La mamá del chico golpeado en San Carlos publicó una triste carta - Mendoza Post
Por: Mendoza PostViernes 8 Dic 2017

El sábado pasado un hecho lamentable ocurrió en San Carlos cuando seis sujetos atacaron brutalmente a un chico porque creyeron que era chileno.

Favio, víctima del episodio, debió ser internado en el Hospital Central con traumatismo facial y fractura mandibular bilateral.

En el transcurso de la semana los médicos se dedicaron a realizarle diferentes intervenciones para tratar de corregirle la posición de algunos huesos de la nariz debido a las fracturas que le quedaron tras el ataque.

Nada ha sido fácil para él ni para su familia quien acompañó al joven desde el primer momento con mucha preocupación.

Ver también: Terrible paliza a un joven en San Carlos porque creían que era chileno

El jueves por la noche, su madre preocupada, llena de dolor e impotencia compartió una conmovedora carta sobre el momento que han tenido que pasar.

La carta completa

Fabio es un estudiante de primer año de licenciatura en matemáticas. Es un deportista… y tanto puedes verlo activo en una clase de zumba como jugando en una liga de fútbol en Chile o en un partidito entre amigos. Es también un joven con una agenda social muy concurrida. Popular, sociable, bromista y amable, es el típico chico que siempre está invitado a fiestas.

En Chile le dicen “Che”, en Argentina lo llaman “Chileno”. Mi hijo nació en Mendoza pero fuimos a vivir a Chile cuando él tenía apenas 2 años y medio. La mayor parte de las veces, tanto “che” como “chileno” son apodos simpáticos y de buena onda que tiene relación con su acento que no es de aquí ni es de allá. Su forma de ser y su forma de hablar son un sincretismo cultural entre ambos países.

En la madrugada del sábado 2 de diciembre “chileno” no fue un sobrenombre bromista. Ese día, “chileno” fue un insulto, cuando una patota de 6 rapaces sancarlinos acorraló a mi hijo, lo golpearon cobardemente por la espalda y, cuando estaba indefenso, le patearon el rostro hasta que llegó ayuda y los pusieron en fuga.

Patricia Pérez, la mamá de Fabio.

Me llena de rabia y de impotencia el hecho de tener que agradecer que no perdió el ojo, de tener que agradecer que no tiene daño cerebral, de tener que agradecer que no lo mataron. No quiero agradecer. No tendría que agradecer. No fue un accidente, no fue un azar del destino. Fueron las manos y los pies de un grupo de jóvenes lleno de maldad. No fue un momento de ofuscación ocasionado por una discusión. No fueron conocidos que se enojaron y se fueron a las manos. No puedo achacar esa agresión a una furia ciega. No fue ciega. Fue completamente consciente y xenofóbica. No tiene ni un solo moretón en el resto del cuerpo. Ni un solo rasguño. Todos los golpes fueron dados intencionadamente donde más daño podrían ocasionar: en la cabeza.

Hoy le pusieron fijaciones al maxilar. Le ajustaron las fracturas de la mandíbula. Le enderezaron, tanto como posible, los dientes que fueron posibles salvar. Está a la espera de su turno para operar. Va a tener que llevar una placa para mantener unidos los pedazos de la mandíbula. Va a tener que realizar algunos implantes dentales por piezas perdidas. Va a tener que resignarse a perder su participación en los play-offs y la final del campeonato de fútbol en su último año de liga juvenil. Va a tener que gestionar con su Universidad alguna alternativa para los exámenes que va a perder en su proceso de recuperación y rezar para no perder el semestre. Va a tener que convivir con las secuelas físicas y psicológicas de esta agresión por el resto de su vida. Y va a tener que responder a interrogantes imposibles de predecir sobre su futuro: ¿Va a rever su actitud confiada y desenfadada que siempre lo ha caracterizado? ¿Va a temer salir de noche solo? ¿Va a tener miedo de que lo agredan físicamente en cada discusión que tenga en el futuro? Y seguramente otros tantos imponderables que todavía no alcanzamos a ver en el horizonte.

Así quedó el joven.

Hoy lo que quiero es justicia. Es ver que se mueven las instituciones que nos deben proteger. Lo que quiero es que los jóvenes puedan caminar por las calles sin temer a un grupo de conocidos pandilleros. Es que caminen sin mirar sobre el hombro.

Hoy lo que pido es que cada testigo declare. Que hable. Que cuente lo que vio. Que golpee la puerta de la fiscalía hasta que se desborde de testimonios y no les quede otra cosa por hacer que actuar. Que se demuestre que los actos sí tienen consecuencias. Que la impunidad no existe. Que la razón y la ley son para todos.

Por último, quiero decir que no hemos perdido la fe en la humanidad. Sí estamos llenos de rabia y de impotencia por este acto de pura maldad. Pero tras la crueldad de esta agresión nos han llegado múltiples manifestaciones de bondad, de generosidad, de calidez y compasión por parte de familiares, amigos, conocidos e incluso de desconocidos.

El joven fue internado en el nosocomio de Capital.