Preocupa qué huellas dejará en la infancia el encierro - Mendoza Post
Post: Mendoza PostMiércoles 28 Oct 2020 29 días atrás

Afrontar nuevas situaciones, contando o no con las herramientas emocionales y materiales necesarias, implicó para las familias mendocinas -al igual que en el resto del mundo- un "shock". Fue clave, de hecho, llenar todos aquellos espacios que la pandemia de Covid-19 fue alterando de modo abrupto la vida cotidiana. El desafío, incluso, ha sido tan grande durante este año que se va, que el sobre esfuerzo y el estrés ya es son un común denominador en el interior de los hogares.

En el medio, los niños y niñas, han debido incorporar esta nueva realidad de manera casi naturalizada. Afectos postergados, carencia de cercanía e identificación con sus pares junto, irrupción de relaciones familiares prioritarias y hasta una "robotización" de los intercambios personales, son sólo una parte de la nueva realidad que deben vivenciar.

Frente a un escenario donde la incertidumbre sobre el futuro reina, ellos y ellas son ese eslabón clave que deberá trazar los paradigmas de un nuevo mundo. Hoy, especialistas en salud mental y educadoras con larga trayectoria en estimulación temprana muestran preocupación.

"La situación vincular hoy es muy compleja; los niños y niñas tienen necesidades afectivas y sociales que han tenido que esperar para cuidar la vida. El hecho de no poder ver a sus abuelos, tenerlos cerca, poder abrazarlos o jugar con sus pares del barrio o de la escuela va a tener consecuencias que hoy no las podemos conocer", destaca la psiquiatra y psicóloga infanto- juvenil Sonia González Herrera.

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La especialista, que en la actualidad coordina el Servicio de Salud Mental del Hospital Ramón Carrillo, puntualiza que como no hay antecedentes de la magnitud actual, sería arriesgado ofrecer un diagnóstico a futuro sobre qué huellas emocionales y psicológicas dejará en la infancia de hoy la pandemia.

Lo que sí es un hecho palpable, agrega, es que los cuadros de ansiedad y episodios de angustia o frustración frente al encierro, se manifiestan de forma exacerbada entre los y las más pequeños/as del hogar. Los episodios de ataques de pánico a edades tempranas también es una evidencia que alarma. "Lo cierto es que somos seres sociales por naturaleza. Si hay un freno en este aspecto del desarrollo, es seguro que las consecuencias se verán reflejadas a futuro", detalla la especialista y aclara que así y todo no es posible generalizar, ya que cada ser pequeño es único, con diferentes rasgos de personalidad y distinta realidad familiar.

Paciencia y amor

La especialista destaca que la presencia de los padres y madres es fundamental en este momento, aunque las dificultades abundan en un contexto en el que las posibilidades de acercamiento aun estando muchas horas todos juntos dentro de la misma casa, no siempre son posibles.

La falta de tiempo para compartir, jugar, contenerlos/las, darse espacios para la risa y potenciar su creatividad, configuran una deuda diaria que pesa en muchas madres y padres. "Ellos y ellas, a la vez, están sobre exigidos y para sobre llevar esta realidad es muy necesario poder tener paciencia y tratar de manejar los propios miedos para no transmitírselos a ellos/ellas", dice Herrera y recalca la importancia de "desdramatizar" las diferentes situaciones.

La escuela, que a través de la pantalla de la PC se trasladó al interior de cada hogar, obligó a padres y madres a intentar ocupar el rol docente. "En realidad, la tarea docente no se reemplaza. Los padres y madres hacen lo mejor que pueden, pero no deben olvidarse que son padres, no docentes y que lo emocional siempre debe primar por sobre todo. El buen trato y la paciencia son los pilares para poder hacerles menos traumática la experiencia a los más pequeños de la casa", advierte la especialista y destaca la importancia de brindarles un mensaje de esperanza, de vistas a futuro u nunca plagado de mensajes negativos con matices apocalípticos.

Necesidad de alegría

Desde hace 35 años, Mónica Riveros es la directora del Jardín Maternal y Pre Jardín Arco Iris, ubicado en Godoy Cruz. Como el resto de las instituciones de nivel pre escolar, el jardín sigue cerrado. Cuenta que en las charlas que ha mantenido con padres y madres que la han contactado para consultar cuándo reabrirá ese servicio, en todos los casos notó un retroceso en el desarrollo de los pequeños que antes asistían al jardín: "Han perdido la posibilidad de aprender junto a sus pares, de compartir e incorporar que las reglas son las mismas para todos y sobre todo, he visto que han perdido la alegría, la posibilidad de crecer en su mundo de inocencia. Ahora abundan los amigos imaginarios porque en realidad ellos necesitan del contacto y buscan formas de reemplazarlo", expresa con tristeza Riveros.

Los contactos con el "afuera", con otras personas que no sean las de la familia primaria también son clave para el desarrollo social en la primera infancia, aclara la educadora. En el caso de los bebés y niños menores de cuatro años, estas necesidades también salen a la luz, ya que si bien el pensamiento formal aparece a los diez años, todas las vivencias, lazos y percepción de roles formarán parte de la construcción de la personalidad a futuro, destacan quienes trabajan en primera infancia: "No es lo mismo un bebé que tiene el cariño de sus abuelos y tíos desde que nace o antes, que uno que viene a conocer a sus abuelos cuando tiene un año y medio", explica Herrera al profundizar en la construcción de los vínculos.

Retrocesos

La psicóloga educacional Verónica García Ruiz coincide. Compara que "en la realidad anterior a este tiempo, el ' afuera' que significaba la escuela o espacios de deporte y recreativos, les permitía a los niños crear otros momentos o escenas en las que iban creciendo o aprendiendo". Sin embargo ahora, la escena familiar representa todo su mundo, con "padres con la responsabilidad de enseñar contenido escolar, de acompañarlos/as en sus tareas, de sostener sus trabajos o de buscar uno si lo perdieron", destaca y recalca la gravedad de la pandemia en los casos donde las familias están aisladas y contagiadas o que han perdido alguno de sus seres queridos.

Pasar mucho tiempo mirando tele o con videos en la computadora, celular o la Tablet, ha pasado a ser un hábito cotidiano entre los pequeños y pequeñas cuyas familias cuentan con estos dispositivos y conexión a Internet.

"Es muy importante tratar de fijar horarios en este sentido, al igual que la hora de ir a dormir", recomienda la especialista. Agrega que frente a las diferentes situaciones planteadas por la pandemia, los/las más pequeños/as han experimentado situaciones de tipo regresivo, como hacerse pis en la cama, volver atrás con el control de esfínteres, dormir en la cama de los padres, manifestar berrinches más intensos, tener miedo a ir al baño en soledad o sufrir miedos nocturnos.

La pérdida de espacios como el aula -y la imposibilidad de contacto físico con sus pares- el club, la canchita, la plaza del barrio se suma al miedo y la incertidumbre sufrida por niños y niñas. Entre los menores de un año, inclusive, el aislamiento puede generar mayor irritabilidad, más episodios de llanto y menor estimulación social en el proceso de adquisición del lenguaje, detalla García Ruiz.