Salten para ganarle al que no salta: 5 por qué de un partido que no es sólo fútbol

Scaloni intentó separar el cruce con Inglaterra de la política y de Malvinas. Sin embargo, los cánticos del plantel, la vigencia jurídica del conflicto, los testimonios de los campeones de 1986, el historial mundialista y la estructura económica del fútbol desmienten que se trate de un encuentro equivalente a cualquier otro.

Salten para ganarle al que no salta: 5 por qué de un partido que no es sólo fútbol

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

 Lionel Scaloni dijo que Argentina-Inglaterra era solo un partido de fútbol. Carlos Bilardo había usado la misma estrategia antes de los cuartos de final de 1986. Buscaba aislar a los jugadores de una presión que no podían resolver dentro de la cancha. Nadie sostiene que un triunfo deportivo pueda reparar una guerra. El argumento es otro: este partido activa hechos políticos, instituciones, recuerdos y conflictos que no aparecen cuando Argentina enfrenta a cualquier selección, por estos cinco motivos:

1. El propio fútbol argentino incorporó a Malvinas

Después de eliminar a Suiza y conocer que Inglaterra sería el rival, los jugadores saltaron frente a la tribuna con el canto "el que no salta es un inglés". Luego, en el vestuario, volvieron a cantar una letra que promete ganar "por Malvinas, por el Diego". Rodrigo De Paul reconoció ante la prensa que el cruce recuperaba recuerdos por lo hecho por Maradona y por el contexto histórico.

Declaraciones de Maradona a la revista Somos en 1986.

En Qatar 2022, el seleccionado había adoptado "Muchachos", cuya letra recuerda a "los pibes de Malvinas". La referencia acompañó toda la campaña, fue cantada por los futbolistas y quedó asociada al título. Cuatro años después cambió la canción, pero no desapareció Malvinas. El tema volvió a aparecer dentro del vestuario y esta vez ante la posibilidad concreta de enfrentar a Inglaterra.

Hay además un antecedente institucional. En 2012, al cumplirse treinta años de la guerra, la AFA dispuso que los equipos salieran a la cancha con una bandera sobre la soberanía argentina en las islas. Dos años después, ordenó repetir el ingreso con la bandera en dos fechas de Primera División y agregar un minuto de silencio por los veteranos y caídos. 

Ver: FIFA prohibió banderas sobre Malvinas para la semifinal ante Inglaterra

2. La disputa no comenzó con la guerra ni terminó en 1982

La controversia diplomática ya estaba reconocida diecisiete años antes del conflicto armado. En diciembre de 1965, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, registró la existencia de una disputa entre Argentina y el Reino Unido e instó a ambos gobiernos a negociar una salida pacífica.

La guerra de 1982 no resolvió esa disputa. La reforma constitucional argentina incorporó el reclamo en su primera disposición transitoria y definió la recuperación del ejercicio de la soberanía como un objetivo permanente del país. 

El Congreso reforzó esa continuidad en 2022. La Ley 27.671 estableció una capacitación obligatoria y periódica sobre Malvinas para todos los niveles de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación. La norma exige incluir fundamentos históricos, geográficos, jurídicos, ambientales y políticos. 

Argentinos e ingleses, a las piñas durante el Mundial de México.

El dato más reciente es todavía más directo. El 25 de junio de 2026, menos de tres semanas antes del partido, el Comité Especial de Descolonización de la ONU adoptó otra resolución y volvió a pedir que Argentina y el Reino Unido reanuden las negociaciones sobre soberanía. 

3. La relación con Malvinas nació dentro del equipo de 1986

Argentina e Inglaterra jugaron el 22 de junio de 1986. Habían pasado cuatro años y ocho días desde el final de una guerra que dejó 649 militares argentinos, 255 británicos y tres habitantes de las islas muertos.

Ricardo Giusti contó que el plantel entendía la victoria como una dedicación para quienes habían combatido en las islas. Julio Olarticoechea rechazó que se llamara héroes a los futbolistas porque consideraba que ese término correspondía a los soldados. Ambos testimonios fueron recogidos por Andrés Burgo en el libro "El Partido".

Bilardo y Maradona intentaron bajar esa tensión antes del encuentro. Maradona admitió después que el triunfo había tenido un significado distinto al de cualquier otra victoria.

Ver: La prensa inglesa estalló por el árbitro de la semifinal con Argentina

El historial refuerza esa construcción. La semifinal de 2026 será el sexto partido mundialista entre ambos países y el cuarto de eliminación directa. La serie incluye la expulsión de Antonio Rattín en 1966, los dos goles de Maradona en 1986, la roja a David Beckham y los penales de 1998, y el desquite inglés de 2002.

4. Europa procesó sus guerras de otra manera

Hay una diferencia cultural en la forma de administrar el pasado. No se trata de que los europeos hayan olvidado sus guerras. Las incorporaron a un proceso de reconstrucción política.

Los bombardeos alemanes sobre ciudades británicas provocaron más de 43.500 muertes civiles durante el Blitz. Sin embargo, en 1955, apenas diez años después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania Occidental ingresó en la OTAN y se convirtió en aliada militar del Reino Unido y de Francia.

El caso franco-alemán fue todavía más profundo. Alemania había ocupado Francia entre 1940 y 1944. En 1963, Charles de Gaulle y Konrad Adenauer firmaron el Tratado del Elíseo y formalizaron una política de cooperación. Desde entonces, el programa juvenil creado por ambos países organizó unos 400.000 intercambios en los que participaron más de diez millones de jóvenes franceses y alemanes.

Argentina tomó otro camino con Malvinas. Incorporó el reclamo a la Constitución, fijó una fecha inamovible en el calendario y estableció capacitaciones obligatorias para los funcionarios públicos. 

La diferencia de ningún modo afirma que el modelo europeo sea moralmente superior. Sí permite explicar por qué el pasado bélico aparece con más fuerza en la cultura argentina que en los vínculos actuales entre varias potencias europeas que se destruyeron durante siglos.

Mientras unos conflictos fueron reemplazados por estructuras de integración, Malvinas sigue definida por el Estado argentino como una cuestión pendiente. El partido se juega dentro de esa diferencia.

5. El cruce invierte la jerarquía económica del fútbol

Inglaterra domina la economía mundial de clubes. Argentina ocupa uno de los principales lugares como productora y exportadora de jugadores.

En la temporada 2024/2025, los veinte equipos de la Premier League facturaron en conjunto 6.800 millones de libras. Los ingresos por televisión llegaron a 3.400 millones y los comerciales, a 2.400 millones. Es la principal concentración de capital del fútbol global.

Argentina aparece en el otro extremo de la cadena. El Observatorio de Fútbol del CIES contabilizó en 2026 a 1.016 futbolistas formados en el país que jugaban en el extranjero. Fue el tercer mayor exportador del mundo, detrás de Brasil y Francia.

La diferencia económica no se traslada al historial de las selecciones. Argentina ganó tres Copas del Mundo. Inglaterra obtuvo una, en 1966.

Ese contraste alimenta una lectura que excede el marcador. El país que concentra el dinero, los derechos audiovisuales y las principales contrataciones enfrenta a otro que exporta su materia prima y, aun así, consiguió más resultados en la máxima competencia.

Por eso Maradona pudo convertirse en un símbolo fuera de Argentina. Su victoria sobre Inglaterra fue leída como la derrota deportiva de un centro económico y político a manos de un país periférico. Esa interpretación puede discutirse. Los números que la sostienen existen.

Scaloni necesita pensar en una semifinal. Su tarea consiste en elegir el equipo, reducir la presión y evitar que la historia interfiera en el rendimiento.

Pero el partido no le pertenece únicamente al cuerpo técnico. También pertenece a una sociedad que mantiene a Malvinas en la Constitución, en las escuelas, en el calendario y en las canciones que cantan los propios jugadores.

No es otra guerra. Tampoco es un partido más. Salten para ganarle al que no salta.