La apertura sin escalas de Milei: los pasos que prometió y se salteó

Milei prometió que primero bajaría impuestos, luego reformaría el mercado laboral y recién después abriría la economía. En San Rafael, incluso explicó frente a industriales por qué era clave respetar ese orden.

La apertura sin escalas de Milei: los pasos que prometió y se salteó

Por:Santiago Montiveros
Director periodístico

En medio de la creciente tensión entre el Gobierno de Javier Milei y la Unión Industrial Argentina (UIA), los propios discursos del Presidente dejan al descubierto una contradicción que hoy adquiere otra dimensión: Milei había prometido que la apertura de la economía llegaría después de reducir los costos que enfrentaban las empresas argentinas. Incluso estableció un orden concreto para hacerlo. Y uno de los lugares donde lo explicó con mayor claridad fue Mendoza.

El 9 de octubre de 2025, frente a empresarios reunidos en el tradicional Almuerzo de las Fuerzas Vivas de la Cámara de Comercio de San Rafael, Milei dedicó parte de su discurso a explicar cómo debía avanzar su programa económico y dijo una palabra clave: "Secuencialidad".

El orden que describió era sencillo: primero bajar impuestos, luego avanzar con una reforma laboral y, recién entonces, profundizar la apertura comercial.

"Si nosotros arrancamos bajando impuestos, eso libera recursos en el sector privado y permite hacer una reforma laboral", sostuvo Milei. Luego explicó que ese proceso permitiría posteriormente "abrir la economía" y profundizar la inserción argentina en el comercio internacional.

El argumento presidencial tenía una lógica: antes de enfrentar a las empresas argentinas con una mayor competencia externa había que reducir lo que el propio Gobierno denomina "costo argentino". Entonces, menos impuestos y nuevas reglas laborales permitirían, según aquella explicación, mejorar las condiciones de las empresas, generar empleo, aumentar salarios y recién después avanzar hacia una economía más abierta.

El problema es que la secuencia terminó siendo otra.

Incluso, cuando Milei pronunció aquellas palabras en San Rafael, el proceso de apertura comercial ya estaba muy avanzado. Durante 2025, las importaciones argentinas terminaron alcanzando los USD 75.791 millones, un crecimiento del 24,7% respecto de 2024.

Y el salto fue especialmente fuerte en algunos sectores sensibles para la industria nacional. Según el informe de Índices de precios y cantidades del comercio exterior del Indec, durante 2025, las cantidades importadas de bienes de consumo aumentaron 53,3%, las de bienes de capital subieron 45,1% y las de vehículos automotores de pasajeros se dispararon 110%.

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En otras palabras, cuando Milei les explicaba a los empresarios mendocinos que primero había que bajar impuestos, después reformar el mercado laboral y finalmente abrir la economía, una parte importante de esa apertura ya estaba ocurriendo. 

Y lo dicho en San Rafael no fue una frase aislada. Apenas veinte días antes, el 19 de septiembre de 2025, Milei había utilizado prácticamente la misma explicación durante un discurso en la Bolsa de Comercio de Córdoba, donde fue todavía más explícito.

"Es muy importante la secuencia", advirtió antes de establecer el orden: "Bajar impuestos, desregular el mercado laboral y después abrir". Incluso explicó qué podía pasar si ese orden se alteraba. Según Milei, abrir primero la economía para recién después desregular el mercado laboral y reducir impuestos podía resultar "profundamente doloroso para la población". Por eso defendía la secuencia contraria: preparar primero a la economía argentina y profundizar después la competencia externa.

La promesa venía desde mucho antes

El 2 de septiembre de 2024, Milei sí participó del acto por el Día de la Industria organizado por la UIA, a diferencia de lo sucedido esta semana. En aquella ocasión, cuestionó los subsidios, las barreras comerciales y los aranceles que durante décadas habían protegido a distintas actividades. Pero también les hizo una promesa a los industriales, parafraseando a Lionel Messi: "No los vamos a dejar tirados".

"De nuestra parte, tienen el compromiso de que vamos a hacer lo máximo posible para que la transición del modelo de la decadencia, al modelo de la libertad, no deje ni empresas ni laburantes afuera. No los vamos a dejar tirados. Vamos a abrir la economía cuando estén dadas las condiciones estructurales, para que las empresas competitivas sean lo más competitivas posible. Como digo siempre: nuestro programa económico tiene etapas, que están asignadas por el cumplimiento de objetivos, y no vamos a apurar los tiempos de ninguna decisión si no están dadas primero las condiciones para que esa medida tenga éxito", dijo Milei en su discurso.

Dos años después, la secuencia muestra resultados diferentes. La apertura comercial comenzó desde el inicio de la gestión, se profundizó durante 2024 y 2025 y terminó traduciéndose en un salto en las cantidades importadas durante 2025. La reforma laboral, en cambio, llegó después.

La Ley de Modernización Laboral fue sancionada por el Congreso recién el 27 de febrero de 2026.  Para entonces, la eliminación de controles para importar llevaba más de dos años, los aranceles de más de mil productos ya habían sido reducidos y las importaciones habían registrado uno de sus mayores incrementos de los últimos años.

La reforma tributaria, "el" paso que Milei salteó

La otra gran condición que Milei había colocado antes de la apertura, la reforma tributaria, nunca se concretó. Semanas atrás, el Gobierno decidió postergar el envío de una reforma integral al Congreso. Una de las principales razones es fiscal: no alcanza simplemente con tener superávit, sino que el Gobierno considera necesario contar con un margen suficiente para resignar recaudación de manera permanente sin poner en riesgo el equilibrio de las cuentas públicas. 

Al respecto, hasta julio, el superávit financiero acumulado era de apenas 0,1% del PBI, por lo que una reducción estructural de impuestos de alta recaudación podría consumir rápidamente ese colchón.

A eso se suma otro problema: una reforma tributaria de fondo inevitablemente abre una negociación con las provincias si modifica impuestos cuya recaudación se coparticipa. Eso no significa que toda reforma impositiva requiera cambiar la coparticipación, pero una modificación del régimen de reparto es particularmente compleja. 

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La Constitución establece que debe realizarse mediante una ley-convenio basada en acuerdos entre la Nación y las provincias, iniciarse en el Senado, obtener mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de ambas cámaras y ser aprobada por las provincias. No se trata, por lo tanto, de una ley que el Gobierno pueda modificar unilateralmente ni simplemente con una mayoría legislativa circunstancial.

Y así, de los tres pasos que Milei había enumerado frente a los empresarios -bajar impuestos, reformar el mercado laboral y después abrir- la apertura comenzó antes, la reforma laboral llegó más tarde y la reforma tributaria integral continúa pendiente.

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