El barrio que los vecinos debieron esperar durante 20 años

Más de dos décadas de organización, esfuerzo y espera fueron necesarias para que 189 familias de General Alvear pudieran concretar el sueño de la vivienda propia. El barrio 1° de Mayo comenzó a gestarse en los años 90 y terminó de tomar forma en 2013, cuando se entregaron las últimas casas.

El barrio que los vecinos debieron esperar durante 20 años

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

Al sureste de General Alvear, lejos del movimiento del Kilómetro Cero del departamento, aparece el barrio 1° de Mayo. Para llegar hay que tomar la diagonal Carlos Pellegrini, dejar atrás el boulevard Centenario, continuar hasta Albox y seguir hacia el encuentro con Presidente Illia. 

Después, unos metros de camino de tierra conducen hasta las primeras casas. El recorrido puede parecer sencillo hoy, pero el camino que recorrieron quienes hoy viven allí fue mucho más largo.

Porque el 1° de Mayo no nació de un día para otro. Antes de las casas, de los jardines y de las calles que poco a poco fueron tomando forma, hubo terrenos vacíos y, sobre todo, familias que tuvieron que esperar.

La historia comenzó en la década del 90. En aquel entonces, unas diez hectáreas ubicadas en ese sector de General Alvear pertenecían al Gobierno de Mendoza. En 1995, esos terrenos fueron cedidos al Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) y a la CGT de General Alvear con la intención de avanzar en la construcción de un barrio.

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Pero el proyecto encontró una primera piedra en el camino: la organización sindical no contaba con personería jurídica local, un requisito necesario para llevar adelante la iniciativa.

La respuesta fue crear la Mutual para Trabajadores Alvearenses (MUTA). Con esa nueva organización se pudo avanzar en el convenio con el IPV para construir las primeras 166 viviendas.

General Alvear.

Era el año 2000, ya habían pasado cinco años y para quienes esperaban una casa, sin embargo, aquello no significó el final de la espera. El barrio se fue construyendo por etapas. Fueron diez instancias de obra y entrega hasta completar el conjunto habitacional.

Mientras las obras avanzaban lentamente, también lo hacía la vida de las familias que esperaban. Los hijos crecían, los trabajos cambiaban, pasaban los años y aquel proyecto que alguna vez había parecido lejano comenzaba a transformarse en calles, paredes y techos.

Finalmente, en mayo de 2013, se entregaron las últimas 23 viviendas. Con ellas quedó completo el barrio de 189 casas. Casi veinte años habían pasado desde los primeros pasos.

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Hoy, el 1° de Mayo tiene una postal propia. Muchas de sus viviendas conservan frentes de ladrillo visto y pequeños jardines cuidados por sus habitantes. Algunas calles están asfaltadas y otras todavía conservan la tierra. 

Pero quizás sea en las pequeñas escenas cotidianas donde mejor aparece su identidad. La tranquilidad de un barrio de las afueras del centro de un departamento del interior provincial hacen que este lugar tenga una paz que no se encuentra en otras partes.

Una bicicleta que cruza una vereda. Un grupo de chicos que juega en la calle. Una vecina que sale con la pala para barrer las hojas o acomodar la tierra del jardín. Dos personas que se encuentran en la puerta de una casa y se quedan conversando unos minutos.

Las distintas etapas del barrio tienen algunas características que las diferencian entre sí.

El tránsito es tranquilo y los ruidos de la ciudad parecen llegar apagados. Entre esas 189 viviendas viven trabajadores de distintos oficios y profesiones.

Comerciantes, enfermeras, docentes y jubilados, entre tantos otros. Personas que, como el propio barrio, fueron construyendo su historia con paciencia. 

Quizás por eso el nombre 1° de Mayo tenga un significado especial. Un barrio de trabajadores con una historia de organización y perseverancia, familias que durante años esperaron un techo propio y que finalmente pudieron abrir una puerta que ya no tendrían que abandonar.

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En General Alvear, un barrio del sureste de la ciudad quedó plasmado como una especie de fotografía de aquel esfuerzo colectivo y la paciencia del que sabe esperar. 

Una postal todavía sencilla, con jardines, calles de tierra y vecinos que se conocen. Una historia que tardó más de veinte años en convertirse en barrio.

La tranquilidad de las calles del 1° de Mayo.

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