Como un puerto: el barrio de las casas barco en el corazón de Godoy Cruz

Un estudio de especialistas pone en foco a uno de los barrios más singulares y menos conocidos de Mendoza. Fachadas racionalistas, pérgolas y jardines caracterizan a este "puerto" al sur del Bombal.

Como un puerto: el barrio de las casas barco en el corazón de Godoy Cruz

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

En Godoy Cruz, a pocas cuadras del movimiento cotidiano del Bombal Sur, existe un pequeño barrio que muchas veces pasa inadvertido para muchos transeúntes. 

Sus casas de líneas rectas, volúmenes compactos y jardines delanteros recuerdan a otra Mendoza: la de fines de la década del '30, cuando la arquitectura moderna comenzaba a asomarse entre las calles recién abiertas.

Así se desarrollaban las obras en el barrio. (Foto: gentileza Verónica Fader)

Es el Barrio Romairone, conocido popularmente por sus "casas barco", una imagen que todavía sobrevive en algunas esquinas y fachadas. Como embarcaciones de ladrillo y hormigón, estas viviendas parecen haber quedado ancladas en el tiempo, aunque el paisaje que las rodea haya cambiado profundamente.

El trabajo de relevamiento realizado por los arquitectos Carlos Sala y Verónica Fader formó parte de una investigación sobre los primeros conjuntos residenciales modernos de Mendoza, junto con el Barrio Cano. El estudio incluyó recorridos, entrevistas, fotografías, análisis de planos originales y comparación entre imágenes históricas y el estado actual de las viviendas.

José Zupo, uno de los vecinos destacados de la zona y constructor del barrio.

El informe identificó al Romairone como un conjunto de viviendas individuales destinado originalmente a sectores medios y medios altos, desarrollado en 1937 por el impulsor Angel Alfredo Romairone y el constructor José Zupo Morrone

El barrio ocupaba un conjunto de manzanas delimitadas por Almirante Brown, Ameghino, Tucumán y Patricias Mendocinas, y hacia 1940 ya contaba con cerca de 70 casas construidas.

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Un barrio moderno en medio de los viñedos

Cuando nació el Romairone, esa zona de Godoy Cruz todavía tenía aspecto de viña. La urbanización avanzaba sobre antiguos terrenos de viñedos y quintas, acompañada por nuevas calles, forestación, pavimento y acequias de hormigón. El barrio fue uno de los ejemplos privados que ayudaron a cambiar la fisonomía del departamento.

Las viviendas alternaban lenguajes racionalistas y pintorescos, pero las más recordadas son las de líneas horizontales, ventanas corridas y formas compactas. De allí surgió el apodo de "casas barco", porque sus perfiles evocaban la proa y la cubierta de los transatlánticos que fascinaban a la arquitectura moderna de aquellos años.

Las líneas rectas de los balcones y canteros contrastan con las curvas en las ventanas. Rasgos característicos de la arquitectura de la época.

Eran casas construidas con ladrillo y hormigón armado, generalmente de tres dormitorios, con patios y pérgolas pensadas para regular el sol mediante el verde, un recurso muy mendocino. 

La distribución interior respondía a otra forma de habitar. Según detalló la arquitecta Verónica Fader, en muchas viviendas todo giraba alrededor del comedor, y desde allí se accedía a dormitorios y baños.

Lo que aún permanece

¿Quedan muchas casas como cuando el barrio fue inaugurado? Verónica Fader aclara que no existe un relevamiento preciso de cuántas conservan su estado original. Algunas permanecen prácticamente intactas, mientras que otras fueron muy intervenidas.

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Entre las que mejor conservan su lenguaje arquitectónico menciona la casa de José Zupo, considerada la obra más singular del conjunto por ser de dos plantas y mantener gran parte de sus características originales, y también la vivienda de la familia Mazzuca, quien era el responsable legal del emprendimiento

En cambio, otras propiedades cambiaron radicalmente e incluso una de las más emblemáticas, la de Josefina Civit de Ortega, fue reemplazada por un edificio de baja altura.

La casa de Mazzuca, con lenguaje pintoresco.

El propio informe señala que muchas propiedades siguieron en manos de las familias originales y sus descendientes, lo que ayudó a preservar algunos sectores del barrio. 

Sin embargo, en otros tramos las transformaciones vinculadas a la seguridad alteraron la imagen del conjunto y lo convirtieron en una suma de fragmentos diferentes.

La esquina de la familia Mazzuca conserva sus características originales.

Por qué cambió tanto el paisaje

Fader identifica tres razones principales detrás de las modificaciones. La primera fue el crecimiento en altura: muchas casas sumaron una planta alta sin seguir necesariamente el lenguaje racionalista original.

La segunda tiene que ver con el imaginario colectivo. Durante décadas, la vivienda ideal estuvo asociada a la casa con tejas y aspecto pintoresco, por lo que varias "casas barco" fueron transformadas hasta perder por completo su identidad moderna.

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Y la tercera, quizá la más visible, fue la seguridad. Los jardines delanteros desaparecieron detrás de muros y rejas, y la llegada del segundo automóvil obligó a construir nuevas cocheras ocupando espacios que antes formaban parte del paisaje común.

El resultado fue la pérdida del valor de conjunto. Donde antes había continuidad de escalas, retiros y jardines, hoy aparecen fachadas heterogéneas que ya no dialogan entre sí.

Las casas, otrora iguales, han tomado características propias tras varias reformas.

Una de las preguntas inevitables es por qué el Barrio Cano sí fue declarado patrimonio cultural y el Romairone no, a pesar de haber surgido en la misma época y tener características similares.

Fader explica que el Cano fue proyectado por arquitectos y concebido como un conjunto estatal integral, con un lenguaje arquitectónico más puro. 

El Romairone, en cambio, nació como un emprendimiento privado impulsado por un constructor que seguía las tendencias modernas de su tiempo. Además, las declaratorias patrimoniales suelen surgir de pedidos concretos, y el Romairone nunca tuvo la misma visibilidad pública.

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El informe también advierte que el barrio quedó absorbido por la trama urbana continua entre Godoy Cruz y Capital, tal es así que para muchas personas de la zona es parte del Bombal y que la unidad de imagen original se fue perdiendo con las intervenciones posteriores.

  Foto: gentileza Verónica Fader.  

Un valor que todavía puede rescatarse

Lejos de proponer un congelamiento imposible, el trabajo de Sala y Fader plantea la necesidad de crear conciencia sobre los sectores que aún conservan unidad de lenguaje, escala y calidad urbana. El valor principal del Romairone no reside solamente en cada casa individual, sino en la idea de conjunto que todavía sobrevive en algunos tramos.

"Atendiendo al valor patrimonial arquitectónico y urbanístico de los conjuntos estudiados y en virtud de su desfavorable situación actual, consideramos que deben tomarse medidas que aseguren su preservación", señalaron los arquitectos.

Los arquitectos prponen tomar medidas para la preservación del barrio.

Entre las recomendaciones aparecen la señalización histórica del barrio, la delimitación clara de su área patrimonial, la preservación de espacios libres y retiros, y la promoción de un mantenimiento respetuoso del lenguaje arquitectónico original. Incluso se propone gestionar su declaratoria como bien de interés cultural municipal.

Tal vez por eso, caminar hoy por ciertas cuadras del Romairone produce una sensación extraña. Entre rejas nuevas, edificios cercanos y autos estacionados, todavía emergen algunas fachadas blancas, pérgolas cubiertas de verde y ventanas horizontales que parecen mirar hacia otro tiempo.

Son las viejas casas barco. Ya no navegan por un mar de viñedos, pero aún conservan algo de aquella promesa moderna con la que Godoy Cruz quiso imaginar el futuro hace casi noventa años.

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