La población global sigue en vilo las tramas desopilantes del Mundial de los experimentados. El caso real de una curiosa gesta suizo argentina y las arcas que no paran de crecer.
La travesía suiza y el caudal que dejan los caballos veteranos al correr
En abril de 1925, el maestro y aventurero suizo Aimé Félix Tschiffely partió desde la Sociedad Rural de Palermo con el objetivo de recorrer a caballo el continente americano desde Buenos Aires hasta Estados Unidos. Eligió como compañeros de viaje a dos caballos criollos de alrededor de quince años que, por su edad, eran considerados demasiado veteranos para semejante el desafío. La expedición buscaba demostrar la extraordinaria resistencia del caballo criollo argentino y desmentir la idea de que solo los animales jóvenes podían afrontar una travesía de esas características. Durante más de tres años atravesaron la cordillera de Los Andes, desiertos, selvas tropicales y pasos de montaña a más de 5.000 metros de altura, recorriendo unos 21.500 kilómetros.
A medida que dejaban atrás cada frontera, la aventura se transformó en una prueba constante de supervivencia. En Los Andes debieron abrirse paso entre senderos cubiertos de nieve y soportar el mal de altura.
La travesía del suizo fue ganando adeptos. El boca en boca atrajo curiosos de todos lados. Los Angelici, Mautone, De Achával, De Benedictis y Tabanelli empezaron a repartirse la torta de los que apostaban en qué momento las patas de los matungos cedían. En la calle de los pueblos, el 17% de los carteles publicitarios quedaron en manos de cuatro grandes casas; mientras en la Casa de Leyes, la iniciativa para prohibir su difusión quedó trabada.
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El asombro es como la conjuntivitis. Basta posar la vista para que se contagie y mientras galopaban y galopaban por ríos de hielo que se iban partiendo a su paso, lluvias de flechas tribales, maldiciones, gualichos, amarres y conspiraciones, la aficción se globalizaba: 1,85 millones de dólares en camisetas oficiales que equivale a una facturación bruta estimada de US$165 millones a US$185 millones ;más de US$50.000 millones en pronósticos deportivos; ventas anuales de figuritas por US$1.400 millones y tela para cortar banderas y camisetas suficiente para embanderar la ruta de Ushuaia a La Quiaca.
Los caballos veteranos del suizo Tschiffely ya levantaban una nube de polvo americano, un Fear Of Missing Out que alcanzaba para erguir 34 torres Burj Khalifa, financiar la producción económica anual de Uganda, un año sabático de Bolivia y Paraguay.
Cuando los caballos veteranos llegaron a la última curva del viaje, la huella de los cascos dibujaban una larga trama en la tierra que unía lo más austral del continente con el punto geográfico más alto del stablishment occidental. O casi. Un suizo los había acercado un poco más.



