Las insólitas penurias del Hospital Universitario de Mendoza - Mendoza Post
Jueves 9 Nov 2017
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

El Hospital Universitario supo ser toda una promesa. Montado sobre la motivadora idea de avanzar en un centro de gran complejidad que ayudara a resolver la saturación del sistema sanitario de la Ciudad de Mendoza. Sin embargo, al paso de los años, solo reina la desidia y el abandono.

Ubicado en la estratégica Sexta Sección de la ciudad de Mendoza, el ostentoso edificio fue adquirido en 2003 por la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), entidad que prometió convertirlo en un centro de salud-escuela.

“En el año 2003, durante la gestión de la Dra. María Victoria Gómez de Erice la UNCuyo adquiere el ex Hospital Ferroviario, para transformarlo en Hospital Universitario a fin de ampliar la estructura asistencial disponible para las prácticas profesionales, como así también un ámbito para brindar a la comunidad los conocimientos emanados de las distintas disciplinas en un modelo de extensión y estrecha vinculación con el medio local y regional”, proclama la página web de la propia dependencia.

El hospital se muestra imponente

Allí mismo, se recuerda que el 20 de diciembre de 2010 se inauguró la primera etapa del emprendimiento: consultorios externos, laboratorio, un destacado servicio de Diagnóstico por Imágenes equipado con la más alta tecnología, Sector Académico y el Auditorio de primer nivel en el primer piso con capacidad para 180 personas.

Siete años más tarde, nada se dio como se esperaba y lo único que funciona hoy son la planta baja y el subsuelo del hospital, mientras que los tres pisos restantes están inactivos.

Ello a pesar de las promesas de los diferentes rectores de la UNCuyo, quienes aseguraron, uno tras otro, que el financiamiento estaba “cubierto”. Primero fue el peronista Arturo Somoza; luego llegó el turno del radical Daniel Pizzi. Ambos se deshicieron en promesas, pero finalmente no avanzaron un ápice. De hecho, hicieron todo lo contrario a lo esperado.

Los testimonios a los que accedió el Post dan cuenta de ello. Todos mencionan los mismos tópicos, con enorme pesar en sus voces: el desmantelamiento, la partida de los médicos más prestigiosos, la evaporación de los concursos a la hora de ingresar al hospital, y la falta de atención a los que más lo necesitan.

Ni Pizzi ni Somoza cumplieron sus promesas

“Hay mucha gente que se ha ido durante casi 4 años de gestión, y nunca se renovaron los cargos, o sea, nos quedamos sin endocrinólogo hace 4 años y todavía, al día de hoy, estamos sin nadie que cubra esa especialidad”, sostuvo a este diario una de las fuentes consultadas, que reporta en el Universitario.

No se trata del único caso: ocurre exactamente lo mismo con el neumonólogo, quien también partió hace 4 lejanos años.

Los únicos ingresos que se registraron en los últimos tiempos fueron los de un grupo de médicos que debieron firmar engañosos contratos de locación de servicio para poder acceder a los cargos que ostentan. Ergo, se acabaron los lógicos concursos.

“Es una situación irregular, se trata de un hospital de la universidad y no debería tener ese tipo de contratos. Posiblemente si te vas al Hospital Español vas a encontrar que todo el mundo está bajo esa modalidad, pero en un hospital de universidad no”, dijo a ese respecto otra de las fuentes consultadas por este diario.

Mucha infraestructura; pocos médicos

-¿No es relevante de todas maneras que haya médicos que atiendan a los pacientes?

-El tema es que hay pocos médicos y a algunos ni siquiera los encontrás. Hay 17 consultorios, pero andá al hospital el día que quieras y vas a ver que está vacío, tenemos menos especialidades que el día que abrimos. Muchos se han ido porque se resisten a trabajar así.

-¿Qué ocurre con esos médicos que se van? ¿Los reemplazan?

-En su mayoría, no. Hay muchos que tenían cargos y no fueron reemplazados. Solo permanecen cuatro directores, uno de los cuales es amigo de Pizzi, de la iglesia de él, igual que otros que hizo entrar al hospital.

-¿Qué iglesia?

-La Iglesia de Los Libres.

Efectivamente, el Post pudo confirmar que Pizzi pertenece a ese credo, la Iglesia de los Libres, que profesa la fe evangelista y está ubicada en la calle Perú 1472 de Las Heras.

Allí se invita a “una experiencia real con Jesús, para gente real… nos acerca al Padre otorgándonos libertad para ser sus amigos, para conocer sus planes, para amar generosamente, para perdonar profundamente...”.

Solo funcionan el subsuelo y la planta baja

Quien profesa la misma religión es Roberto Luis Huberto Winter, a la sazón director General y presidente de la Junta Directiva del Hospital Universitario. Fue puesto por Pizzi en ese cargo “a dedo” y es altamente resistido por muchos de los que allí trabajan.

“Hace poco, el vicerrector de la UNCuyo tuvo una pelea grande con Pizzi, porque quiso avanzar contra Winter, al igual que otros profesionales. Sin embargo, Pizzi dijo «Winter no se toca», obviamente porque es de la iglesia”, insistió el informante.

-Está clara la resistencia contra Winter, ¿qué ocurre con los otros directivos del hospital?

-Todos iguales. Hacé un llamado a las ocho de la mañana que es la hora donde entramos todos. Llamá a la Dirección y fijate quiénes de los 4 directores está, si encontrás a uno es de suerte. Y a las 2 de la tarde hacés lo mismo, de los cuatro, que son cuatro los directores, no encontrás a uno pero ni dibujado.

Con semejante estado de situación, en el Hospital Universitario solo reina la incertidumbre. Más allá de las irregularidades laborales, ¿hay interés en terminarlo realmente? ¿Hay dinero para hacerlo? ¿Dónde se encuentra?

El rector Pizzi jura que sí, que el dinero está y reitera una y otra vez el mismo latiguillo: “Lo vamos a terminar”. Sin embargo, nada ocurre en los hechos. Quienes lo escuchan recuerdan que su antecesor, Somoza, prometía lo mismo.

Pizzi insiste en que el hospital se terminará, pero...

“Todo está mal manejado desde la universidad, desde la dirección… mal manejado de todos lados. El que da indicaciones no es el vicerrector, ni el decano de Medicina, ni nadie; es el rector, y solo se las da a su amigo, el de la iglesia, Winter”, avanzó uno de los informantes.

-¿Quién financia hoy el hospital?

-No se, porque la universidad, que debiera ser la que pone dinero, no lo hace. Ni siquiera trabajan con el DAMSU (Departamento de Asistencia Médico Social Universitario), que es lo esperable, porque es la obra social de la UNCuyo.

-¿A quién atiende el Universitario hoy?

-Hoy trabaja como si fuera el Centro Médico Palmares, te atienden si tenés OSEP, OSDE, Swiss Medical, Medifé u otras obras sociales. Ahora, si vos vas y decís «mirá no tengo CUIT» te van a contestar «no te podemos atender».

“Chau, no vengas”

En un principio, el hospital contaba con una figura denominada “paciente de docencia”, destinada a aquellos que no tenían posibilidades. Ello hoy no existe. Tampoco la posibilidad de dar curso a personas con patologías complejas.

“Antes teníamos mucha capacidad de atender patologías complejas, era un paciente que no tenía que pagar, pero eso hoy por hoy no existe. Vos llamás, te preguntan qué obra social tenés, contestás que no tenés obra social, y te van a decir «te sale tanto la consulta». Si no lo pagás te dicen «chau, no vengas».

En ese contexto, muchos de los médicos de la vieja camada —los que quedan— se quejan de que recién ahora los están efectivizando en los cargos que ocupan, luego de trabajar “en negro” durante más de 7 años.

El hospital depende de la UNCuyo

A su vez, como se dijo, todo está parado, no hay avances concretos ni fecha certera de culminación de la obra. “Se nos dijo que faltaban cien millones de pesos para terminarlo, y la verdad que, siendo honesto, no le creo mucho a Pizzi, porque está terminando la gestión el año que viene, en octubre son las elecciones… no creo que vaya a poder a terminar el hospital a esta altura”, puntualizó una tercera fuente al Post.

Su pesimismo es calcado al de los otros informantes. De hecho, describe las mismas situaciones y penurias, con un agregado: la ausencia de relación entre el hospital y la Facultad de Medicina.

“Nosotros recibimos alumnos, pero recibimos alumnos como medio de lástima, la actividad académica que al principio era buena, ahora está muerta”, advirtió el galeno.

Nada más que agregar, está todo dicho. Esta vez no cabe la célebre frase, aquella que jura que “la esperanza es lo último que se pierde”.