¿Venimos de los barcos? La respuesta está en Belgrano - Mendoza Post
Domingo 20 Jun 2021
porMemo

Liderazgo de reconocimiento tardío: 1820 - 1938. Manuel Belgrano, el líder a quien muchos en nuestra historia tardaron en reconocer. Parecerá mentira, pero recién 118 años después de su muerte, la Ley Nº 12.316 del 8 de junio de 1938 declaró como Día de la Bandera Nacional el 20 de junio en recuerdo del día de su fallecimiento.

Por consiguiente, no solo en la caliente coyuntura de sus tiempos tardaron en ponderar su esfuerzo, entrega y gloriosa vida. La historia cercana también muestra que se tardó más de un siglo en venerar su memoria con una merecida fecha patria.

Murió pobre, y solamente acompañado por un reducido grupo de seres queridos. Fue un 20 de junio de 1820. Una mesada de cocina sirvió de lápida en su tumba. Sus convicciones y elocuencia le generaron sinsabores que hasta le prohibieron convivir con la mujer que amaba y conocer a sus hijos. Había perdido todos sus bienes, renunciado a sus premios y donados sus sueldos. Murió, y no tenía nada. Tan solo un diario porteño, "El Despertador Teofilantrópico", irrelevante al lado de los grandes periódicos de la época, dará cuenta de la muerte. "Es un deshonor a nuestro suelo, es una ingratitud que clama el cielo, el triste funeral, pobre y sombrío que se hizo al ciudadano ilustre general Manuel Belgrano", escribía el padre Castañeda, director de dicho diario. "Triste, solitario y final", título que le cuadraría, como en la surrealista novela de Osvaldo Soriano cuando lo incomprensible y traumático deambula en búsqueda de una respuesta.

Ver: La sorprendente historia de la pistola de Manuel Belgrano

Eran tiempos álgidos para la patria. Las urgencias muchas veces ignoran o subestiman los merecidos halagos. Belgrano no escapó a esa lógica. Su reconocimiento llegó tarde. Seguro a él, eso le importaría poco. Murió sabiendo que hizo lo que correspondía. No le importó nada más. Sabía que eso era lo que la patria necesitaba.

Pasiones cargadas de razones

Belgrano fue un exponente más de esa grieta que pareciera se extiende hasta nuestro tiempo. Muchos de esos hombres y mujeres de los albores emancipatorios murieron como consecuencia de las luchas intestinas a los pocos años de iniciado el proceso revolucionario: Moreno murió en 1811; Juan José Castelli en 1812; Hipólito Vieytes en 1815; Güemes en 1821; José Moldes en 1824; Monteagudo en 1825; French en 1825.

Hay otro carácter contradictorio de nuestros recordatorios (tardíos, parciales, cargados a veces de subjetividades), y es que pareciera que nuestros próceres están muriendo permanentemente, recordados desde su muerte y no desde su accionar de vida destacada. Será por eso que nuestras conmemoraciones y efemérides muchas veces reflejan un carácter ambivalente, con aristas que se desenvuelven como en el caso del 20 de junio, entre el recordatorio de la creación de la Bandera y un repaso (muchas veces fugaz) de una vida ejemplar pero enfocada desde la muerte.

Vigencia y actualidad: Belgrano sigue dando lecciones

En su momento he escrito sobre Belgrano y sus facetas: el abogado, el militar, el político, el economista, el ecologista, el maestro, el periodista, el estadista, el defensor de la educación primaria y la inclusión de la mujer, el poliglota y traductor, el benefactor de las artes, el intelectual, el de las desventuras amorosas, etc.

Hoy abordaré un solo aspecto de la vida de Belgrano que me ayudará a dar respuesta a un planteo reciente ya planteado en este medio. Es vigente; y a mi entender, es la afirmación más contundente de lo que últimamente pude haber escrito sobre el tema. La respuesta estará en Belgrano.

En este espacio de Memo, escribí dos notas sobre un tema candente. Como alguien vinculado al estudio, enseñanza y las curiosidades que permanentemente nos hace revisar (y aprender) la historia, me parecía importante argumentar sobre un juicio erróneo esgrimido por nuestro presidente, cuya conclusión fue: "los argentinos llegamos de los barcos". No es cierto. El tema ubicó a Belgrano nuevamente en el centro de la escena y nuevamente la acción histórica del creador de la Bandera demostrará el error.

A nadie escapará el rol protagónico que éste tuvo en el Congreso de Tucumán de 1816, donde, entre notorias intervenciones, brindó un discurso memorable sobre la importancia del americanismo, haciendo una desgarradora descripción sobre la situación en que las Provincias Unidas del Rio de la Plata se encontraban. Su elocuencia emocionó hasta las lágrimas.

Belgrano venía de Europa tratando de difundir en el viejo continente los objetivos de la revolución. En Tucumán propuso el "Plan Inca", considerando que la amplia mayoría de los integrantes del viejo virreinato tenía sangre indígena, circunstancia que podría ser un elemento de unión continental americana. Además teniendo en cuenta la hostilidad que había comprobado directamente de los gobiernos europeos hacia las repúblicas y las democracias, sobre todo después de restauración absolutista de la Santa Alianza. La iniciativa concitó la adhesión de Güemes y San Martín, pero los dramáticos acontecimientos políticos y militares precipitaron determinaciones urgentes que diluyó el tema, haciendo que "la cuestión del Inca" abortara.

Finalmente, el Congreso declaró la Independencia. Es ahí donde Belgrano reafirmará su incidencia, y fue en la redacción del Acta del 9 de Julio. No solo en la confección del texto declaratorio. Logró por su insistencia que de las 3.000 copias impresas de la Declaración de la Independencia que se repartirían en todos los pueblos de las Provincias Unidas, la mitad fuera redactada en aymará (500 copias) y quichua (1000 copias) para que la proclama independentista fuera comprendida por la totalidad de los pobladores del suelo patrio. Era una justa consideración a nuestros pueblos originarios.

"También se tradujo la Declaración al guaraní, pero no se mandaron las impresiones porque Buenos Aires estaba en conflicto con la zona del litoral y desde esa región no enviaron congresales" (Carlos Sarasola; escritor y antropólogo).

Haciendo historia sostendremos que no fue la única documentación trascendente que se tradujo a las leguas de los pueblos originarios. La Asamblea del Año XIII aprobó la abolición de la esclavitud, la mita y el yanaconazgo, y esta resolución fue traducida al quechua en 1813. Decisión histórica que se anticipó 150 años a la reivindicación de derechos civiles contra la discriminación y segregación racial en EEUU (1964) tras la lucha de Luther King. Pero también el General San Martín hizo traducir la Declaración de la Independencia del Perú al quechua en beneficio de la población nativa.

Estos son antecedentes que hoy actualmente se ponen como referencia mundial. Como verdadero y cabal sentido de inclusión a los pueblos originarios. Y no pueden ser desconocidos. Millones de descendientes de aquellos pueblos originarios pudieron conocer sus derechos en su lengua y por sus propios medios, porque hubo estadistas como Belgrano, que realmente conocían la patria.

Además, Belgrano también exigió que las actas se redactarán a dos columnas (en castellano y en lengua indígena), publicándose por primera vez en dos periódicos porteños: "La Gaceta de Buenos Aires", el 17 de agosto de 1816, y en "El Redactor del Congreso", seis días después.

Ninguno de esos directos beneficiados indígenas que se enteraron de sus merecidas reivindicaciones en su propia lengua, llegaron a nuestro suelo en barco. En tiempos de Belgrano eran millones. Habían nacido en la montaña, en el desierto, en la pampa, en la selva argentina, hacía cientos de años atrás. Tenían siglos de historia en nuestra tierra. Esto es imposible desconocerlo.

Afortunadamente, el gran Manuel Belgrano nos sigue ayudando a refutar barbaridades.

Esta nota habla de: