorme intensidad que tuvo aquel episodio.
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El arquitecto también hizo una distinción importante: no todos los terremotos tienen necesariamente el mismo origen. "Algunos están vinculados con el desplazamiento de placas tectónicas, mientras que existen otros fenómenos sísmicos que responden a diferentes procesos en las profundidades de la Tierra".
El mito de una Mendoza diseñada para los terremotos
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la revisión de una de las ideas más difundidas sobre Mendoza: que la ciudad fue diseñada después del terremoto de 1861 específicamente para resistir futuros sismos.
Ponte fue contundente: "Eso es un mito".
Según explicó, el análisis de la documentación legislativa posterior al terremoto demuestra que, en aquel momento, no existía todavía una comprensión científica del fenómeno sísmico. Por el contrario, recordó que durante el siglo XIX circularon explicaciones religiosas y hasta teorías vinculadas con una supuesta energía que se desplazaba de montaña en montaña.
Para Ponte, la idea de que el trazado urbano mendocino fue concebido desde un principio como una estrategia antisísmica es una interpretación construida posteriormente. En ese sentido, también cuestionó que las plazas que caracterizan a la Ciudad de Mendoza hayan sido proyectadas específicamente como espacios de seguridad ante un terremoto. "El modelo de la plaza central acompañada por plazas periféricas tiene antecedentes en otros desarrollos urbanos, particularmente en Filadelfia, y no constituye una creación mendocina pensada exclusivamente para enfrentar los sismos".
"La propia historia urbana de Mendoza muestra que la ciudad reconstruida después de 1861 incorporó calles amplias, arbolado y un sistema de espacios públicos que hoy forman parte de su identidad. La Municipalidad de Mendoza reconoce justamente esas características como elementos centrales de la configuración urbana posterior al terremoto", destacó.
Los edificios nuevos y el problema de las construcciones antiguas
Consultado sobre la capacidad de los edificios mendocinos para soportar un terremoto de gran magnitud, Ponte explicó que la respuesta depende, en buena medida, de cuándo fue construido cada edificio y bajo qué normas.
Aclaró que no es especialista en ingeniería sismorresistente, pero destacó que las normas de construcción se han ido actualizando y haciendo cada vez más exigentes. Por eso, sostuvo que "los edificios relativamente recientes deberían responder a los criterios establecidos por la normativa vigente al momento de su construcción. El problema aparece con las edificaciones antiguas".
Ponte recordó que Mendoza fue durante mucho tiempo una ciudad construida con adobe, material que, según explicó, no posee las propiedades de elasticidad necesarias para responder adecuadamente a un movimiento sísmico. "Si bien muchas de aquellas construcciones eran bajas y de un solo piso, representan un punto de vulnerabilidad frente a un terremoto".
En ese sentido, planteó que no se puede pensar la problemática únicamente desde los edificios nuevos: "en la misma ciudad conviven construcciones realizadas bajo normas y criterios completamente diferentes".
También destacó la importancia de la educación y la prevención. Mendoza, señaló, posee una tradición de enseñanza sobre cómo actuar durante un sismo y consideró positivo que episodios ocurridos en otros lugares vuelvan a poner sobre la mesa medidas básicas de seguridad y preparación ante emergencias.
¿Se pueden construir edificios altos en Mendoza?
Ponte también se refirió a otro de los viejos interrogantes mendocinos: si una ciudad ubicada en una zona de elevada peligrosidad sísmica puede construir edificios de gran altura.
Su respuesta apuntó a la experiencia chilena. "Chile enfrenta condiciones sísmicas similares y, sin embargo, ha demostrado que es posible construir edificios altos y resistentes. El factor determinante no sería simplemente la altura, sino el diseño estructural y el cumplimiento de las normas correspondientes".
El desarrollo de la construcción sismorresistente, recordó, es relativamente reciente. "En Mendoza, el código de edificación de 1903 comenzó a incorporar algunas consideraciones vinculadas con la problemática sísmica, mientras que el código de 1927 significó un avance mayor".
Como ejemplo, mencionó el Pasaje San Martín, construido entre 1928 y 1930 bajo las nuevas normas. Según relató, inicialmente existió temor entre los mendocinos a ocupar sus pisos superiores, pero un terremoto posterior permitió comprobar el buen comportamiento estructural del edificio.
Al mismo tiempo, advirtió que construir en una zona sísmica implica mayores costos. Las exigencias estructurales y las precauciones necesarias para Mendoza y San Juan encarecen las construcciones.
Una ciudad antisísmica no depende solamente de sus edificios
Para Ponte, sin embargo, pensar la seguridad sísmica exclusivamente desde las estructuras sería un error. "La ciudad también debe estar preparada para responder al terremoto".
En ese punto puso como ejemplo la cartelería urbana, las macetas y los objetos colocados en balcones. "Todos ellos pueden convertirse en elementos peligrosos durante un movimiento fuerte".
"Podés haber logrado salir de un edificio y, sin embargo, terminar con un cartel cayendo sobre tu cabeza", planteó durante la entrevista.
Por eso, sostuvo que existe también una responsabilidad vinculada con el diseño urbano y con la regulación municipal del espacio público. "Las veredas deben mantenerse libres de elementos que puedan caer y las calles deben permitir la circulación de ambulancias y vehículos de emergencia. La prevención, entonces, debe superar los límites de cada edificio y convertirse en una estrategia urbana integral".
Las plazas: una consecuencia, no un diseño antisísmico
Ponte volvió sobre uno de los elementos más característicos de Mendoza: sus plazas.
Advirtió que es lógico valorar la existencia de grandes espacios abiertos ante una emergencia, porque pueden funcionar como lugares de concentración de la población. Pero eso no significa que hayan sido creados originalmente con ese objetivo.
Para el arquitecto, confundir una consecuencia positiva del diseño urbano con la intención original de sus autores es precisamente lo que terminó alimentando el mito de una Mendoza planificada desde el inicio como ciudad antisísmica.
"Cuando el mundo no sabía por qué se producían los sismos, Mendoza ya estaba diseñando una ciudad antisísmica", ironizó. Para Ponte, esa idea es una construcción posterior que no se sostiene cuando se revisa la documentación histórica.
Una mirada histórica para entender el presente
La intervención de Ponte en "Tenés que saberlo" permitió abordar el riesgo sísmico desde una perspectiva que excede la ingeniería: la historia de cómo Mendoza fue construida, reconstruida y pensada a lo largo del tiempo.
Su mirada combina arquitectura, urbanismo, sociología e historia. Esa perspectiva atraviesa buena parte de su obra, especialmente Mendoza, aquella ciudad de barro, un extenso estudio sobre la evolución de la ciudad desde el siglo XVI hasta la época contemporánea.
Y justamente desde esa perspectiva, Ponte dejó una advertencia que va más allá de la resistencia de un edificio: una ciudad preparada para un terremoto no es solamente una ciudad con edificios antisísmicos. También necesita espacios públicos adecuados, prevención, infraestructura, regulación urbana y una población que sepa cómo actuar.
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