La grúa, el Papa sodero y la Hilux del último acto

Un respiro a la agenda oficial será la visita del Papa León XIV a la Argentina. Ya se confirmó la automotriz que se encargará del papamóvil y tras la noticia, curiosidades olvidadas de las dos ocasiones anteriores en que el enviado de dios se paseó por estas calles.

La grúa, el Papa sodero y la Hilux del último acto

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

Algo más emocionante que ser un Papa es ser un Papa que visita este país. No es casual que Francisco, el único Sumo Pontífice argentino, no haya querido visitar su tierra como Padre Santo. Como buen jesuita disciplinado y prudente, debe haber dicho "yo los conozco a ustedes" y prefirió pelear contra el maligno en otras latitudes y no confiar en el transporte público supraterrenal de estos lares. Su frase "hagan lío" acá se toma muy literal.

Ahora, el sucesor de Francisco, León XIV, avisó que viene. Les dio un poco más de tiempo que Juan Pablo II, que al menos la primera vez cayò apurado y con lo puesto como quièn sale a la calle después de un terremoto.

Y si dios está en todos lados, acá le damos la full experience episcopal. Primer acto: 1982, fragor de Malvinas, Karol  Wojtyla dijo "yendo". El polaco aterriza en este páramo austral dispuesto a a emulsionar las Galtieri vibes que se respiraban en las calles. El tema era ¿en qué lo llevamos? No se diga más dijo el comisionado que llamó ahí nomás al Automóvil Club Argentino de Núñez y pidió una grúa de auxilio mecánico para la experiencia celestial. Dicen que a Juan Pablo II, al que le habían dado cuatro tiros un año antes en la plaza San Pedro, lo llevaron a comer pizza a Guerrin para aminorar la espera, ya que la grúa estaba rescatando a un Renault Gordini al que se le recalentó el motor en la costanera.

Una grúa del ACA fue el papamóvil que trasladó a Juan Pablo II en plena guerra de Malvinas.

Los empleados del ACA tuvieron apenas cuatro días para convertir la grúa en papamóvil: reforzaron la caja, colocaron una plancha de hierro y encima una gruesa placa de quebracho, instalaron vidrios blindados y armaron atrás un habitáculo con un sillón blanco giratorio. La transformación fue casi artesanal. Mecánicos, soldadores y técnicos trabajaron prácticamente sin parar hasta que aquella camioneta de auxilio terminó con escudos del Vaticano, banderas y espacio para custodios y religiosos. Donde antes iban herramientas, cables y aparejos para remolcar vehículos, ahora viajaba el mismísimo enviado de dios.

Ver: ¿Tres días feriados por la visita del Papa en noviembre?

Y uno dirá, bueno la visita del 82´fue improvisada por el apuro de la guerra, entonces la siguiente ya se planeará el menú, el outfit y demás menesteres. Pues se sorprenderá el auditorio con el Segundo Acto: el sodero.

Es 1987 y las Galtieri Vibes han sido reemplazadas por el  alborozo alfonsinista. Juan Pablo II dice, ok, gira por la Patria Grande , regreso a Argentina con menos nervios y más prédica. Y acá es cuando entra nuevamente la full experiencie , tango, chamuyo y popurrí: uno que le llamó al otro que no atendió y le dejó el mensaje, que no entendió que pim, pum, pan, la SEVEL de Franco Macri recibió tarde el encargue del papamóvil para (otra vez) Juan Pablo Segundo.

Un camión de sodero, el papamóvil de 1987 en la segunda visita de Juan Pablo II.

 El problema apareció enseguida: la Chevrolet C-10 que fabricaban no aguantaba el peso que tendría el vehículo terminado, con blindaje, estructura y pasajeros. Necesitaban una base mucho más robusta, concretamente una Chevrolet C-30 con doble rueda trasera.

SEVEL ya no tenía una disponible, así que sus técnicos salieron a buscar una usada. Y ahí apareció la perlita: encontraron en Córdoba a un sodero que trabajaba con una Chevrolet C-30. La camioneta reunía exactamente lo que necesitaban. Según quienes participaron del proyecto, le ofrecieron alrededor de un 30% más de su valor de mercado y el hombre aceptó venderla. El nombre de ese sodero, sigue siendo un misterio.

La C-30 entró a la planta y fue prácticamente desarmada. Se aprovechó sobre todo su chasis reforzado, el tren trasero y parte de la mecánica. Encima se construyó el papamóvil, con blindaje, cristales especiales y una carrocería adaptada para que exteriormente se pareciera a la Chevrolet C-10 que SEVEL quería promocionar. 

El resultado fue tan pesado que hubo que trasladarlo entre las distintas ciudades de la gira dentro de un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea. Así, una camioneta que hasta poco antes repartía soda por Córdoba terminó volando en un avión militar y llevando al Papa por Argentina.

Y llega el tercer acto. Es 2026, hay Papa nuevo, avisó que viene y el papamóvil será japonés. O casi. Toyota confirmó que pondrá dos Hilux fabricadas en Zárate, así que tendremos ingeniería nipona, chapa argentina y logística vaticana, una combinación que tranquilamente podría terminar patrocinando un TC. Esta vez, con suerte, nadie tendrá que llamar al ACA ni salir a rastrear soderos. ¿Algo aprendimos en 44 años?

Lo interesante es que Robert Prevost ya era hombre de Toyota antes de ser Papa. Cuando andaba de misionero por Perú manejaba una  Mahindra 4x4 por su cuenta y, según quienes lo conocieron, sabía meter mano en cuestiones de mecánica de apuro, un pontífice que sabe dónde está el embrague. Si el papamóvil hace un ruidito camino a Luján, a León XIV no se le van a caer los anillos por levantar el capot y darle la extremaunción a una correa de distribución malograda.

Hay otro dato que tampoco es casual. Toyota fue la automotriz que más vendió en el país durante 2025, con más de 97 mil patentamientos. Y la Hilux, por supuesto, fue el vehículo más vendido de todos, con más de 30 mil unidades. Es decir: después de la grúa de auxilio, el sodero anónimo y el Hércules de la Fuerza Aérea, el próximo Papa va a pasear por Argentina en la misma camioneta que tiene medio país para ir al campo, llevar la bici, cruzar un badén o estacionar ocupando dos lugares en el medio de la ciudad. El papamóvil, otra vez, con fuerte sello argentino.