Lola: el crimen de los mil culpables - Mendoza Post
Domingo 12 Abr 2015Domingo, 12/04/15 atrás
porMauro Szeta
Periodista-Policiales

El crimen de Lola Chomnalez sigue sin resolverse. Desde que apareció muerta en Barra de Valizas, Uruguay la Policía no paró de detener sospechosos.

 Para cada uno de los acusados, se construyeron imputaciones.

De arranque detuvieron a un hombre arañado, solo por eso, porque estaba arañado. El hombre alegó que se había peleado con su pareja. Pudo probarlo. Y lo dejaron libre.

 Lo increíble es que luego se supo que, según pruebas forenses, la víctima no había alcanzado a defenderse.

 Después, fueron por Hernán , el marido de la madrina de Lola, y lo dejaron preso un día. También se dijo que había incurrido en contradicciones, que mentía, etc, etc, etc. Nada pudieron probarle. Y lo dejaron en libertad.

 Tuzinkevich, uno de los detenidos.

En este caso, se sumó que apenas se conoció la detención de Tuzinkevich, el padre de Lola dio una de las pocas notas periodísticas del caso, y sumó críticas y sospechas sobre el hombre al que le había dejado su hija en guarda para que pasara las vacaciones.

 "Con todo lo que me exhibieron, dudo de él." 

 "Con todo lo que me exhibieron (supuestas pruebas), dudo de él", dijo el padre de Lola, palabra más, palabra menos, en una declaración que sonó como una bomba.

Las detenciones siguieron. Después cayó preso "el Conejo" Richard. Por su parecido con el identikit, lo metieron "en cana".

"El Conejo", también detenido, y liberado. 

 A eso se sumó la nota periodística que había dado el día del crimen donde tiraba teorías del asesinato. Rápidamente lo soltaron. Tampoco pudieron probar su relación con el crimen.

Las detenciones siguieron. Pescadores, obreros, changarines. La lista se sumó a diario.

 De repente un informe forense destacó que el asesino podía ser un menor o una mujer. Entonces, fueron otra vez por la hipótesis familiar. La investigación se enfocó al hijo de Tuzinkevich, y a un amigo de él.

En el medio apareció la mochila de Lola, de forma mágica, en un lugar increíble, a 20 metros del sitio donde habían encontrado el cadáver 15 días antes. Otra incoherencia de la causa.

Cuando el expediente parecía dormido otra vez, apareció en escena "el Cachila". Su mujer lo denunció por violento. "Me dijo que iba a terminar como la chica de Valizas", dijo en una llamada a la línea telefónica de Violencia de Género.

 Entonces fueron por El Cachila, que vivía en Rivera, muy lejos de Valizas.

 Lo metieron preso. Primero dijo que no había estado en Valizas para la fecha del crimen -28 de diciembre de 2014-. Luego una cámara de seguridad lo ubicó en la región.

Cachila se ubicó en la escena, pero admitió el asesinato. 

Entonces, El Cachila hizo un relato que parecía cerrar el caso. Admitió que había conocido a Lola la noche previa al crimen, dijo que al día siguiente se la cruzó en la playa, que caminaron juntos hasta el monte, que él la quiso besar y ella no se dejó, que Lola se desmayó, que él se fue del lugar, pero antes le robó el dinero que la chica llevaba en la mochila.

 En todo su relato, Cachila, de labor cuidacoches, aclaró que él no fue el asesino, pero no aclaró porque no había hablado antes.

 Cuando parecía que se trataba de un sospechoso claro, el ADN le dio negativo y el primer peritaje psiquiátrico arrojó resultados no claros. Entonces, por los plazos legales, lo soltaron y lo dejaron bajo investigación. Con la ausencia de pruebas contundentes contra el cuidacoches, ahora en Uruguay se vuelve a hablar de la pista familiar.

De Cachila se dice que miente, que miente en parte, que es cómplice, que es todo. Lo cierto es que el caso sigue navegando en la incertidumbre y así como vamos, todo el pueblo de Barra de Valizas va a pasar por la cárcel.

 Así al voleo se investiga, así la verdad parece lejana.