Dos nadadoras desaparecidas, una artista y una historia que emerge

Gisela Tenenbaum y Ana María Moral, dos jóvenes mendocinas desaparecidas en la última dictadura militar. Una artista llevará sus historias a una obra performática para recuperar, más allá de la tragedia, sus deseos y su vitalidad.

Dos nadadoras desaparecidas, una artista y una historia que emerge

Por:María Belén Godoy
Periodista

Llegué a Luciana Isabel Vega D'Andrea por un aviso en redes que indicaba que estaba en búsqueda de mujeres que quieran contar una historia para crear una obra performática. Pensé "la ecuación cierra perfecto: yo busco historias y además quería saber qué era eso de "obra performática". Así que la contacté.

Pactamos día y horario. Ella llegó puntual. Cuando la vi, me dio la imagen de una artista visual, llevaba puesto: camisa turquesa mate, cinturón amarillo y un jean negro. En su rostro unos anteojos con tonalidades naranja y rojo.

Durante la charla me contó que ella nació en el exilio, específicamente en La Paz, Bolivia. Ella creció marcada por la represión de la última dictadura militar, su mamá era la militante y periodista Sofía D'Andrea y su padre Ramón Vega, con quien debió exiliarse fuera del país. A la vuelta de la democracia, en 1985 la familia decidió regresar a la Argentina. Los lugares seleccionados eran Mendoza o Córdoba, pero "el tren salió primero para esta provincia".

Luciana es la menor de cinco hermanas, de joven estudió Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, sin embargo su deseo se descarrilaba para el dibujo, para la poesía, para la música. Cursaba quinto año y un día, a sus 24 años, decidió abandonar la carrera y se fue a estudiar el profesorado de artes visuales a la Universidad Nacional de La Plata.

Luciana de 43 años.

Cuando terminó y se recibió, decidió volver con su pareja y radicarse en Guaymallén. Allí construyeron su hogar y destinaron un espacio de la casa para crear un taller de grabado. Marcada por su historia familiar, se acercó e integró H.I.J.O.S. En el 2019 en una de las manifestaciones de los jueves que se hacían en Tribunales Federales contra Walter Bento por "tener cajoneada la instrucción de los juicios de Lesa Humanidad", una amiga le dijo "viste el caso de Gisela Tenenbaum y Ana María Moral, las chicas que fueron desaparecidas, estaban en San Juan y se vinieron caminando hasta Mendoza". La conversación continuó entre mates y carteles. Sin embargo, ese dato quedó grabado en la memoria de Luciana.

La artista ve en el agua y en la natación un universo poético, por lo que hace varios años hace natación en el club Andes Talleres de Godoy Cruz. Años más tarde, ella asistió a un evento conmemorativo en el Espacio de la Memoria del ex D2, donde se colocaron baldosas con los nombres de los desaparecidos y fusilados mendocinos. Allí vio el nombre de Gisela Tenenbaum y Ana María Moral, una persona se acercó y le dijo "A la Ana María le decían la ‘pata' porque era tremenda nadadora, nadaba en el Andes Talleres. Y la Gisela, también era nadadora, obtuvo el título de Campeona Argentina en estilo Pecho, hacía en el Club YPF". Los ojos de Luciana se abrieron y sintió una puntada en el pecho.

Te puede interesar: Viven en la calle y no están dispuestos a abandonar a sus animales

Cuando llegó el día de la semana de su clase de natación, preparó su bolso, metió gorrito, malla enteriza, antiparras, ojotas y toallón. Al llegar a la pileta, Luciana miraba el agua, ese día no habló con nadie, fue al vestuario, se cambió, y se sumergió. Debajo del agua ella pensó "en esta pileta nadaba Ana María". Se puso hacer pecho, como ella.

Al otro día, Luciana preparó sus cosas para ir a cursar la Maestría de Arte Latinoamericano de la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo, ese día le hablaron del trabajo final que debían hacer los estudiantes. "Tenía que pensar qué tesis iba a hacer, qué iba a investigar. Se nos habilitó investigar sobre un hecho o realizar una creación", dijo Luciana. En ese momento, ella pensó "esto es el marco para investigar y hacer una obra performática sobre la historia de las nadadoras mendocinas".

Gisela y Ana María. 

Le pregunté qué era una performance, a lo que Luciana respondió: "se trata de una situación, un evento, en donde todo es efímero. El medio principal es el cuerpo del artista y la acción que realiza en vivo ante un público que también es parte de la acción", y agregó que a diferencia de la pintura o la escultura," no busca crear un objeto material para conservar en un museo, sino generar una experiencia directa, efímera e irrepetible".

Entonces, se puso a investigar sobre las nadadoras, pudo entrevistar a los padres de Gisela, Helga Markstein y Guillermo Tenenbaum, y reconstruyó la historia con parte de testimonios de los padres en los juicios de Lesa Humanidad. "Empecé a investigar el hecho performático, pensando en el acontecimiento que iba a ser. Quizás en una pileta, pensaba en una intérprete que podía ser yo u otra persona, podrían ser dos personas".

Entonces Luciana se sentó en su computadora y reconstruyó las historias: Gisela nació el 4 de febrero de 1955 en la Ciudad de Mendoza. Creció en un hogar con fuerte compromiso social. Hizo la primaria en la escuela Ricardo Rojas, en la cuarta sección de Ciudad; y la secundaria en la escuela de bachillerato técnico químico industrial n°12 de Las Heras. En la escuela ganó tres medallas de oro: por mejor alumna del último año, mejor promedio de todos los años y por mejor promedio en ciencias exactas. Estudiaba Ingeniería Electromecánica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y militaba en la organización Montoneros. Hacía natación y obtuvo el título de Campeona Argentina en estilo Pecho, durante muchos años nadie logró su marca.

En tanto, por el lado de Ana María, reconstruyó que: nació el 22 de agosto de 1952 en Godoy Cruz. Le decían "Pescadito", "La Pata" por ser una nadadora excelente. Hizo la primaria en la escuela Martínez de Rozas y la secundaria en el Martín Zapata de la UNCuyo, donde tuvo uno de los mejores promedios. Estudió Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de esa casa de estudios. En 1975 se apartó de los estudios y de la casa familiar. Se dedicó a la militancia en Montoneros.

Te puede interesar: La hija de una familia de chacra que se animó a cambiar su destino

Ellas eran amigas se conocieron en su adolescencia por la natación y luego se reencontraron en la militancia. En un momento, la organización las traslada en "célula" a militar en San Juan. "Ambas pasaron a la clandestinidad, dejaron su vida ‘normal' por una convicción y se dedicaron a la lucha armada".

Luego, "a fines de 1976 se escapan de San Juan y se vienen caminando a Mendoza", en ese momento no habían celulares ni google maps para ubicarse, "se cree que siguieron la línea del tren" dijo Luciana. "Se adentran en el desierto y caminan, caminan y caminan, hasta llegar a la provincia. Una vez acá, se esconden. Las chicas llamaban a sus padres una vez por semana y pactaban una cita en algún lugar. Por ejemplo, Gisela caminaba, su madre iba atrás y cuando veían que estaba todo en orden y era seguro se metían a un café a charlar", relató Luciana.

Un 8 de abril, Ana María salió a verse con un compañero, sin embargo fueron interceptados por la policía y el Ejército. Ellos se resistieron, Ana María entró herida a la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, "el cura le sacó el arma, la vio herida, y la entregó en las escalinatas a los militares, allí la fusilaron. Gisela que estaba cerca se entera por los vecinos, y llama a su mamá y le cuenta lo que había pasado y le avisa que iba a escapar. Esa fue la última vez que Helga habló con su hija. Gisela desde ese 8 de abril del '77 está desaparecida".

Mientras Luciana realiza la reconstrucción de las chicas, en una de las entrevistas a personas amigas de ellas, le dijeron "Gisela era dulce, era muy linda, bella, pero sobre todo era in-do-ble-ga-ble". Fue ahí cuando a Luciana le cayó una especie de ficha y pensó "la performance no puede ser interpretada por una sola persona. La fuerza de las chicas tiene que ser algo más grande".

El taller de Luciana.

"No quiero hacer un homenaje. Los y las desaparecidas son nuestros muertos sociales. Las chicas se escapan de San Juan y vienen a Mendoza porque tenían un deseo de vivir", sostuvo Luciana y convencida dijo: "Quiero desplazar la idea de un sujeto victimizado a un sujeto con agencia con deseo de vida. Quiero mostrar que existe otra idea de ‘mujer mendocina'. En estas mujeres luchadoras, que tenían una convicción, que fueron entrenadas en las armas como contrapunto de lo que se cree que somos las mendocinas con la idea edulcorada de la reina de la Vendimia, por ejemplo. Gisela y Ana María eran mujeres potentísimas, estaban decididas a luchar por cambiar este mundo. Gisela tenía un cargo jerárquico en Montoneros, y Ana María era la mejor tiradora que tenía la organización en Mendoza. Esas eran".

Es por eso que Luciana busca construir la potencia de las chicas con 80 mujeres o cuerpos feminizados (mujeres trans o travestis, hombres trans, personas no binarias) en una performance donde el público también será parte porque es una obra única (quizás pueda repetirse). 

Como ella es la que investigó a las nadadoras se debe poner en el rol de directora de la obra, es por eso que tuvo que llamar a Santiago Borremans, director de teatro, artista y actor, para que sea su asistente de dirección, para la coreografía convocó a Sol Gorosterrazú y también acudió a la actriz Celeste Seydell. "Me estoy valiendo de personas que tienen un saber, yo vengo de las artes visuales, y si bien he puesto el cuerpo hay elementos, herramientas de las artes escénicas que me interesa que estén en juego", sostuvo Luciana.

La artista busca hacer un "acto evocativo de una desaparecida y una fusilada. Para evocar un puente de diálogo con ellas, quiero evocar su vitalidad".

Mientras Luciana cuenta su historia mi cabeza hace inevitablemente puntos de contacto entre su historia y la de las chicas. Está la natación, pero también el deseo de seguir un camino propio. Luciana viajó de Mendoza a La Plata para estudiar arte; Gisela y Ana María viajaron de Mendoza a San Juan para continuar su militancia. Son historias diferentes, atravesadas por circunstancias muy distintas, pero comparten el impulso de ir detrás de aquello que decidieron hacer con sus vidas.

Ver: El escaparate de diarios que resiste el paso del tiempo

Esta nota habla de: