Asistimos a una fecha electoral que, para agudos observadores internacionales que estuvieron en suelo colombiano durante la primera vuelta, califican de muy similar al que se vivió en Argentina a finales de 2023.
La hora del Tigre ha llegado
En un ambiente completamente polarizado, Colombia elegirá presidente este domingo 21 de junio. Como nunca, la opción será entre continuidad o cambio. El senador Iván Cepeda es el candidato del Petrismo para la continuidad, mientras que el cambio es expresado por el outsider Abelardo de la Espriella.
A pesar de que nos encontramos en tiempos de posmodernidad y liquidez -como clasificaba el fallecido sociólogo Zygmunt Bauman- estas dos opciones presidenciales representan nítidamente las alternativas de izquierda y derecha. Por un lado, Cepeda sintetiza el izquierdismo más o menos grotescamente radical y latinoamericano referenciado en el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, mientras que de la Espriella es una versión renovada y popular de la derecha colombiana que durante más de dos décadas se ha referenciado con el Uribismo.
Asistimos a una fecha electoral que, para agudos observadores internacionales que estuvieron en suelo colombiano durante la primera vuelta, califican de muy similar al que se vivió en Argentina a finales de 2023 cuando fue ungido presidente Javier Milei. Es decir, hablamos de un clima de profundo agotamiento de la sociedad civil contra la clase política y de la presencia de un candidato disruptivo y carismático frente a otro fácilmente asociable con el establishment. Todas las encuestas que circulan, más allá de las diferencias porcentuales, reflejan una ventaja más o menos clara para el candidato del movimiento Defensores de la Patria.
Ambos representan ideologías, agendas, estructuras de poder y financiamiento completamente distintas. Por eso no es un cliché afirmar que Colombia no será la misma luego del balotaje del domingo. No lo será porque si gana el candidato de Petro, está previsto que la situación económica y el desorden social (en términos de seguridad pública) irán in crescendo, ya que los primeros beneficiados serían los grupos narco-criminales que campean en el país cafetero. Está claro que la "Paz Total" que ha embanderado al gobierno del Pacto Histórico ha sido sólo un slogan que ha servido para garantizar la impunidad y mayor operatividad de las organizaciones criminales. Lo mismo dígase en relación al déficit fiscal, o a la incertidumbre que genera en el sector hidrocarburífero la política petrista de no firmar nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, produciendo un clima de zozobra por la autosuficiencia energética y preocupación en el sector empresarial por su impacto en las exportaciones.
Por otra parte, si es electo el "Tigre" de la Espriella, Colombia recuperará su autoestima en los mercados internacionales. Además, se estima un desarrollo de la economía en virtud de su programa económico que pretende poner foco tanto en la búsqueda de estímulos para recuperar las inversiones que ahuyentó el gobierno de Gustavo Petro, como en quitarle el pie sobre la cabeza a los contribuyentes a través de la obesidad de regulaciones estatales que han vulnerado el dinamismo de la economía.
Pero quizás, donde se verán las consecuencias más visibles es en el campo de la seguridad y en la lucha contra el crimen organizado. En otras palabras, no hay que sorprenderse de un recrudecimiento tanto por la violencia política y callejera, como por los actos de terrorismo que se descuentan como una reacción a las medidas que de la Espriella piensa poner en acto una vez llegado al Palacio de Nariño. En otras palabras, la promesa de destruir 330.000 hectáreas de coca, la fumigación aérea, la erradicación manual, la persecución a los capitales de los narcos, la extinción de dominio exprés, o la extradición anunciada tendrán seguramente su vuelto.
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Si hablamos de las diferencias de modelo, encontraremos otra divergencia clara entre ambos candidatos ya que el posicionamiento a favor del liderazgo de los EEUU se descuenta en el caso de que el triunfador sea "el Tigre", mientras que es muy probable que continúen las tensiones con la administración Trump si sobreviene una victoria del candidato del Pacto Histórico.
La actitud tan poco democrática del aún presidente colombiano cuestionando la legitimidad de los resultados de la primera vuelta dificultan establecer un pronóstico pacífico para el día después del balotaje. Pero, así como se esperaba un rápido colapso del gobierno del "León" libertario en Argentina, la historia quizás tenga preparada otra sorpresa, y el "Tigre" colombiano termine encaminando sin sobresaltos a una nación ávida de orden, previsibilidad, y sentido común.



