Lección de vida: el hombre que no necesita carteles ni propaganda política - Mendoza Post
Viernes 17 Abr 2015
porRicardo Montacuto
Director Periodístico

No conozco mucho a la familia Martín, habitantes de Santa Rosa. Nos une la amistad profunda y antigua que mi esposa  Gabriela -periodista también- mantiene con ellos, especialmente con Gabriela Martín y su hermana María Angélica. Tienen cientos de anécdotas e historias santarrosinas.

A Gabriela Martín la conocí porque fue redactora en Los Andes y corresponsal en el Este cuando fui secretario general de redacción en el centenario, unos 16 o 17 años atrás. Se fue a España y viene cada tanto. Recientemente, su madre Isidora (89) murió y eso la trajo de regreso a Mendoza por unos días.

A María Angélica (foto, a la izquierda) la conozco por sus pinturas. Una artista reciente y delicada. De trazos profundos. Es, también, empleada municipal en Santa Rosa, su pueblo. Y productora ferviente de la tierra.

Tal vez movida por la muerte de su madre, o por la viudez reciente de su padre Florindo Martín (89), Angélica “pintó” un texto simple y hermoso. Hablando del Ser Humano, que –como todos sabemos- los hay de toda laya y linaje. Vemos mucho de eso en estos días, a apenas unas horas de las elecciones.

El texto de Angélica que mi mujer descubrió en Facebook me conmocionó, porque muestra como pocos la grieta de la que nadie habla: la de los que trabajan, versus los que roban. La de los que se rompen el lomo de sol o sol, y la de los que gastan sus fortunas fastuosas y mal habidas en la política, en más y más recursos para seguir… robando. Florindo Martín es por sí mismo esa grieta entre esta civilización y la barbarie ladrona.

Le pedí a Angélica el texto que publicó con estas reflexiones en su muro de Facebook y me tomé el atrevimiento de titularlo para ustedes y publicarlo en el Post, porque vale la pena:

“El hombre que no necesita carteles”

Por María Angélica Martín

Aquí mi padre, Florindo Martín:

Un gran laburante que a sus 89 años sigue apostando a la tierra, a la agricultura, y que no baja los brazos ni en los momentos más difíciles. Su vida es la tierra, la que le ha dado toda la energía que tiene y a la que ama incondicionalmente.

Durante su vida le he visto llorar cuando la helada o la piedra echaban por tierra todo un año de trabajo, todo lo que tenía para sobrevivir. Lo he escuchado hablar con cada parra cuando la podaba, cuando veía los primeros racimos y se sentía bendecido por Dios.

Y sigue luchando honradamente por lo que quiere, su tierra, su viñedo, su vida.

No es hombre de oratoria, ni de muchas palabras, pero sus nobles ojos y sus callosas manos lo dicen todo.

Él no sabe de negociados, no sabe de promesas falsas, no sabe de prometer cosas que no puede cumplir. Sólo sabe de trabajo honrado y de producción genuina. Es un ejemplo de hombre, de laburante, de ser humano

A los políticos de turno y a los políticos por venir les pregunto si alguno puede competir con él. No necesita carteles pegados en postes para hacerse conocer, no necesita de propagandas pagadas por todos nosotros para mostrar su trabajo y sus promesas, sólo necesita de unas cuantas herramientas para producir y generar riquezas genuinas y vivir de su justo trabajo.

Él no recibe dietas generosas, ni viáticos para viajar a congresos, sólo recibe lo que le corresponde por su sacrificado trabajo, y una humilde jubilación que apenas le alcanza para sus remedios, pero sin lugar a dudas es un hombre con una grandeza inigualable, con la grandeza que le da el trabajo honrado.

Gracias papá por ser como sos. Te amo, te respeto, te admiro...