Gustitos de casta, subtes y el operativo clamor: el desfile está en marcha

Los libertarios no paran de dar muestras de ostentación, Bullrich que acelera y Macri avisa que va en serio. Qué se cocina para 2027.

Gustitos de casta, subtes y el operativo clamor: el desfile está en marcha

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

 La ciudad amaneció decorada con guirlandas. Pequeñas borlas de colores colgaban de las paradas de colectivos, de los balcones de las casas una fina lluvia de glitter le daba un halo de varita mágica a las calles y el papel picado era esparcido por los escapes de los colectivos. 

Aún faltaba para el gran corso nacional, pero los pequeños ensayos ya cobraban vida. Los monster trucks ya asomaban sus siluetas listas para devorarse la ciudad.

El primero en aparecer en el horizonte fue el horno pizzero, donado por el diputado libertario Manuel Quintar, que según su declaración jurada también tiene un Mercedes, una KTM 1000, una Husqvarna, una Amarok y una Toyota.

Como buen horno pizzero, tiene grasa. Además es tan fácil de estacionar como un elefante de culata. Y sí, dirán que tiene un montón de comandos que hacen el trabajo solo, pero luce elegante como mojarse el pelo en el boliche. Los datos: el monster truck oficial carga con un 57,2% de imagen negativa y una mayoría cree que va por un camino equivocado, pero aun así sigue siendo la fuerza dominante. Eso pasa porque el escenario está muy fragmentado y nadie logra entusiasmar a nadie. 

La imponente armadura del horno pizzero fue interrumpida por el monster truck que le pisaba los talones: un vagón de subte que cruzó a toda velocidad, despeinando a propios y ajenos. Apenas si se pudo ver el pelito al viento de la maquinista.

Ya había estado en Chile, comparando el sistema de transporte de Santiago con el de Buenos Aires y mostrando números. Habló de kilómetros de extensión, cantidad de estaciones y nivel de inversión, remarcando que Santiago logró desarrollar una red mucho más grande y moderna. Su zona de confort siempre  fue la seguridad, el orden y los narcos, pero ahora quería probarse el trajecito de jefa de Gobierno y elegía el subte como trono insignia para conquistar la Ciudad, ese bastión histórico del PRO. Entonces aparece una situación curiosa: una jugadora que cambió de camiseta vuelve a pararse cerca de un terreno donde todavía conserva historia propia. 

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Por la ancha avenida viene el tercer monster truck: un dinosaurio amarillo con lentes de sol, dientes con carillas y una camiseta de Boca. Está bronceado y rompió la soltería con una novia hegemónica y joven, listo para el upgrade de la trilogía dios, patria y familia blanca. El operativo clamor para devolver a la escena al "restaurador" está en marcha: actos y distancia de quién parecía su socio natural.

Pero como buen dinosaurio, viene de atrás, pesado y lento. Ya ganarle al meteorito de la extinción es todo un mérito. Por eso los del monster truck del horno pizzero no le temen, porque saben que no le da y solo está tratando de levantar el perfil para ver si rapiña alguna alianza. También saben que, como viejo migajero, aprovecha el tenso presente de escándalos para tratar de arrimarse al fuego. Y para engordar la llama, aportó unos papelitos a la fogata, unas copias de "el próximo paso", una suerte de paper del hombre nuevo que se viene. Pero los que están cerca saben que a sus acérrimos - Frigerio, Nacho Torres, Ritondo - no les gustó la movida porque ni les consultó entonces ahí anda el dinosaurio amarillo, por ahora solo existiendo.

Y abajo de toda esa pelea hay una discusión más grande: quien manda en la ancha avenida de la centroderecha que quedó vibrando varios minutos después del ensayo del gran desfile. El glitter seguía cayendo despacito y las guirnaldas habían empezado a enredarse en los cables de luz. El horno pizzero se perdió hacia un costado,  el vagón de subte siguió acelerando a tontas y a locas y el dinosaurio amarillo apenas avanzó unos metros más y se sentó.

Y justo ahí apareció la sensación rara de los corsos: nadie sabe muy bien quién va ganando mientras pasan las carrozas. La única certeza es que los monstruos que empiezan a desfilar antes del gran espectáculo, es porque quieren probar quién logra que todos miren para el mismo lado.